Finde largo y se llena la agenda

Otra vez se nos llenó de eventos noticiables que se pelean para entrar en la nota. En este país nunca estamos tranquilos, porque siempre pasa algo que nos roba el tiempo.

Por Javier Boher
@cacoboher

¡Que finde, amigo lector! Como cada vez que llega uno de esos aniversarios o conmemoraciones de algún evento más o menos importante para la historia, pero fundamental para los relatos de los gobiernos, tuvimos la posibilidad de sumarle un dia mas al descanso del cierre del año.

Es muy loco que en apenas dos semanas más vamos a tener otro feriado, pero de cuatro días, justo un mes y chirolas antes de que todo el mundo empiece a salir de vacaciones. Como cada vez que llegan esas fechas, celebran los empleados públicos y los que están en blanco y lloramos los monotributistas que no cobramos el día que no se trabaja. Pero qué se va a hacer, ya sabe usted que este es el paraíso de la Justicia Social y el amor por los trabajadores, así que ojo con quejarse.

Día del militante

Al final termina siendo como cada vez que nos toca esa alteración de la rutina. El jueves mandé mi nota, tranquilo, y pensé “tengo tres días para que se me ocurra algo ingenioso sobre el acto del Día del Militante, así el martes nos reímos mucho”. Ahora ya parece que hubiese sido hace una semana, una antigüedad. A este ritmo de paso del tiempo debe faltar como un mes para que se termine el gobierno de Alféretro.

Igual voy a hacer un comentario sobre el evento, porque es muy interesante como fenómeno político. Antes de Alfonsín la gente medía la posibilidad de ganar según la cantidad de tipos que metían en los actos. En ese mismo ‘83 había un par de radicales que se mordían la boina blanca por la bronca de ver que Luder llevaba más gente que Alfonso el Bueno. Ya se imaginaban perdiendo la elección, hasta que la ganaron.

Los actos no ganan elecciones. No son termómetro de nada, salvo de quién está en condición de oficialismo y tiene guita para mover gente, nada más. Si este acto fuese un termómetro le puedo asegurar que sería como los de antes, los de mercurio: es un veneno que no hay que tragarse, estimado.

No hay nada que no hubiésemos visto antes, nenes bien jugando a ser nacionales y populares. Quien mejor lo ilustró fue nuestro colega de La Voz, Fede Giammaría: “Que tu mamá alquile un estadio de fútbol, para que puedas ir por primera vez a una popular y juegues a que sos un barra… Eso no tiene precio”.

Hebe

Esta otra noticia fue justo como para llenar el bache del domingo. Le digo la verdad, estimado: peor día no le podría haber tocado.

Si era el sábado, salía en los diarios del domingo, que suelen llegar un poco más gorditos porque a la gente todavía le gusta leer el diario a la mañana. Le tocó domingo, pero empezando el mundial. Lunes feriado, volvemos a la rutina de siempre, pero casi sin diarios. Hoy ya no hace falta usarla para llenar páginas, así que quedará apenas en las necrológicas.

Yo no celebro la muerte de nadie, estimado, pero tampoco condeno a los que lo hacen. Cuando la difunta celebró la muerte del juez Bonadio escribí una nota sobre eso: cada uno celebra la muerte que le parece. No será de buen gusto, pero es lo más humano.

Además, ¿cómo que uno no se puede alegrar porque alguien indeseado estiró la pata? “Estoy chocho, se murió Hitler”, “Eh, pará loco, que había un montón de gente que lo quería, un símbolo popular”. Bueno, quizás en ese ejemplo me fui demasiado lejos, pero la idea es la misma: no es un absoluto que no se pueda celebrar la muerte de alguien.

Yo, como siempre, voy por la ancha avenida del medio y separo la obra del artista. Prefiero quedarme con la lucha de las Madres hasta el 2003 y no con la vergüenza kirchnerista que vino después. Su mayor logro no fue encontrar hijos, fue dejar sin el aura buenista a las organizaciones de DDHH. Rompieron el consenso de que la dictadura y esos abusos estuvieron mal, por eso hoy hay que pelearse con energúmenos que cruzan para el otro lado porque estos reivindicaron el poner bombas y matar gente “por una sociedad más justa”.

Yo no voy a celebrar, estimado, pero si se me cae una lágrima es porque pateé la cama descalzo y casi me arranco el dedo chiquito del pie.

Mundial

Finalmente llegó el día de recibir al peor mundial de la historia de los mundiales, incluso peor que aquel del 2002 en el que nos volvimos en primera ronda y los partidos eran todos fuera del horario de trabajo. Lo que faltaba, tener que dedicarle tiempo de uno a ver fútbol, inconcebible.

En estos días vimos a un montón de relativistas diciendo que es otra cultura, que hay que respetar, que la diversidad y no sé cuántas sarasas más. Disculpá si me pongo muy exigente, hermano, pero no me gustaría que me manden preso por chaparme a un tipo en un festejo porque ganamos un partido.

No es que yo lo vaya a hacer, estimado, porque prefiero las mujeres, pero más me gusta la libertad de hacer lo que se me dé la gana, siempre que no perjudique a otros. No entiendo mucho eso de “es otra cultura”, y mirar para otro lado cuando le venden una nena de 10 o 12 años a algún viejo para que sea su esposa. Es otra cultura, si… una cultura de mierda, dicho sea de paso.

Ya nos quedamos sin espacio, estimado, así que tengo que cerrar. Si o si nos toca jugar hasta el 30 de noviembre. Después, si el trabajo y la suerte nos acompañan, un par de partidos hasta la final, que es el 18 de diciembre. Yo solo le voy a decir que es un año seco y va a hacer mucho calor, sin mencionar que la gente no tiene un mango.

Esperemos que el tigrense taimado y su gabinete económico empiecen a acertar, porque si se toman el mes, como dijo la ministra de Trabajo, vamos a terminar como en Qatar, viendo gente colgada de unas grúas en la calle (y no precisamente como gracia).

Tenga buena semana.