El hermano mayor es un desastre

La frase de Massa al referirse a Uruguay como un hermano menor deja en evidencia que la mediocridad del kirchnerismo no se limita solamente a la gestión económica.

Por Javier Boher

@cacoboher

Córdoba es una provincia que en muchos sentidos va a contramano de sus vecinas, por un dejo rebelde del que los oriundos de -o asimilados a- esta provincia nos sentimos orgullosos. Siempre hay un poco de bronca con el resto, una especie de autopercepción de superioridad que nos aleja del resto.

Un viejo amigo de la familia, diplomático uruguayo, decía que le gustaba Córdoba porque era una provincia artiguista, por José Gervasio Artigas. Reivindicado por el revisionismo kirchnerista que se dedicó a encumbrar a todos los caudillos de la primera mitad del siglo XIX, Artigas es la cara del federalismo que no fue.

Córdoba algunas veces se siente como un Uruguay que no consiguió la independencia por estar rodeada de centralismo, a diferencia del vecino país que responde a la famosa fórmula de “un algodón entre dos cristales”. El orgullo nacionalista cordobés es grande, casi tanto como el uruguayo, pero sin la soberanía que tienen ellos.

Para los porteños (vale recordar que las distinciones geográficas que hagan los oriundos de la zona respecto a porteños y bonaerenses son irrelevantes para nosotros) ninguna provincia está a la altura de la suya. Es más, ni siquiera otros países están a la altura de la misma.

Eso fue lo que dejó entrever la forma en la que Sergio Massa se refirió a uno de los cuatro miembros del Mercosur, el díscolo que se quiere sacar de encima el lastre de los países grandes y proteccionistas. “Yo creo que Uruguay es uno de los hermanos menores del Mercosur, y Brasil y la Argentina tienen la responsabilidad de cuidarlo, como a todo hermano menor”.

Es increíble que nunca puedan sacarse de la cabeza la idea de ser una especie de pueblo elegido e iluminado, cuando ni siquiera consiguen gestionar bien a uno de los “hermanos mayores” del subcontinente, un país que retrocedió alrededor de 20 lugares entre las economías más grandes del mundo en un cuarto de siglo. Un desastre.

Los uruguayos no demoraron en contestar. Señalaron el desastre económico del país, los sueldos medidos en dólares más bajos de la región, las denuncias por corrupción y todas las otras cosas por las que destaca una gestión tan mala como la actual.

El que no le dedicó tiempo fue el presidente del país vecino, Luis Lacalle Pou, que no se ofendió ante los dichos de Massa. Se refirió al tema solamente cuando le preguntaron al respecto en conferencia de prensa. “Parece Disneylandia”, dijo. No quiso entrar en polémicas porque Argentina ya ni siquiera vale para eso. Hace dos décadas el expresidente Batlle tuvo que pedir disculpas llorando después de decir que los argentinos son todos ladrones y hoy Lacalle puede darse el lujo de dejar pasar la frase desafortunada de Massa, demostrando que siendo el presidente del hermano menor pudo tener de hijo al superministro del hermano mayor.

Después de la crisis de 2001 Uruguay se dio cuenta de que debía abandonar su integración profunda con Argentina, que le significaba casi una dependencia. Se abrió al mundo y ganó. Aumentó su flujo comercial con nuestro país, pero pasó a representar menos por cómo creció su economía en estos años. Mientras Argentina languidece, Uruguay florece.

Uruguay tiene más o menos el mismo tamaño y población que Córdoba. Según la dirección de estadística de Córdoba, el Producto Bruto Geográfico per cápita (equivalente provincial a lo que es el PBI per cápita a nivel países) de la provincia es de 8.820 dólares. El PBI per cápita uruguayo es del doble, 17.300 dólares.

Argentina exportó 632.000 toneladas de carne en 2022. Uruguay exportó casi 230.000, más de un tercio de lo que exporta Argentina, pero con menos del 10% de su población. Las exportaciones agroindustriales uruguayas estuvieron alrededor de 10.000 millones de dólares y las argentinas, poco más de 51.000 millones. Eso significa más o menos el doble si se cuenta por habitante.

El papelón de Massa es claro, pero también nos expone al lastre que significa ser gobernados por personas que creen que ensamblar ventiladores SIAM en un galpón del conurbano para no importar aires acondicionados de China es mejor que desarrollar la economía a través de la apertura, el intercambio y la competencia.

Los uruguayos tienen un hermano mayor que fue más mimado por los padres, que insiste en pedir prestado y no devolver, que cada vez que se equivoca le dice a todos que el error es colectivo y que hay que ponerle el pecho todos juntos, que se pone una remera del Che Guevara y cree que el sistema es explotador, que tiene un problema de adicción a la deuda y se enoja cuando los amigos o la familia se lo señalan.

Los uruguayos hace rato perdieron la fe en que ese hermano mayor pueda servir para algo y rehacen su vida al margen de lo que les diga ese hermano que amenaza y patalea, pero que al final del recorrido es demasiado vago como para hacer algo en serio al respecto. Lo primero que debería hacer es rescatarse y tratar de salir del pozo, pero no. En su propia vanidad es incapaz de darse cuenta.

Córdoba sigue atada a un gobierno central que en su cabeza sólo piensa en Buenos Aires y sus alrededores. Pierde riquezas en manos de un hermano mayor que administra el negocio familiar que heredaron, gastando lo que generan todos por ser el que está sentado frente a la caja.

En pleno siglo XXI no vale la pena ponerse a pensar en qué habría sido de esta provincia si hubiese sostenido un poco más su “artiguismo”. Es contrafáctico, así que no hay que darse mucha rosca. Eso si, a todos nos debe dar un poco de curiosidad saber cómo se hubiesen dado las cosas si no nos hubiésemos resignado a quedarnos compartiendo la casa con el hermano grande que solo sabe hacer macanas.