El Suoem censa servidores urbanos y deja ver los límites de la paz

Tras el regreso a la cláusula gatillo hasta noviembre del 2023, el gremio ya censa a servidores urbanos, becarios, monotributistas y contratados para presionar por pases a planta y contratos. La tregua promete no cubrir la campaña.

Por Felipe Osman

Con su candidatura puesta a rodar, se avecinan ahora para el intendente los tiempos de campaña, que no serán sencillos.

La oposición está tensionada y la recrudecida interna de Juntos por el Cambio a nivel nacional todavía puede ofrecer muchas sorpresas. Sin embargo, a nivel provincial la fuerza que une a la UCR, el PRO y sus socios menores no se ha quebrado a pesar de haber atravesado varios vendavales. Su unidad, de hecho, ya empieza a verse como una fatalidad por un oficialismo que ha decidido pasar a la acción formalizando la candidatura de Martín Llaryora a la Gobernación.

En la presentación de este lunes, el intendente dejó ver algunas de las líneas que guiarán su campaña. Una de ellas, plantear el contraste entre quienes “hacen” y quienes “sólo hablan”, un dardo evidentemente dirigido hacia el senador Luis Juez, quien hoy se perfila como el mayor competidor para la Provincia, y de cuya gestión municipal los cordobeses no guardan un grato recuerdo.

Con la idea de maximizar el contraste entre su gestión y la de Juez, Llaryora tiene decidido no descuidar la administración municipal, y por eso en el llaryorismo ya se habla de un reparto de roles entre quienes serán los guardianes de la gestión, y quienes estarán abocados al proselitismo y a tejer los acuerdos políticos necesarios durante la campaña.

En la atención del primer frente, un capítulo central será llevar adelante una relación razonable con el sindicato de empleados municipales, que ha dado sobradas muestras de su capacidad de enfurecer a los vecinos con movilizaciones constantes directamente apuntadas en su contra. Para evitarlas, el Ejecutivo ha sellado una paz que se funda en una cláusula gatillo bimestral que mantendrá al Suoem ajeno a la inflación. Sin embargo, hay serias dudas de que ese trato preferencial alcance para apaciguar los ánimos de Rubén Daniele y los suyos.

Por estos días, y desde hace ya algunas semanas, los delegados de cada repartición municipal acercan al sindicato listados en los que dejan constancia de quienes se desempeñan en cada oficina como monotributistas, becarios, contratados o servidores urbanos (también llamados “chalecos celestes”). El relevamiento tiene un único objeto posible: alistarse para empezar a presionar por contratos y pases a planta sobre la recta final de la gestión peronista.

Veamos el contexto. El Suoem acaba de firmar una paritaria con reajustes salariales automáticos que lo ponen a salvo de la inflación hasta noviembre del año próximo, cuando la campaña provincial ya esté resuelta. En otras palabras, ya ha conjurado ese frente y se puede preocupar ahora por otros objetivos. (Una digresión: aunque casi cualquier sindicato del sector privado estaría más que satisfecho si lograra firmar un acuerdo similar, muchos de los municipales no lo ven con buenos ojos, y creen que no es “suficiente”).

Por otro lado, como en cada noviembre, está próximo a salir el decreto que prorroga por doce meses la estadía de los mandos medios interinos. A saber, agentes que ocupan cargos jerárquicos sin haberlos concursado. 

Cuando esa situación se termine de configurar, se podrá decir que el Suoem ya no tendrá casi nada que perder durante el próximo año. Aunque sí mucho por ganar.

La situación del Ejecutivo será muy diferente. Durante 2023, Llaryora afrontará el desafío de cerrar una gestión municipal exitosa, con altos renglones de aprobación, mientras trabaja para coordinar una campaña que tiene por objetivo evitar fugas, sumar nuevos actores y conseguir el aval de los distintos sectores de la sociedad. En otras palabras, el camino a la sucesión peronista es arduo, e inevitablemente estará atravesado por debilidades relativas.

En ese escenario, el Suoem tendrá las manos libres para salir a presionar por la estabilidad para los contratados y contratos para monotributistas, becarios y hasta servidores urbanos, quienes en la teoría son cooperativistas para los que no corren los principios de una relación de dependencia, aunque en la práctica esto no vaya a desalentar los reclamos de un sindicato ávido de nuevos afiliados.

Ese es, en efecto, otro condimento importante. El gremio tendrá esta vez una doble motivación para conseguir pases a planta y nuevos contratos: no sólo satisfacer el pedido de las bases, que esperan el ingreso de hijos, sobrinos y afines a la Municipalidad, sino también la necesidad de hacerse de nuevos afiliados que aporten a sus exhaustas arcas.