El dólar soja tiene sus laberintos

El tipo de cambio especial, a la vez que permite sumar reservas, también acelera la emisión que se necesita para comprar caro y vender barato las divisas. Además, provoca inequidades en la propia cadena sojera y entre ésta y otros sectores.

Las dos versiones del dólar soja instrumentadas por el Gobierno sirven para acumular reservas a la vez que tienen un fuerte impacto monetario. En la primera experiencia, en setiembre, el Banco Central terminó emitiendo $1.533 mil millones y esta vez, si ingresan unos US$2000 millones, la emisión rondará los $510.000 millones.

Los cálculos son de los economistas Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutiérrez del Ieral de la Fundación Mediterránea. La emisión de setiembre fue contra la venta de granos de los productores y retirando de circulación $387.000 millones por la derivación de divisas a importadores al dólar oficial, con lo que la emisión neta terminó en $1.145 mil millones (28% de la base monetaria de finales de ese mismo mes). En esa instancia se acumularon US$5.000 millones de reservas.

Con esta nueva versión del dólar soja que se extenderá hasta el 31 de diciembre, si el Central terminara con compras netas por US$1.950 millones, el impacto monetario vendría dado por una emisión neta de $510.000 millones, equivalente a 11,5% de la base monetaria. A su vez, el tipo de cambio implícito entre los dólares acumulados y los pesos emitidos sería de $261,4 por dólar, un 52% superior al dólar mayorista oficial promedio, que rige para el resto de las operaciones de comercio exterior.

El trabajo contempla un segundo escenario en el que, frente a las liquidaciones de granos por US$ 3.000 millones, el saldo neto a favor del Central resulte del 50% de esa cifra. Es decir, habría menos acumulación de reservas y menos emisión monetaria, a cambio de un alivio algo más significativo para la demanda insatisfecha de divisas para los importadores.

Los economistas enfatizan que atender la cuestión de las importaciones es mucho más acuciante en diciembre que en setiembre, para evitar que se generalicen las suspensiones temporales de actividad en las plantas industriales: en lo que va del año, se ha incrementado el uso del crédito comercial externo por importaciones impagas por US$7.860 millones y no es esperable que este pasivo se siga incrementado a ese ritmo-

Desde el punto de vista de la gobernabilidad, señalan, hay un nuevo paso explícito a favor de mantener abierto el crédito del FMI, pero sin poder evitar la continuidad de las presiones inflacionarias que surgen de la emisión monetaria, lo cual impide cerrar la brecha cambiaria, que es “parte del problema” del sector externo. En la experiencia de setiembre, el dólar libre se mantuvo estable en los primeros días de vigencia de la norma, pero después recuperó tendencia alcista en términos nominales.

Para este mes, a la emisión de pesos neta que depare la experiencia del dólar soja II hay que computarle factores recurrentes, como el ascendente pago de intereses de las Leliq, que ya representa el 11,6 % de la Base Monetaria cada treinta días; la cobertura del déficit fiscal con transferencias, que este mes podrían alcanzar a $470.000 millones, junto con las latentes intervenciones en el mercado secundario de deuda en pesos, con vencimientos en el mes en manos de privados estimados en $350.000 millones.

Las versiones del dólar soja terminan generando un incentivo a los productores de ese complejo pero, al mismo tiempo, provoca inequidades y distorsiones, además de configurar un escenario más complejo para la toma de decisiones. Juan Manuel Garzón, también economista del Ieral, señala que incluso resulta “poco equitativo al interior del propio sector agropecuario, entre productores y producciones, y fuera del sector, en relación a otras actividades. En el plano de la eficiencia, se genera una nueva distorsión de precios relativos, y la toma de decisiones respecto a inversiones y asignación de recursos se hace más difícil”.

Hay que tener en cuenta que a soja es unidad de cuenta en muchas transacciones, por lo que el dólar diferencial genera fricciones entre partes (mientras dura), e introduce un nuevo elemento a considerar, la posibilidad de operar bajo un esquema en el que los costos y los ingresos son impactados por diferentes tipos de cambio. Las distorsiones se extienden al interior de la propia cadena, por caso, aguas abajo, en granjas de animales o industrias de transformación no alcanzadas por el beneficio cambiario pero afectadas en sus costos, penalización que se exacerba si además rige sobre algunas de estas producciones algún tipo de control de precios en el mercado interno, describe el economista.

En su análisis también menciona que los cultivos de verano del ciclo 22/23 (maíz, soja) siguen impactados por la sequía. Hasta el momento se proyecta una campaña pobre en cuanto a volúmenes (por demora en la siembra, falta de lluvias a tiempo y la muy probable menor inversión en tecnología e insumos).

A los efectos de ir planificando la macro 2023, en un escenario “moderado” las exportaciones asociadas a la cosecha 22/23 rondarían los US$ 36.400 millones, con una caída de US$ 6.600 millones respecto a las del ciclo previo. En el peor de los casos, la baja alcanzaría los US$10.400 millones, mientras que en el optimista se reduciría a US$ 1.600 millones.