Del Caño cree en los aliens

Tras el desalojo de las fuerzas federales en la Patagonia el referente de izquierda se expresó contra una persona sin cargos públicos y no contra quienes las comandan.

Por Javier Boher
@cacoboher

Hace años que hay un personaje de lo más extravagante en la televisión por cable, un conocido para los que nos enganchábamos con cualquier cosa antes de la existencia de los servicios de streaming, youtube y la televisión on demand. Su nombre es casi impronunciable para quien no hable griego: Giorgio Tsoukalos.

Para muchos ese nombre no dice nada, pero para muchos de nosotros es uno de los chantas más entrañables de la tele (hoy de las redes sociales). Su especialidad es la ufología, aquella disciplina en la que nuestro país supo tener un crédito de renombre internacional, Fabio Zerpa. Giorgio es un erudito de los “antiguos astronautas”.

Es reconocido por su extraño peinado y porque todo -absolutamente todo- tiene que ver con aliens, aunque nunca jamás haya ninguna prueba, sino apenas algunas conjeturas. Por eso ha sido inmortalizado en el meme reversionado como imagen para esta nota.

Quien figura en su lugar es Nicolás Del Caño, el joven que jubiló a Jorge Altamira como candidato presidencial del Frente de Izquierda, una izquierda que pretende remozarse en sus rostros pero nunca jamás en sus ideas. Casualmente el lunes viralizaron un video de Myriam Bregman declarándose comunista y asegurando que el capitalismo es el problema, pese a que el comunismo logró que en 70 años los norcoreanos sean 10 centímetros más bajos que sus pares capitalistas del sur.

Por eso, por su incapacidad de poner otras variables en el análisis y siempre buscando conexiones más allá de lo racional, ayer Nico Del Caño salió a criticar la movilización de Gendarmería, Policía Federal y Prefectura Naval para desalojar terrenos usurpados en la Patagonia que según él fue un pedido de… Patricia Bullrich.

Es lógico que el kirchnerismo más duro sienta que Alberto Fernández no es el presidente porque al poder lo tiene Cristina Fernández. Pero despegar a todo el gobierno nacional de lo que están haciendo las fuerzas de seguridad federales, atribuyendo la orden a la ex Ministra de Seguridad y presidenta de un partido de la oposición es delirante, como si dijera que todo esto es obra de los aliens.

La obsesión de la izquierda con los que portan apellidos patricios es increíble, especialmente cuando los de apellidos plebeyos son los que ejercen el poder -u ocupan los cargos desde los que se lo hace-. Atribuirle a una ciudadana sin cargo público tal relevancia sobre las fuerzas de seguridad es una burrada o un deseo, una necesidad imperiosa de someterse a la humillación de la que no pueden salir nunca.

Esas fuerzas dependen hoy de un tercer Fernández, Aníbal, al que se ha cuestionado desde todas las aristas posibles y al que se le podría cargar ahora también un nuevo mote de “represor”, siguiendo la lógica con la que piensan los que pueden cuestionar el rol de Balá en la Dictadura pero que no dicen nada de los que murieron reprimidos en pandemia.

La izquierda está atrapada en su estrechez de miras, siempre pensando que hay una confabulación burguesa en contra del pueblo trabajador en lugar de renovar sus lentes y entender que el Estado es un actor que puede ser capturado por intereses diversos pero que siempre tiene sus propios intereses para seguir existiendo.

Solamente en la cabeza de un marxista de la línea dura del economicismo de principios del siglo XX es capaz de creer que no existen cadenas de mando en el Estado y que toda esa fuerza pública va a someterse al deseo de una ex funcionaria que está tratando de ser candidata por un espacio político en el que la mitad la mira con desconfianza. En el fondo Del Caño desea que sea así, que el Estado esté corrompido por lazos de obediencia al patrón oligarca, porque eso justificaría toda su política mediocre y de poca monta.

Pero no. Como trabajadores asalariados que son las fuerzas de seguridad le hicieron caso a sus superiores y fueron a desalojar, quizás más felices con esa parte del trabajo que con la de hacer retenes en las rutas para que los que les tiran piedras puedan ejercer su sagrado derecho de molestar a los otros.

La pirueta discursiva con la que la izquierda le ha tratado de imputar el episodio a Bullrich y no al trío de los Fernández (que parece el nombre de un grupo de mariachis venido a menos después de glorias pasadas) es una muestra de la voluntad perpetua de sometimiento al peronismo.

La izquierda nunca ha sabido procesar al actor político que le robó la representación de los trabajadores: no puede contradecir la voluntad del pueblo de seguir al Justicialismo, pero tampoco puede robarle un voto. Apenas debe conformarse con los adolescentes y jóvenes de clase media alta que tienen una crisis de estatus y cuestionan (por un tiempo) sus propios privilegios de clase.

El kirchnerismo y el peronismo provincial ganaron en Río Negro y en la franja andino-patagónica. El recrudecimiento de las tomas puede poner en riesgo ese caudal electoral, que es justamente lo que pretende JxC cada vez que manda a los halcones a rapiñar votos en esos lugares. Tal vez por eso la izquierda cree ver que el FdT ejecuta lo que Bullrich ordena, aunque quizás apenas sea que el kirchnerismo está tratando de evitar perder votos para un 2023 que parece va a serle adverso.

Del Caño está obsesionado con Bullrich. Según él fue la instigadora del atentado a Cristina Kirchner, es la responsable de la muerte de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, es la cara visible de la represión, hace subir el dólar, hace que el verdulero te mire con mala cara, hace que pierda River, hace que el kirchnerismo reprima y hace que la izquierda llore.

Del Caño parece Giorgio, salvo que en lugar de ver aliens en todos lados, encuentra a Bullrich en cada rincón de la política.