Daniele engrosa su coctel extorsivo con escraches y amenazas

El cacique del Suoem prometió escraches a Llaryora y “empezar a sacar la mugre” de la gestión. También ir al choque de vecinos y comerciantes para adelantar una paritaria en la cual la discusión se centra más en el cuándo que en el cuánto. La conciliación obligatoria, una variante para pausar el reclamo y estirar los tiempos.

Por Felipe Osman

Con su impronta intacta, Rubén Daniele se paró ayer en las escalinatas del Palacio 6 de Julio para arengar a una multitud de municipales convocados a Asamblea General.

Desde ahí, el líder del Suoem prometió perseguir al intendente llevando grupos de manifestantes a cada una de sus apariciones públicas, aseguró que el municipio cuenta con los fondos necesarios para empardar la inflación en las paritarias, y avisó que el gremio no va a dar tregua hasta colmar la paciencia de vecinos y comerciantes para interpelar al Ejecutivo. Aplicación pura de la doctrina Daniele.

No son, sin embargo, las únicas amenazas que el cacique de los municipales lanzó contra la gestión. Un día antes, en la asamblea que reunió a las Áreas Operativas en Barrio Observatorio, el brazo más beligerante del sindicato, Daniele prometió “vamos a empezar a sacarles la mugre”. Luego, instruyó a sus interlocutores a “no hacer nada” después de las dos horas de asamblea que a diario se da en cada repartición.

En la lectura interna del sindicato, el oficialismo atraviesa momentos de debilidad. Entienden que, al no haber un candidato fuerte a suceder a Llaryora al frente del municipio, la actual gestión necesitará que “le cubran la espalda”. No tardan en evocar la filtración que generó el estallido del “Ulises Gate”. Aunque se tendieron diferentes hipótesis sobre la manera en la que aquel expediente llegó a conocimiento público, la más aceptada es que fue el Suoem quién disparó aquel dardo envenenado.

La promesa de perseguir al intendente con escraches va en el mismo sentido. Próximo a entrar en el cuarto año de la gestión, y ante un calendario electoral que según todas las especulaciones se adelantará, Llaryora multiplica su presencia tanto en el interior como en medios nacionales e inauguraciones varias por toda la capital. Esa exposición conlleva, a entender del gremio, una debilidad relativa. Y el Suoem dice estar dispuesto a trabajar ese flanco.

No es, sin embargo, del todo claro que así sea. Las movilizaciones y cortes colman, sin lugar a duda, la paciencia de vecinos y comerciantes, que terminan por reclamar una solución al intendente. Una barra de empleados municipales increpando al intendente, por el contrario, podría hasta hacer sinergia con su campaña. Después de todo, la arena política ah demostrado premiar o castigar a algunos referentes en base a los adversarios que cosecha.

Quienes interpretan el conflicto desde el Palacio 6 de Julio hace una lectura diferente. En primer lugar, creen que ya se ganó una batalla importante. A fin de cuentas, las manifestaciones ya llevan semanas, y el municipio liquidó los salarios de septiembre sin correcciones. Tras la asamblea de ayer se viene un fin de semana de cuatro días, y aun está disponible la herramienta de la conciliación obligatoria, clave para destrabar el anterior conflicto salarial con el sindicato. 

Atentos al almanaque, hay funcionarios que aseguran que esos recursos son suficientes para patear la negociación a más allá de mediados de mes, con tiempo suficiente para cerrar un acuerdo antes de la maratón de la ciudad, evento de altísimo perfil para la gestión. 

De ser así, se blindarían ante la posibilidad de que el gremio repita la experiencia del giro ciclístico de la ciudad, cuando un escueto grupo de manifestantes invadió la pista creando un riesgo significativo para los competidores.

La conciliación obligatoria, además, también es en ocasiones funcional a la propia conducción del sindicato. No es fácil guardar a la tropa una vez que se la ha movilizado, y una intervención del ministerio de Trabajo permitiría a Daniele justificar la decisión de abordar una tregua. Más aún si se tiene en cuenta que los reclamos se multiplican conforme se prolongan las manifestaciones, y muchas veces las bases terminan haciendo demandas ante las cuales cualquier acuerdo sellado por la conducción puede lucir como una defección.