Sin lugar para los fanáticos

Con el caso Lucio sobran los dispuestos a señalar responsables, pero pocos señalan la verdadera causa. Los fanáticos de cualquier color sólo existen para empeorar la vida.

Por Javier Boher

@cacoboher

Buen día, estimado! Menos mal que de a poquito empieza a aparecer el agua, porque la sequía se está poniendo más brava que las madres cuando los hijos entran a la casa sin limpiarse el barro de las zapatillas. Ya sé que el kirchnerista promedio te habla de la industria como la antítesis del campo, pero los dos sabemos que sin los dólares que crecen en el suelo no hay biyuya para que jueguen a ensamblar celulares en Tierra del Fuego.

Es todo muy loco, estimado, porque incluso ese tipo de causas se viven con un fanatismo irracional (sí, ya sé que es una redundancia, pero nunca hay que dejar de hacer énfasis en eso) que debería estar completamente desterrado de nuestra realidad. Esa mentalidad nos tiene así, más complicados que el joven manos de tijera para tener un poco de autosatisfacción.

Es un rasgo de época, estimado. Todos viven con un convencimiento absoluto de que tienen razón; ellos -y sólo ellos- son los dueños de la verdad. Piénselo por un minuto y póngale la causa que quiera.

Los veganos no quieren ni que tengamos un hámster en una jaula, aunque sean unos bichos que se reproducen más rápido que Maru Botana pero sin hacer nada vlioso. Comer un bife es casi lo mismo que cortarle una mano a un nene en la plaza.

Los antihomosexuales – de la línea “con mis hijos no te metas” propia del matrimonio gay sublimado de Agustín Laje y Nicky Márquez- desean que en las escuelas no se permita que los adolescentes vivan con libertad su sexualidad, bajo el pretexto de que la libertad es muy sagrada como para dejársela a unos chiquitos que quieren ser lo suficientemente libres como para no andar fijándose si su pareja hace pis sentada o parada.

Los creyentes a ultranza están convencidos que el que no cree en lo mismo que ellos está condenado a una vida eterna de sufrimiento, pero por las dudas tratan de hacérsela pasar mal en la tierra, porque se ve que en el fondo no están tan seguros de que su dios esté tan ofendido como para dedicarle el tiempo a una mujer que cometió el acto terrorista de sacarse el velo.

Así andamos por todos lados, viendo de qué manera los fanatismos nos van conquistando los espacios habituales. Usted lo habrá vivido, estimado: ya sabe que con algunas personas no puede hablar de fútbol, porque se ofenden (¡imagine la de cargadas que habré recibido por ser hincha de Belgrano!), con otras no se puede hablar de política (porque tiene de ídolo a un político… ¡a un político!), con otras no se puede hablar de respeto animal (porque se ponen del lado de que hay que dejar que los toros nos sodomicen o porque no importa nada de lo que pase con los bichos en el corral) y así sucesivamente con cualquier tema que se le ocurra.

Es como la publicidad del mate, esa en la que van listando las cosas que no se pueden hablar en las reuniones. La gracia de tener amigos es decirles las cosas en la cara, aunque les moleste. Es más, mejor así, para que aprendan a tolerar. La única forma de cortar con los fanatismos es no tratarlos como personas normales, sino como los tristes seres unidimensionales que son.

Todo esto, estimado, apunta a algo que parece que la gente se está pasando por alto cuando hablamos de tantos temas de agenda. Los problemas están en las personas, en los fanáticos de cualquier causa, en los que no reparan en límites más allá de sus creencias. Pienso en esto específicamente a partir del caso del pobre Lucio Dupuy y los monstruos a los que les dieron el cuidado del nene.

No sé usted qué piensa, estimado, pero para mi hay demasiado énfasis puesto en la elección sexual de la madre y la pareja. Es como si lo que pasó fuese la consecuencia lógica de que era una pareja de mujeres. A María Elena Walsh también le gustaba el tijereteo, y sin embargo con sus obras fue una de las más preocupadas por los chicos.

Otros dicen que esto es culpa el feminismo, pero les encanta recordar esa historia de cuando Evita empoderada bajó del tren para darle un triciclo al abuelo. Algunos radicales se horrorizan diciendo que todas las que quieren derechos para las mujeres son feminazis, pero después sacan la carta de Florentina Gómez Miranda para que no les digan que son un partido de hombres de +60.

El problema, estimado, está en los fanatismos, en los que sostienen que no puede existir nada que los contradiga. En los que se sirven de llevar las ideas a fondo, hasta el punto de cobijar a psicópatas que dicen defender los mismos valores.

Ya lo hemos hablado a raíz de la violencia en el rugby, estimado. El discurso de que los rugbiers son todos peleadores termina teniendo como consecuencia que haya tipos violentos y peleadores que busquen cobijarse en ese ambiente de camaradería para dar rienda suelta a la violencia. Pasa lo mismo en cualquier comunidad humana que defienda acríticamente a cualquier paracaidista que dice compartir una visión del mundo.

Ya lo decía Malatesta cuando diferenciaba a los anarquistas de los comunistas y demás socialistas autoritarios: no se puede trabajar con los que dicen ir al mismo lugar pero usan medios repugnantes, sino que hay que hacerlo con los que usan los mismos medios, aunque digan ir a un lugar distinto. Con los psicópatas, ni a tomar un café.

Uno siempre puede estar equivocado, por supuesto, pero me parece que el problema acá fueron todas otras cosas que no funcionaron alrededor del pobre nene, donde los burócratas de turno se olvidan del derecho y el bienestar de las personas con tal de defender la feria y no contradecir al que después los acomoda en el concurso. Lo dejaron en manos de unas locas y se olvidaron del nene y del resto de la familia.

Estas cosas duelen, qué quiere que le diga. Que algunos desequilibrados se escuden en causas nobles (y que desde esas causas se hagan los zonzos cuando alguien “del palo” cruza límites imperdonables) habla del poder que tienen los fanatismos y las reuniones de personas que renuncian al juicio ético.

Se hizo largo. No se enoje, que acá no aceptamos ni siquiera a los fanáticos del reloj y los cronogramas. No lo olvide: una democracia solo puede ser plena si desaparecen las masas irracionales.

Tenga buena semana.