Extrañando a los gordos

El Crespo continúa con su propia revolución bolchevique, sin saber dónde terminará el conflicto planteado por el SUTNA. ¿Pretende que Fate, Bridgestone y Pirelli terminen hartándose y se vayan del país? Es una posibilidad. Sería la antesala de la estatización o, perdónesenos el arcaísmo, de la colectivización de estas empresas. Huelga decir que sería sumergirse en el túnel del tiempo y no precisamente hacia épocas más felices.

Por Pablo Esteban Dávila

Hace muchos años atrás, quizá más de diez, cuando Juntos por el Cambio era todavía una quimera, dos dirigentes del PRO especulaban que hacer con los “Gordos” de la CGT en el caso de que el macrismo llegase al poder. Uno de ellos era de la firme opinión de que había que limitar el poder que ostentaban en la central obrera mediante una legislación, digámosle, “democratizadora” de la vida sindical. Era una suerte de posición clásica dentro de la política no peronista. El otro, sin embargo, lo contradijo airadamente:

– ¿Estás loco? ¿Porqué haríamos eso? Los Gordos son de los pocos sindicalistas pro empresa que existen en el mundo. Son parte de la solución; no del problema. Hay que cuidarlos… ¡ni se te ocurra combatirlos!

Aquella sentencia tiene más vigencia que nunca, especialmente cuando se advierte lo que ocurre en el Sindicato de Trabajadores del Neumático (SUTNA).

Este gremio está manejado por Alejandro Crespo, un sindicalista de los denominados “de base”. La expresión “de base” es una caracterización de corte setentista, toda vez que disocia a la dirigencia obrera tradicional (la burocracia sindical) de sus representados, contraponiéndolas. Vale decir que el sintagma revaloriza a los sindicalistas surgidos de abajo en detrimento de los denominados burócratas que, implícitamente, velan más por sus intereses que por los de sus representados. El señor Crespo sería, conforme el mensaje implícito, un auténtico líder obrero.

Nada más lejano que esto. El denominado sindicalismo de base es otra de las enormes estupideces de la Argentina, toda vez que no cree ni en el sistema empresario ni en el capitalismo. Huelga decirlo que es de izquierda, en contraposición de la mayoría de los sindicatos privados nucleados en la CGT, todos peronistas. Como tal, al señor Crespo le interesa nada la ecuación económica – financiera que da sustento a sus fuentes de trabajo. Su sueño, como cualquier izquierdista retrógrado en el país, es el de una cooperativa gestionada por sus trabajadores o el de una empresa estatal, la meca para los ideólogos del Partido Obrero, agrupación a la que él pertenece.

El conflicto en torno a las empresas de producción de neumáticos en el país ya lleva cinco largos meses. En el fondo, el problema radica en que el SUTNA se ha negado sistemáticamente a aceptar las múltiples ofertas salariales de la patronal sin mayor racionalidad. Esto ha terminado por paralizar la actividad, condenando a las automotrices locales (Renault, Nissan, Ford y Toyota) a paralizar sus líneas de montaje. En breve le seguirá Fiat si el conflicto continúa.

El asunto está siendo profusamente analizado por los medios de comunicación. Es, verdad, un verdadero galimatías. No hay producción nacional porque el sindicato bloquea las plantas y no se puede importar porque el Banco Central no cuenta con las divisas suficientes. Como no hay cubiertas crece el delito: muchas bandas se dedican a robarlas para venderlas en el mercado negro. Otro tanto sucede con el contrabando: ingresan neumáticos de países vecinos disimulados entre cargas generales o los automovilistas cruzan las fronteras para hacerse de ellos en ciudades limítrofes. Y, finalmente, los pocos que se consiguen localmente cuestan auténticos dinerales. Un auténtico modelo de ineficiencia económica por donde se lo mire.

Entretanto, el señor Crespo continúa con su propia revolución bolchevique, sin saber donde terminará la algarada. ¿Pretende que Fate, Bridgestone y Pirelli terminen hartándose y se vayan del país? Es una posibilidad. Sería la antesala de la estatización o, perdónesenos el arcaísmo, de la colectivización de estas empresas. Huelga decir que sería sumergirse en el túnel del tiempo y no precisamente hacia épocas más felices.

Con los Gordos esto no hubiera pasado, simplemente porque ellos creen en que los empresarios también deben ganar dinero para pagar mayores salarios. La CGT aprieta pero no ahorca; cualquiera que se despoje de prejuicios largamente arraigados lo sabe perfectamente. Para la industria del neumático está lloviendo sopa y, sin embargo, el SUTNA insiste en ponerle un tenedor en la mano, en contra de la conveniencia de sus propios representados.

En el medio de todo este dislate está el gobierno nacional. Hace rato que el Ministerio de Trabajo debería haber declarado ilegal este paro. No lo hizo. Tampoco activó los recursos que le proporciona la ley para quitar la personería gremial al sindicato, cuando todo indica que es lo que debería hacerse en este caso. Simplemente dejó que las aguas se salieran de su curso después de 35 reuniones, un final que estuvo anunciado desde el primer momento.

Es imposible sorprenderse, en verdad. Hace rato que la administración de Alberto Fernández no hace nada. La única agenda del presidente es, por estas horas, secundar la acometida de Cristina Kirchner contra la justicia. El país se encuentra literalmente a la deriva, jaqueado por el señor Crespo, los pseudo mapuches en la Patagonia y los piqueteros en la avenida 9 de Julio, entre otras plagas. El panorama es desolador.

Entre medio de tanta inoperancia, apenas Sergio Massa muestra algo de iniciativa. Como responsable del área económica sabe perfectamente que el conflicto del neumático golpea sectores estratégicos de la economía argentina y que al menos 150.000 trabajadores calificados se encuentran en riesgo. Esta es la razón por la cual ayer lanzó un ultimátum: si no hay arreglo para hoy se liberarán las importaciones.

Son bonitas palabras, excepto por un detalle: no hay dólares. Y, para colmo de males, el ministro acaba de anunciar que el dólar – soja, que tantas satisfacciones le ha dado en términos de reservas, se acabará inexorablemente a fin de mes. A este hecho debe sumarse que hay muchos sectores, no solo el automotriz, que se encuentran estrangulados por los faltantes de insumos y piezas importadas. ¿Qué dirían estos si aparecieran los dólares para las cubiertas y no para sus propios negocios? ¿A guisa de qué el gobierno determinaría quien gana y quien pierde en la asignación de las escasas divisas con las que cuenta el Central? Esta es la miseria e inequidades que genera el estatismo como concepción política.

Son todos asuntos que desnudan un estatus quo atado con alambre. El sindicalista Crespo parece tener más poder que el Estado Nacional en su conjunto, aunque adolezca del mismo problema que padece el presidente de la Nación, esto es, que tampoco él sabe a donde quiere ir. Porque, si de ingresos se trata, es claro que el sindicato le ha errado el vizcachazo. El CEO de Fate acaba de afirmar que, si se hubiera aceptado la oferta de su empresa, un trabajador del neumático estaría cobrando un sueldo de 400 mil pesos. La mayoría de los asalariados argentinos darían lo que no tienen por una suma semejante. Sin embargo, para los capitostes del SUTNA esto no es suficiente.

Con semejante contexto resulta imposible no extrañar a los Gordos, su metodología y su estética. Lamentablemente, en un país donde la decadencia golpea en todos lados, ellos también están en retirada. El kirchnerismo hizo mucho también para que el peronismo sindical fuera suplantado por estos desaforados del reclamo, sin medir las consecuencias prácticas de tal reemplazo. Es tarde para llantos, especialmente si provienen de la Casa Rosada, la verdadera responsable de tanto dislate.