Discriminación, antes y ahora

El filme “My Policeman”, disponible en la oferta de Amazon Prime, se enfoca en la persecución de la homosexualidad en la monarquía constitucional británica, en el contexto de los años cincuenta. Su protagonista es Harry Styles, el cantante que actúa este fin de semana en Argentina.

J.C. Maraddón

El boicot que algunos artistas llevaron adelante contra el Mundial de Qatar y los planteos públicos que se han hecho por las violaciones a los derechos humanos en el territorio que es sede de la magna competencia, merecen ser mencionados como gestos dignos de elogio, en un contexto en el que muchos prefieren no meterse en problemas y alegan que el show debe continuar, pese a todo. Sin embargo, no deja de provocar curiosidad el énfasis que ponen en señalar estos abusos de poder algunos ciudadanos de países donde también se infringen normas humanitarias básicas, y a los que no suele condenarse con idéntico encono.

El estado de situación actual dista mucho de ser el óptimo en las democracias occidentales,y las reivindicaciones que han sido incorporadas con vigor de ley no abarcan todos los rubros que serían necesarios. Muchas de esas normativas son de sanción más bien reciente, y conseguidas luego de años y más años de luchas, periodo durante el cual hubo vidas que fueron segadas por reclamar lo que hoy se da por obvio. Además de señalar las inhumanidades ajenas, también sería bueno tomar en cuenta las que sucedieron hasta no hace mucho de este lado del planeta… y las que siguen ocurriendo.

Lo que en repetidas ocasiones no consiguen las arengas inflamadas ni las campañas masivas, muchas veces es obtenido gracias a la acción de obras artísticas, que exponen los sucesos y conmueven al público, motivándolo a empatizar con aquellos que son víctimas de injusticias. Documentales, películas que se inspiran en historias reales y largometrajes de ficción que apelan a la verosimilitud, pueden ser muy efectivos al momento de concientizar a la gente acerca de situaciones de desigualdad que estaban naturalizadas en el pasado y que, en ciertos casos, subsisten en la actualidad bajo justificativos a todas luces inadmisibles.

Ya hemos recordado en otras oportunidades desde esta columna el ánimo persecutorio que se vivía en los Estados Unidos en los años cincuenta, cuando en el contexto de la Guerra Fría se tildaba de comunista a cualquier persona y se la incluía en listas negras confeccionadas desde el aparato estatal. En esa época, en la república democrática norteamericana  tampoco se le brindaba equidad de oportunidades a la comunidad afroamericana, que recién en los sesenta, a través de movimientos y gestas multitudinarias, empezó a obtener el reconocimiento de derechos que les habían sido negados  a lo largo de centurias.

El filme “My Policeman”, disponible en la oferta de Amazon Prime, se enfoca en otro costado reprochable de una potencia occidental: la persecución de la homosexualidad en la monarquía constitucional británica, también en el contexto de los años cincuenta. Un triángulo amoroso entre dos muchachos y una chica, que en un principio asoma como un inocente ensayo de amistad, es el disparador que elige el cineasta inglés Michael Grandage para descorrer el velo tras el que en el Reino Unido se ocultaba una feroz represión contra quienes tuvieran en público una conducta sexual a la que las autoridades considerasen inapropiada.

El elenco, en el que tienen descollante intervención Emma Corrin (Lady Di en la cuarta temporada de “The Crown”) y David Dawson (Roberts en la primera temporada de “Peaky Blinders”), es encabezado por Harry Styles, el cantante surgido de One Direction que estará actuando en la cancha de River Plate el próximo fin de semana. Su presencia en “My Policeman” es un interesante condimento para que nuevas generaciones se acerquen a esta problemática sobre la discriminación que actualmente se focaliza en Qatar, pero que algo más de sesenta años atrás era ejercida por las fuerzas del orden en el Reino Unido.