Ambos capitanes y la tierra que pisaban

Un episodio de la conquista unió -y de inmediato enfrentó- a dos conquistadores en la proximidad del río Paraná: Jerónimo Luis de Cabrera y Juan de Garay, 1573, en plena temporada de fundaciones. Lo relata Ruy Díaz de Guzmán en “La Argentina Manuscrita”.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Jerónimo Luis de Cabrera y Juan de Garay se enfrentaron por los destinos del Tucumán.

Imbuido del fervor por “abrir puertas a la tierra”, Juan de Garay bajó desde Asunción por el río Paraná con el doble objetivo de hallar un camino fluvial hacia el Atlántico, y avanzar también hacia el oeste, en dirección a Chile y al Perú, donde él había desembarcado treinta años atrás. Sin fundar aun Santa Fe, recorrió la zona y tomó contacto con los pueblos originarios con el propósito de someterlos. Era septiembre del año 1573. Aproximadamente a la altura de Coronda, en apariencia bien recibidos por los timbús, Garay se encontró de pronto rebasado por la cantidad de nativos que, armas en mano, los rodeaban. Dispuestos los españoles a vender caras sus vidas, de pronto, como si apareciese el séptimo de caballería de las películas, los originarios recibieron un ataque desde fuera del círculo por un grupo de hombres a caballo, lo que les hizo replegarse y huir de regreso a sus asentamientos. Los hombres que los habían atacado eran gentes venidas desde Córdoba, explorando hacia el este, al mando del fundador Jerónimo Luis de Cabrera. Ambos capitanes se abrazaron.

Si la aparición de los cordobeses (tenían apenas cinco meses de serlo) se puede calificar de providencial, aquel encuentro se enfrió enseguida, porque representaba un incómodo obstáculo para cada uno de los jefes. El sevillano Cabrera representaba a los capitanes venidos desde la otrora tierra Inca, y el vizcaíno Garay bajaba desde Asunción, cada uno de ellos poseído por el espíritu fundador y reclamando para si la tierra que ambos pisaban. Garay se hallaba en desventaja, ya que había dejado precariamente marcado el lugar de la futura Santa Fe, sin fundarla. Cabrera, en cambio, había fundado Córdoba y había luego avanzado hacia el este y emplazado en la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda, junto a las ruinas del fuerte de Sancti Spiritu fundado por Gaboto cincuenta años atrás, el puerto de San Luis de Córdoba. El vasco alegó a su rival que él venía de fundar Santa Fe, ubicada más al norte, cosa que de inmediato se apresuró a concretar. Al mismo tiempo, ambos jefes elevaron sus derechos y demandas al Rey. Con esos detalles, queda contextualizado lo que leemos en la obra del cronista paraguayo Ruy Díaz de Guzmán, de 1615, sobre la extensión entre las dos ciudades fundadas el mismo año (aunque no el mismo día, como afirma Díaz), y el encuentro de ambos conquistadores.

“Tiene esta comarca y jurisdicción mucha cantidad de indios y pueblos, que por no estar reducidos no se pudo entonces saber la cantidad; y así en diferentes tiempos se fueron encomendando a los pobladores. Está situada en 32 grados, poco más o menos, este-oeste con la ciudad de Santa Fe; distante la una de la otra 60 leguas. Fueron ambas pobladas en un mismo año y día, que fue el del Sr. San jerónimo, según llevo dicho: donde, después de haber hecho un fuerte de adobes con sus cubos y torreones, en que recogió toda la gente, determinó el Gobernador salir à recorrer toda la provincia, como lo efectuó. Y tomando lengua, fue discurriendo por aquellos llanos a reconocer el Rio de la Plata, donde se toparon ambos capitanes (…). Vuelto a su ciudad, (Cabrera) despachó a Ñuflo de Aguilar con 30 soldados a requerir le entregase la jurisdicción que tenia de aquellas tierras, por estar en el distrito de su gobierno y conquista.

Y dándoles el aviso de lo demás que convenía , partieron para la ciudad de Santa Fe, donde llegados hicieron sus requerimientos y protestas a Juan de Garay y a su Cabildo, en que pasaron muchas demandas y respuestas. Y respondiendo a todo Garay, dijo en ninguna manera haría tal, porque aquella población había sido hecha por él, en nombre de Su Majestad y de la persona que tenía la superior gobernación de aquella provincia: y a su costa y mención, y a la de los demás pobladores que allí tenía en su compañía; en la cual no había sido intruso, porque los antiguos conquistadores de aquella provincia habían sido los primeros descubridores de ella: por cuya razón no le podía pertenecer su jurisdicción a otro que al Gobernador del Rio de la Plata.”

El conflicto concluiría a favor de Garay, gracias al apoyo que obtuvo de parte de Juan Ortiz de Zárate, tercer adelantado del Río de la Plata; y contra Cabrera, por la desgracia en que recayó al ser apresado por su reemplazante, el cruel Gonzalo de Abreu. Dice Díaz de Guzmán:

“Estando en estos debates, llegaron al puerto de aquella ciudad (Santa Fe) tres canoas de indios guaraníes, naturales de las islas de Buenos Aires, con un principal llamado Yamandú, el que traía un pliego cerrado dirigido a Garay, a quien el cacique le entregó. Y abriéndolo, halló que el adelantado Juan Ortiz de Zárate había entrado con su armada en el puerto de San Gabriel, que venía de Castilla, donde estaba surto (fondeado) con su gente a la parte de tierra firme, y que tenía necesidad de comida, y juntamente estaba apretado por los Charrúas de aquella costa, pidiéndole el socorro conveniente. Para lo cual le despachó nombramiento de Teniente General y Justicia mayor en aquella ciudad, con las demás provisiones y cédulas reales, en que Su Majestad le hacía merced de aquel gobierno: por las cuales le incluía todas las poblaciones que otros capitanes hubiesen hecho, en doscientas leguas del Rio de la Plata al sur, hasta la gobernación del reino de Chile. Por cuya demarcación la provincia del Tucumán entraba en este distrito y jurisdicción.

En virtud de lo cual, luego el capitán Juan de Garay intimó a Ñuflo de Aguilar la dicha provisión, y le requirió en nombre de su Gobernador el cumplimiento de ella. El cual, habiéndola oído, la obedeció, y dio su respuesta de la que à su derecho convenía, sin tratar más de este negocio: y así aquella misma noche él y los suyos partieron para la dicha ciudad de Córdoba, a dar cuenta al Gobernador de lo que pasaba. Al mismo tiempo recibió cartas aquel Gobernador, de que le venía sucesor, enviado por Su Majestad, que era un caballero de Sevilla, llamado Gonzalo de Abreu.”