En busca del rock primal

El documental “Travelin’ Band”, de reciente estreno en Netflix, testimonia la gira europea del grupo californiano Creedence Clearwater Revival a comienzos de 1970, con la lupa puesta sobre su concierto en el Royal Albert Hall de Londres, fechado a pocos días de la separación de los Beatles.

J.C. Maraddón

En un movimiento pendular que supo darle muy buenos resultados, el rock ha fluctuado entre avanzar rompiendo todos los esquemas y retroceder en busca de sus raíces, como una manera de defender su identidad. A lo largo de las últimas siete décadas, esa oscilación ha sido la constante y los artistas se han ido ubicando de uno y otro lado de la brecha, según fluyera la corriente y según el rumbo que tomase cada una de sus carreras. Ahora que el género parece haber entrado en una curva descendente, quizás sea el momento de revisar las instancias en que se fueron produciendo esos zigzagueos.

Cuando se conformó la gloriosa dupla de Lennon & McCartney, allá por los finales de los años cincuenta, el propósito de esos adolescentes británicos no iba más allá de la ejecución de covers de la música estadounidense que los fascinaba en ese entonces, en especial de intérpretes afroamericanos cuyos discos escuchaban una y otra vez. Diez años más tarde, el cuarteto conformado por ellos dos junto a Harrison y Starr había alcanzado un nivel compositivo extraordinario, que los llevaba a exigirse cada vez más ante los desafíos que se les iban planteando a medida que progresaban.

Llegó un momento en que ellos mismos se dieron cuenta de que estaban al borde de entrar en un punto sin retorno y, por iniciativa de Paul McCartney, decidieron recuperar la energía de sus inicios y grabar un disco en el que se respirase aquel espíritu. En enero de 1969 registraron los temas que darían forma al álbum “Let It Be”, donde se debía plasmar esa iniciativa, pero las grabaciones fueron archivadas y lo que publicaron ese año fue “Abbey Road”, un álbum que los situaba nuevamente a la vanguardia. Recién cuando el grupo entraba en el proceso de disolución, “Let It Be” salió a luz y fue su despedida discográfica.

Ese tironeo estilístico que ellos vivían como banda también se verificaba en el panorama general de la música rock, con inquietos talentos que empujaban hacia adelante y daban nacimiento a la llamada música progresiva, en tanto otros se resistían a ese movimiento y pugnaban por retroceder al pasado en procura de apegarse a la tradición. Si bien esos flujos y reflujos persisten hasta el día de hoy, fue hacia fines de la década del sesenta que se verificó el surgimiento de una formación aferrada a lo retro cuyo éxito resultó asombroso.

Creedence Clearwater Revival planteaba ya desde su nombre la idea de una vuelta a los orígenes y nunca renegó de ese postulado básico, que se cimentó en las virtudes compositivas e interpretativas de su líder, John Fogerty. Fue tan oportuna la aparición de estos cuatro californianos en el panorama rockero de su época, que en pocos meses treparon a la cima de la fama mundial a través de una fórmula elemental que apelaba al refrito de estilos como el blues, el country y el rhythm and blues, que eran nada menos que las fuentes en las que había abrevado el rocanrol primal.

El documental “Travelin’ Band”, de reciente estreno en Netflix, testimonia la gira europea del grupo a comienzos de 1970, con la lupa puesta sobre su concierto en el Royal Albert Hall de Londres. No tan casualmente, pocos días antes de ese show se había conocido de modo oficial la noticia de la separación de los Beatles. Y aunque más no sea por un breve periodo, Creedence Clearwater Revival iba a ostentar el renombre de la banda más popular del planeta, montada sobre un repertorio tan sencillo como irresistible, a cuya simpleza les hubiese sido imposible descender a los cuatro de Liverpool.