Un cumbiero con acento holandés

Antes de que el seleccionado argentino deba medirse con su par de Países Bajos el viernes por los cuartos de final del Mundial de Qatar, el nombre de Dick El Demasiado, mentor de las “cumbias lunáticas”, sirve como prenda de amistad para tender puentes entre dos culturas divergentes.

J.C. Maraddón

Un cuarto de siglo atrás, en el rock nacional se impuso una tendencia que en un principio fue menospreciada pero que luego terminó siendo aceptada y hasta valorada por el público del género. La música rocanrolera empezó a mixturarse con la cumbia, que en los noventa se hizo fuerte en el panorama rioplatense y que pronto iba a tomar un rumbo clasista al abrirse la vertiente “villera”, antecedente directo de muchos fenómenos vigentes al día de hoy. Entre los rockeros que dieron ese paso cabe mencionar a Las Manos de Filippi, que con “El himno del cucumelo” pudo asomarse desde el underground.

Otro estilo que se negaba a entreverarse con el ritmo que reinaba en la bailanta era el cuarteto cordobés, que por esos años había sabido ya adaptar su sonido tradicional a corrientes tropicales como el merengue, pero que se resistía a hacer las paces con la cumbia, a la que consideraba como una enemiga acérrima en el territorio del baile. Iba a ser Rodrigo Bueno, cuando se instalara en la ciudad de Buenos Aires, el que conseguiría romper con ese tabú, al versionar “El himno del cucumelo” en su disco “Lo mejor del amor”, de 1996, el primero que grabó para el sello Magenta.

También en esa época cobró auge la música electrónica, donde empezaron a tomar protagonismo los deejays, que hacían lo imposible desde su cabina para que la gente se mantuviera bailando toda la noche. Si bien la cumbia parecía pertenecer a un ambiente ajeno al selecto mundo de las raves, pronto hubo quienes se atrevieron a introducir éxitos cumbieros sobre una base house, en el inicio de un crossover que se iba a ir consolidando con el correr del tiempo y que daría lugar a la aparición de festivales y sellos específicos para ese tipo de veta sonora.

Entre los encuentros más destacados que se verificaron al despuntar los dos mil, es imprescindible citar al Festicumex, que se había organizado por primera vez en Honduras a mediados de los noventa y que fue extendiendo su radio de acción hasta que en 2003 arribó a la Argentina con sus exóticos experimentos que se mostraban acordes al clima social que se vivía en el país en ese entonces. El 11 de abril de 2004, el Festicumex hizo pie en Córdoba y el escenario de Casa Babylon se llenó de personajes desopilantes unidos por la misma inquietud artística y una propuesta divergente.

Entre los nombres que tomaron parte de esa velada histórica, se incluyó el del holandés Dick Verdult, cuyo seudónimo artístico es Dick El Demasiado, mentor del festival y portador de una osadía envidiable, en la que se mixturan sus raíces europeas con influencias tomadas de los lugares donde vivió cuando era chico: Guatemala, Argentina, Francia y África del Sur. Vestido con un disfraz de esqueleto e interpretando lo que él llama “cumbias lunáticas”, se transformó en una figura de culto, especialista en encabezar performances que transcurren entre el humor bizarro y la expresión más divertida de la cultura alternativa.

Antes de que el seleccionado argentino deba medirse con su par de Paises Bajos el viernes por los cuartos de final del Mundial de Qatar, el nombre de Dick El Demasiado sirve como prenda de amistad para tender puentes entre dos sociedades que, de tan distintas, no ofrecen a simple vista puntos en común sobresalientes. El amor de Verdult por la cumbia y su pasión por las manifestaciones culturales latinas, se erigen como uno de los nexos entre la música holandesa y la nuestra, a partir de la saludable locura de un artista que se atreve a unir el agua y el aceite.