La emoción intrínseca de lo político

Este fin de semana pudimos enriquecernos viendo un estreno audiovisual local (“Las brujas del Cordobazo”) y una obra de teatro (“La piel y la rabia”), ambas narraciones próximas a las vivencias políticas de quienes protagonizaron acciones de resistencia en tiempos de autoritarismo y represión.

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

El derecho a la desobediencia

«Las brujas del Cordobazo», «La piel y la rabia» y «La infancia de Iván» tres momentos de la agenda.

Fue conmovedor compartir el viernes el estreno en Cinerama de Las brujas del Cordobazo, documental de Luciana Dadone y Andrés Dunayevich. Allí estaban sus protagonistas, realizadores y Bibiana Fulchieri, autora del libro que proveyó la base investigativa de la película. También mucho público generacional o emotivamente unido a la temática de esta nueva producción audiovisual local. Una emoción ese acercamiento a los rostros, a las palabras, a los recuerdos y a los hechos de las protagonistas de aquella gesta cordobesa que se hizo oír en todo el mundo, con las fuerzas populares unidas en un frente obrero-estudiantil ejemplar. Y adentro de ese chorro de lava popular, ellas, las mujeres: parte del pueblo, aprendiendo a luchar, asumiendo la importancia de esa desobediencia, empapándose en aquella época en que Córdoba se enfrentó a la represión y volvió a poner en marcha la historia. Mujeres de distintas clases y una misma inserción en la lucha, a quienes el Cordobazo les cambió la vida, que pusieron su fuerza y su juventud para transformar el mundo. Gratitud para con ellas, ya fuera del silencio, de la negación, del ignorante vacío que les dedicaba la historia, para escuchar nuestra historia en las palabras de ellas. Sus nombres: Nené Peña, Soledad García Quiroga, Isabel Guzmán, Susy Carranza, Patricia López, Cristina Salvarezza, Lina Averna, María Lila García. Las brujas del Cordobazo se pasa precisamente esta noche a las 20.20 en Cines Dino, Rodríguez del Busto 4086, en Alto Verde, en el 2° Festival de Cine Cordobés. 

El sábado, invitado por el querido Jorge Villegas, fui a ver su puesta sobre Pasolini estrenada el jueves. Antes debo decir que lamento mucho no haber podido ver las demás obras de este importante ciclo, que ojalá vuelvan a mostrarse más adelante. Pero yendo a La Piel y la Rabia, el trabajo de este elenco dirigido por Villegas, reaparece el signo de una vida marcada por la desobediencia en tanto actitud política. Incluso, más exactamente, escándalo en su caso, una forma “pequeño-burguesa” de la lucha política, calificativo que odiaba el maestro Pier Paolo.
La puesta es atravesada por una selección de textos en los que vive la voz de Pasolini, o se lee su escritura, narrando su vida desde niño, su relación con su madre y con su padre, sus comienzos como poeta y novelista. Y otros que se refieren a él y abordan su muerte, los documentos del juicio, las hipótesis que conducen a un asesinato político. Esos textos son encomendados por Villegas al arte del actor: a cuatro actores que se apropian de ellos para decirlos con sucesivas “vestimentas” cambiadas, en una rica y ágil variación de registros. Mateo Guerrero, David Carranza, Lucas Santacruz y Guillermo Ceballos tienen a su cargo atrapar con sus performances el brillo de las palabras para decirlas al público.
El modo de abordar esos textos hilvanados sigue un dispositivo simple y directo, y funciona muy bien, porque está próxima a los elementos populares del comediante callejero. A veces, se empuña una guitarra, o se recita, a la modalidad de los artistas herederos de esa gracia secular. Ese es el universo que varias veces reconstruyó Pasolini en el cine, sobre todo cuando adaptó a Giovanni Boccaccio del siglo XIV, o a Chaucer, o las Mil y una noches, en los años setenta. Los relatos y lo cuadros abren un abanico emotivo, humorístico, musical, y recorren el universo pasoliniano con un homenaje que es imposible no suscribir. 

Dibujos de Marcelo Hepp
En la Galería de Arte del Colegio de Escribanos de la Provincia de Córdoba, Sala Enrique Mónaco (Obispo Trejo 104) se inaugura hoy a las 12.30 la muestra Dibujo, obras de Marcelo Hepp. Se trata de una colección de dibujos realizados por Hepp a lo largo de años y que pertenecen al acervo familiar. El dibujo, como era previsible, fue la base del paso del artista a la tridimensionalidad y a sus ritmos. De allí la importancia de acceder a estas obras de realización sencilla y de gran imaginación, que a veces son antecedente de su obra de pequeña escala donde asoma la síntesis de la figura humana en chapa, piedra, madera y resina. También atesora la ciudad y otras ciudades destacadas obra monumentalista en diversos espacios. Se podrá visitar de lunes a viernes de 8 a 16.

Los dos Ivanes
En el Cine Club Municipal –a la par de los estrenos en vigencia hasta mañana- se ofrecen dos títulos de su programación dedicada este mes a los Jóvenes tras la cortina de hierro, explorando la filmografía soviética de los años sesenta a los ochenta. El título de apertura, a las 15.30, es El mensajero (Kurier, URSS, 1986), dirigido por el realizador Karén Shajnazárov. Centrado en un adolescente cuyos padres acaban de separarse, el filme aborda la mirada de los jóvenes de la Perestroika y a Glásnost, la caída del viejo nuevo régimen. Iván tiene 17 años y trabaja como mensajero en una revista, mientras se mantiene a flote en el más completo inconformismo respecto a la generación anterior y los ideales vacíos. En 1987 se convirtió en la película más taquillera de Rusia.
En el mismo ciclo se destaca sin duda el título que cierra, a las 23, la actividad de este martes: La infancia de Iván (URSS, 1962) dirigida por Andrei Tarkovski, con Nikolay Burlyaev, Valentin Zubkov. Este Iván es el inolvidable protagonista de una de las películas más tristes y devastadoras que se hayan hecho sobre la guerra. Ivan Bondarev es un huérfano de 12 años, un ser ya adulto tras los ojos endurecidos del niño que arriesga su vida para ayudar al ejército soviético como explorador, cruzando furtivamente la línea enemiga. Esa niñez, esa necesidad absoluta, eso negado por el odio y el horror, estruja el alma de los espectadores y las espectadoras, frente a la dignidad de esa vida no vivida, esa seriedad de niño soldado sin ejército, frente a un enemigo despiadado. La mirada de Iván Bondarev es de las que no se borran fácilmente.