También nos supo caber el sayo

Al desarrollar la historia de los mundiales hasta desembocar en el de Qatar, la serie documental de Netflix “FIFA Uncovered” (Los entresijos de la FIFA) se explaya sobre lo sucedido en Argentina en 1978, como antecedente de la falta de pruritos en el negocio del fútbol.

J.C. Maraddón

Si el régimen qatarí pretendía que el Mundial 2022 fuese una vidriera que le permitiera mejorar su imagen ante la opinión pública internacional, hasta el momento no sólo no ha completado ese objetivo, sino que más bien ha quedado expuesta la situación en la que se vive allí, a partir de las numerosas denuncias por violaciones a los derechos humanos. Tanto los jugadores como el público, han intentado hacer visibles esas situaciones, mediante actos de protesta que, amplificados por los medios de comunicación y las redes sociales, no han dejado muy bien parado a ese pequeño emirato en el este de la península arábiga.

Para quienes padecen fragilidad de memoria y condenan este Qatar 2022 como lo que es, un torneo viciado de anomalías organizativas por donde se lo mire, conviene recordar aquel Argentina 1978 realizado en nuestro país, al que se rememora por la victoria deportiva pero no tanto por lo ominoso del contexto en el que se desarrolló. También aquí se había establecido un poder autoritario que, además de cercenar las libertades civiles, estaba perpetrando un genocidio, cuyos responsables serían juzgados y condenados cuando el sistema democrático volviese a imperar y la justicia dejara de ser un apéndice de la dictadura.

Tampoco en esa ocasión el mundo podía comprender cómo la FIFA había consentido que esa magna competencia tuviese como escenario un territorio donde pululaban los campos de exterminio y los opositores eran perseguidos hasta darles muerte. El brasileño Joao Havelange, como mandamás de la entidad rectora del fútbol global, no tuvo ningún empacho en compartir el palco con los tres miembros de la junta de las Fuerzas Armadas, de la misma manera que ahora Gianni Infantino departe con el emir de Qatar y sostiene sin fisuras su respaldo a esta sede, haciendo oídos sordos a quienes lo critican por eso.

La selección que defendía los colores del entonces llamado Holanda, conocía muy bien lo que pasaba en Argentina porque allá se habían escuchado de primera mano los relatos de los exiliados sudamericanos que arribaban a Ámsterdam como recurso extremo para salvar su vida. Por eso, en un acto que engrandece su valor a la luz de los años transcurridos, se negaron a participar de la ceremonia de premiación como subcampeones, después de haber sido derrotados en la final por los cracks albicelestes, quienes con su victoria desataron el festejo de la gente, al tiempo que los dictadores procuraban mimetizarse con ese logro.

Al desarrollar la historia de los mundiales hasta desembocar en el de Qatar, la serie documental de Netflix “FIFA Uncovered” (Los entresijos de la FIFA) se explaya sobre lo sucedido por aquí en 1978 como un antecedente notorio de la manera en que el negocio del fútbol carece de pruritos a la hora de decidir dónde se escenificará la copa que se disputa desde 1930. En el primero de sus cuatro episodios, esta producción audiovisual se remonta 44 años hacia atrás y equipara lo sucedido en Argentina no sólo con lo que está ocurriendo hoy en la nación qatarí, sino también con las Olimpiadas de 1936 en Berlín.

Si bien en muchos aspectos esta investigación periodística se superpone con la de “Los hombres que vendieron la Copa del Mundo”, de HBO, que comentamos hace unos días en esta columna, la expresa mención que hace del mundial argentino nos interpela de modo directo y nos obliga a reflexionar sobre el largo camino recorrido desde aquel entonces. Con aciertos y desaciertos, hemos conquistado una democracia imperfecta a la que aun así vale la pena defender, en tanto la FIFA parece no querer abandonar su funcionamiento de estructura mafiosa.