“Que el tiempo no consumiese la memoria”

El afán de revisar las citas más antiguas sobre Córdoba lleva a textos basados en cronistas y no en la experiencia actual y personal del autor. Es el caso de la obra de Ruy Díaz de Guzmán, escrita en 1612 y editada recién en 1836, donde refiere la conquista del Paraguay y el Plata.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Mapa de América del Sur de Jodocus Hondius, 1630.

Nativo de Asunción en 1559, Ruy Díaz de Guzmán fue un soldado de la conquista que escribió los Anales del descubrimiento y conquista del Río de la Plata, en 1612, también conocido como La Argentina. Se considera el primer escrito de un natural de las tierras del Plata, portador de genes mestizos hispano-guaraní, sobre su propia tierra extensa, si se considera que comprendía los territorios actuales de la Argentina, el Paraguay, el Uruguay, el sur de Brasil y de Bolivia. A diferencia de un contemporáneo suyo peruano, Felipe Guamán Poma de Ayala, también natural de América, que retrató su propio tiempo, su tierra y la vida de los originarios, Ruy Díaz no relató lamentablemente el período histórico que le tocó vivir como conquistador y poblador. Pese a su sangre mestiza, escribió la gloria de los conquistadores, sin hacer pie en la vida de los pueblos originarios. Habiendo vivido en Charcas, parte de la gobernación del Tucumán en su época, luego núcleo del territorio boliviano, también residió un tiempo en Santiago del Estero en 1606, y regresó a Charcas. Allí pudo acceder a los manuscritos de los cronistas del Perú, y dio inicio a la escritura de sus Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata. 

La obra de Ruy Díaz bebe tanto de la crónica como de las leyendas, tal como esos documentales que en la actualidad lidian con las pulsiones de la ficción. Lo verdadero de ellas sin duda molestó a algunos actores prominentes de su tiempo, quienes se ocuparon de secuestrar manuscritos enviados por su autor a bibliotecas del Paraguay y de España. Sin embargo, sobrevivieron copias y Pedro de Angelis señala tres manuscritos existentes en 1836, que tuvo en sus manos y cotejó y transcribió para la Colección y Documentos editados en la Imprenta del Estado. Esta fue la primera impresión que conoció el texto de Ruy Díaz de Guzmán e Irala.

Allí el autor asunceño sitúa el impulso, los orígenes y los límites de su trabajo:
“No sin falta de justa consideración, discreto lector, me moví a un intento tan ajeno de mi profesión, que es militar, tomando la pluma para escribir estos anales del descubrimiento, población y conquista de las Provincias del Rio de la Plata, donde en diversas armadas pasaron más de cuatro mil españoles, y entre ellos muchos nobles y personas de buena calidad, todos los cuales acabaron sus vidas en aquellas tierras, con las mayores miserias, hambres y guerras, de cuantas se han padecido en las Indias; no quedando de ellos más memoria que una fuma común y confusa de su lamentable tradición, sin que hasta ahora haya habido quien por sus escritos nos dejase alguna noticia de las cosas sucedidas en 82 años, que hace comenzó esta conquista.”
Díaz de Guzmán basa su intención, en una “obligación que cada uno debe a su misma patria”, en referencia a su sangre española. El manuscrito comienza por ensalzar “lo que mis padres y abuelos hicieron en acrecentamiento de la Real Corona”. Con ese afán, explica, inició la tarea:
“Con que vine a recopilar este libro, tan corto y humilde, cual lo es mi entendimiento y bajo estilo; solo con celo de natural amor, y de que el tiempo no consumiese la memoria de aquellos que con tanta fortaleza fueron merecedores de ella, dejando su propia quietud y patria por conseguir empresas tan dificultosas.”

Las menciones a Córdoba que se hallan en sus páginas refieren hechos narrados por cronistas anteriores, y tratan sobre los primeros conquistadores y fundadores en esta gran extensión sudamericana habitadas por pueblos aborígenes.  La primera cita se encuentra en el Libro III, Capítulo XIX y escenifica una escena vinculada a la recién fundada ciudad de Santa Fe por Juan de Garay, semanas después de que Jerónimo Luis de Cabrera fundase la de Córdoba. La vecindad de ambas ciudades queda expuesta en el episodio.
El capitán Garay, una vez establecido el fuerte, salió a recorrer las tierras adyacentes, con 40 soldados, navegando en embarcaciones pequeñas río abajo por el Paraná. Numerosos habitantes nativos salieron a su paso, “indios de paz” que los invitaron a conocer su tierra. Esto obligó a los conquistadores a entrar por un río estrecho y pronto empezaron a llegar naturales en gran número, lo que puso a los españoles a riesgo de ser superados por los locales. Tomamos desde aquí la voz de Ruy Díaz:
“El capitán mandó a su gente que estuviesen todos alerta con las armas en las manos, y que ninguno disparase hasta que él lo mandase. Viendo que toda aquella tierra se abrazaba en fuegos y humaredas, mandó subir a un marinero a la gavia del navío, para que reconociese el campo; el cual dijo, que todo cuanto había a la redonda estaba lleno de gente de guerra, y mucha más que venía acudiendo por todas partes, sin muchas canoas que de rio abajo y arriba acudían para coger a los navíos en medio.
El capitán se puso a punto de guerra, y conociendo el peligro en que estaba por la estrechura del rio, y la dificultad de no poder salir de él sin gran riesgo, habló a sus soldados, esforzándolos animosamente. Cuando en este punto, dijo el marinero que estaba en vigía: «Un hombre de a caballo veo, que va corriendo tras unos indios». Le dijeron que mirase lo que decía; luego respondió: «otro veo que le va siguiendo» y, prosiguiendo, dijo: «tres, cuatro, cinco, seis de a caballo» los cuales, según parecía, andaban escaramuceando con los indios que venían a esta junta a dar en los nuestros; y siendo asaltados repentinamente de los de tierra, comenzaron a huir, y dando la voz de cómo había españoles de aquella parte que los herían y mataban. Luego en un instante se deshizo toda aquella multitud, de tal manera, que por huir más a prisa dejaban por los campos arcos y flechas, con lo que vinieron los nuestros a quedar libres.
El capitán Juan de Garay escribió luego una carta con un indio ladino a aquellos caballeros; los cuales, en aquel mismo tiempo, día del bienaventurado San Jerónimo, habían poblado la ciudad de Córdoba, y salieron a correr aquella tierra.”