Limar a Larreta, objetivo de libertarios y kirchneristas

Las intensas escenas que se ven en la ciudad de Buenos Aires empujan a conjeturar sobre quiénes se benefician de ese caos permanente y nacionalizado.

Por Javier Boher
@cacoboher

El análisis político es eso que ocurre en el espacio que queda entre los hechos y la fantasía. Se trata de tomar los datos visibles de la realidad y buscarles algún tipo de relación, un vínculo que nos permita conjeturar sobre cuáles pueden ser los caminos a seguir por parte de los diversos actores políticos.

En un país siempre en ebullición como Argentina es difícil arriesgar escenarios, puesto que todo es posible sin importar la verosimilitud de las afirmaciones. Es un torbellino de amores, odios y estrategias en la que siempre existe alguna chance de que dos enemigos se unan y que dos aliados se separen. Lo único permanente es la incertidumbre, de ahí el agotamiento de la gente.

Las dos últimas semanas han sido particularmente intensas en un año que no nos ha dado respiro desde que Cristina le hizo renunciar parte del gabinete a Alberto. Siempre pasa algo que nos deja rascándonos la cabeza tratando de dilucidar hacia dónde van a seguir las cosas.

Como el país parece limitarse a las necesidades y problemas de los que viven a menos de 100 kilómetros del puerto, toda la semana se trató de acampes, piquetes y tomas en la Ciudad de Buenos Aires. Los medios nacionales y las principales figuras de la política se dedicaron a tomar partido por lo que pasaba en la capital federal, aunque ocasionalmente llegara una noticia desde la Patagonia por la violencia de los falsos mapuches.

Parado ahí, entre los hechos, empecé a ver cómo reaccionaba cada uno y hacia dónde apuntaban sus críticas. ¿Quién se llevaba la mayor parte de los ataques?¿por qué?¿desde qué sectores?¿quién gana algo con todo eso?. Todo eso encajó en algún momento para establecer un escenario hipotético de estrategia política.

Las dos grandes coaliciones que se vienen repartiendo el grueso de los votos desde 2015 son Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. Aunque arrancaron siendo más pequeñas, poco a foco fueron absorbiendo a actores menores que para sobrevivir debían buscar un paraguas más grande.

En 2019 apareció un nuevo espacio que trató de disputar votos hacia el extremo del espectro ideológico, tratando de incrementar la polarización y sostener la grieta económica. Los libertarios vieron que había demanda de algo más a la derecha y largaron su producto, pero todavía muy de nicho.

En 2021 compitieron dos figuras relevantes en el mundo de redes sociales y les fue bastante bien: Javier Milei y José Luis Espert llegaron al Congreso y empezaron a amenazar el voto de JxC.

Esa veta está tratando de ser explotada por el peronismo, pero específicamente por los peronismos de provincia, como el cordobés. Todo lo que crezcan los libertarios es pérdida para JxC, pero es difícil de hacer si no se eliminan los mecanismos que refuerzan el bipartidismo (en este caso el bicoalicionalismo), como las PASO.

Ahí parece asomar la nariz la jugada del kirchnerismo. Horacio Rodríguez Larreta parece ser quien efectivamente terminará siendo el candidato de JxC, más allá de todo el ruido de internas que hay en el espacio. Es el mejor tolerado por la mayoría en un espacio en el que los más ultras del PRO y de la UCR tensionan permanentemente.

Todo el lío en CABA expuso al Jefe de Gobierno de la Ciudad, obligándolo a tomar decisiones que son puestas bajo la lupa por ser un presidenciable. “¿Cómo manejaría Larreta las cosas si le tocara ser presidente?”, parece ser la pregunta que flota en el aire cada vez que empiezan estos sucesos.

Al que menos le conviene todo eso es al mismo Larreta, puesto que se fuerza su salida a los primeros planos, a una exposición que eventualmente termine desgastando su figura. “Larreta, sorete comunista” podría ser la respuesta de Milei a la pregunta sobre qué opina del Jefe de Gobierno de CABA.

Mostrar a Larreta como un tibio sin coraje es lo que necesitan los libertarios y el kirchnerismo. Intensificar la grieta y aumentar la polarización, tratando de despintar a los que traten de buscar la moderación en el medio del espectro ideológico. Todavía parece poco probable que los libertarios puedan romper el núcleo duro de JxC, pero eso no va a desalentar los intentos de los otros actores políticos.

Un crecimiento libertario en un contexto de hartazgo hacia el relato progresista es una oportunidad para que cierto peronismo encuentre una vía de escape. Los libertarios no tienen territorio, los peronistas no tienen candidatos. Parece una unión natural para que los conservadores populares del peronismo tradicional en el interior del país se encuentren con los candidatos que les permitan recuperar algo de centralidad.

Si los libertarios se convirtieran en su contraparte el kirchnerismo respiraría aliviado. Podría mantener la épica y el relato de la lucha contra el neoliberalismo y el ajuste de un eventual plan económico de estabilización que se sostendría más desde un relato ideológico que desde una necesidad concreta.

La elección brasileña del domingo marca una pauta: el kirchnerismo abrazando a Lula y los libertarios vivando a Bolsonaro son la muestra de que pretenden importar esa pelea entre extremos, una pelea que incomoda al cambiemismo, incapaz de alinearse detrás de uno u otro candidato brasilero (apenas un ejemplo de lo heterogéneo del espacio y su debilidad para presentarse como una alternativa en el otro polo).

Seguramente en las próximas semanas sigamos viendo lo mismo. Acciones políticas del mundo oficialista desafiando al Jefe de Gobierno porteño para que empiece a salir del gris anodino en el que pretende hacer tiempo hasta que sea momento de definiciones propias de un presidenciable.

El análisis político implica conjeturar en las hendijas de la realidad política. Quizás haya en el mismo un poco más de fantasía que de realidad. Pero en un país inverosímil como este todo tiene siempre una alta probabilidad de ocurrencia.