El conflicto en Salud repercutió con fuerza en dos territorios clave: Capital y Río Cuarto

Las asambleas se replicaron en el arranque de la semana y se ratificó el paro provincial de mañana. Máxima tensión en el sur con la presencia de autoridades provinciales.

Por Gabriel Silva

El complejo e interminable 2022 para el oficialismo provincial sigue acumulando noticias poco deseadas en El Panal. Y también en el Palacio 6 de Julio que cobija, en su despacho principal, al heredero del peronismo cordobesista que deberá salir a defender la sucesión 2023: el intendente Martín Llaryora.

Porque tras las tensiones que se vivieron en los últimos días por el ‘caso González’ que terminó con el controvertido legislador provincial fuera de la Unicameral hasta ¿fin de año? Ahora las preocupaciones se repiten también por efectos colaterales: en este caso, la crisis en Salud. Que comenzó, tal como lo adelantó Alfil en Río Cuarto, rápidamente se propagó al resto de los hospitales provinciales y que, como también señaló este diario la semana pasada, fue el factor que desencadenó el final del radicalismo en la Provincia y el arribo del PJ de la mano de José Manuel de la Sota, allá por finales de los ‘90.

Por lo tanto, los antecedentes, como así también el fenómeno 2.0 de la viralización en redes de las asambleas que ayer se produjeron en la mayoría de los hospitales provinciales generó una incertidumbre. Sobre todo, en dos territorios clave para el PJ con miras al 2023: Capital y Río Cuarto. Porque si bien en ambos casos, y tanto desde el entorno de Llaryora como en el caso de Juan Manuel Llamosas reconocen que son conflictos de la órbita provincial, hay peronistas que no ocultan su preocupación por las consecuencias.

Ayer, en el riocuartense Hospital San Antonio de Padua se vivieron momentos de tensión tras el cruce de los trabajadores con Iván Aznar y Pablo Amodei, nuevo director del nosocomio y titular de Hospitales del interior del ministerio de Salud, respectivamente. A ambos, los cuestionaron por la falta de recurso humano, por lo que fue la salida de otros especialistas la semana pasada y se ratificó la suspensión de atención en consultorios como así también el paro con movilización que se desarrollará en todos los hospitales públicos provinciales.

Además, insisten con lo que replican también en el Pasteur en Villa María, el Illia en Alta Gracia, el Urrutia en Unquillo y los nosocomios capitalinos: socializar la protesta.

Por ello, la expectativa de cara al paro de mañana y donde las consignas con las que se arriban son el 120% de aumento, un bono de 100 mil pesos para el mes próximo y la derogación de la ley 10694 que se sancionó en pandemia y redujo el ingreso de los pasivos a un 67% móvil. Igual, con el segundo punto hay diferencias, porque ayer en algunos grupos de WhatsApp comenzaron a circular versiones de un pedido de bono navideño de 250 mil pesos. Algo que incluso otros referentes de salud desestiman.

Y ahí radica otro de los problemas para la Provincia y en particular para la cartera sanitaria que encabeza Gabriela Barbás; no identificar a los interlocutores. Porque ya les cancelaron dos reuniones en cuestión de horas: una que se iba a desarrollar ayer a la siesta y los trabajadores la rechazaron porque sostienen que se convocó solo a los médicos; y otra que estaba previsto se desarrollara hoy por la mañana. Y que también cancelaron por no tener una respuesta de las bases ni de la asamblea.

“La lucha es de todos y con todos. Nada de aumentos sectorizados. Que los aumentos vayan al básico para todo el equipo de salud”, coincidieron ayer dos integrantes de los equipos de salud en contacto con este diario. Aunque también es cierto que la Provincia observa con atención algunas fisuras en el frente por internas gremiales; entre ellas, la de los delegados del Padua con la cúpula de UTS por la elección sindical de mayo; la histórica entre UTS y el SEP; y el rol que juega ATE.

Con este panorama, es difícil saber cuánto durará el conflicto y cómo se puede establecer el diálogo con una protesta sin líderes y donde los delegados de los 32 hospitales provinciales piden tener voz en la negociación con la Provincia. Pero, donde además las atenciones repercuten en los dos bastiones del peronismo provincial, con enojos incluso de pacientes del Gran Córdoba que viajan a la capital cordobesa y deben reprogramar sus turnos. Todo, ante la inminencia de un paro que promete alto nivel de acatamiento y que tiene como último antecedente de impacto el reclamo de fines del 2013, casi en simultáneo con el motín policial y en lo que fue una de las grandes crisis que le tocó sortear a De la Sota.

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