PJ: el riesgo de que todo empiece y termine en Schiaretti-Llaryora

Frente a un Juntos por el Cambio alineado, Hacemos por Córdoba muestra mucha gestión y poca política. El estilo de conducción del gobernador Juan Schiaretti comienza a ser interpelado por los propios.

Por Yanina Soria 

El acto de apoyo radical a la figura de Rodrigo De Loredo y de comunión aliancista del sábado pasado, acrecentó la inquietud con la que desde Hacemos por Córdoba miran ya desde hace tiempo el 2023. 

A fuerza de errores casi papelonescos como el desempeño electoral del 2019, Juntos por el Cambio parece haber entendido que la unidad es su principal activo en Córdoba y que aquel anhelo de gobernar la Provincia poniéndole cepo a los 24 años de peronismo ininterrumpido, ya no suena a cosa imposible. Y en el PJ lo saben. Por eso, hay quienes empiezan a impacientarse y a demandarle al jefe político pasar a la acción. 

El estilo de conducción del gobernador Juan Schiaretti, hasta aquí incuestionable, comienza a ser interpelado por dirigentes que le piden discutir la política para llegar al año electoral con el espacio fortalecido. Una demanda que ya no sólo proviene de sectores como el Frente de Todos, por ejemplo, sino también desde los propios. El llaryorismo, aunque lo haga por lo bajo, es uno de ellos. 

Si bien hace muchos años que el justicialismo cordobés no entra en un verdadero estado deliberativo, las condiciones de excepcionalidad que atravesarán el proceso de recambio generacional el año próximo ameritan, según entienden algunos, un mayor movimiento interno. Hay que salir de la quietud que cruza hoy a Hacemos por Córdoba, dicen, y acelerar. 

De hecho, del plan electoral donde todo queda por definirse, la única certeza es que el intendente Martín Llaryora será la cabeza del proyecto provincial con el que Schiaretti quiere darle continuidad al “modelo Córdoba”, pero de allí para abajo todos los casilleros están en blanco. Y el dueño de la lapicera para llenarlos sigue siendo uno sólo. 

La realidad es que como tampoco está habilitado todavía cualquier juego político que se corra de los márgenes fijados por el Centro Cívico, el peronismo oficialista espera las disposiciones de Schiaretti sumido en una especie de letargo. 

Y en ese sentido, la foto de la política provincial marca hoy un fuerte contrapunto: de un lado, hay un Juntos por el Cambio provincial en plan de consolidación y con vocación de poder; con candidatos en la cancha, con intendentes, legisladores y parlamentarios armando enérgicamente en la provincia y con un plantel nacional bancando los trapos. Mientas que del otro, en el peronismo ¿qué hay? Hay Schiaretti y Llaryora. Nada más. 

El gobernador sigue concentrando el poder absoluto que, por ahora, no suelta ni comparte. Eso lo convierte en el único conductor y ordenador del espacio. 

Sin embargo, finalizado el ciclo de alternancia que por años mantuvo con el ex mandatario José Manuel de la Sota, entre las objeciones internas que comienzan a emerger en la superficie de Hacemos por Córdoba, hay quienes creen que además de sano resulta imperioso formar otros liderazgos en el peronismo, más allá de Llaryora. 

Y en esa línea de reflexiones se escuchan teorías que apelan a que en política no siempre dos más dos es cuatro. Por lo bajo, se viene hablando de qué sucedería en Hacemos por Córdoba si, por algún motivo, Llaryora no llegara a ser finalmente el candidato a gobernador del espacio. Si, por ejemplo, los números no lo acompañaran y el intendente, antes que perder, decide ir por un mandato más en el Palacio 6 de Julio. Todas especulaciones que hoy suenan tan descabelladas como cuando alguna vez, allá por principios del 2018, se habló de la posibilidad de que el ex intendente de San Francisco sea la apuesta del PJ para recuperar la Capital cordobesa. 

Lo cierto es que, aunque no todos lo puedan exteriorizar, son muchos los peronistas que creen necesaria construir una mesa de conducción política con figuras de la nueva camada, dirigentes con trayectoria y acreditada experiencia de gestión. Allí ubican, por ejemplo, al vicegobernador Manuel Calvo, al intendente de Río Cuarto Juan Manuel Llamosas, a la diputada Natalia de la Sota, al villamariense Martín Gill, al flamante ministro de Gobierno y Seguridad, Julián López, entre otros. 

Por ahora, esa pretensión es sólo eso. Nadie se mueve por fuera de lo que Schiaretti ordena. No hay reuniones políticas del partido ni armado territorial para el interior, sólo acciones sueltas de algunos dirigentes. 

Marcos Juárez sentó un precedente y la dirigencia tomó nota. Por ahora, el gobernador responde con mucha gestión y poca política. ¿Alcanzará para ganar el ´23?