En los últimos meses, la suba de precios golpea más a sectores de más ingresos 

En el primer cuatrimestre del año la dinámica era a la inversa. Para lo que resta del año el alza de tarifas, de prepagas y de servicios como la telefonía hacen que los escalones medios y altos sean los más afectados. 

La inflación se aceleró notablemente en 2022. Hasta agosto acumuló 56,4% según Indec, con una variación interanual no vista en treinta años (es del 78,5%). Además, cobró una dinámica ascendente a lo largo de los meses del año: pasó de un promedio de 5,1% en el primer trimestre a 5,4% en el segundo, y se ubicaría en 7,1% en el tercer trimestre.  Como siempre, la de los sectores con menores ingresos no es la misma que la de la clase media, que también difiere de la población de mayor poder adquisitivo.

Cómo siga la dinámica hasta fin de año, definirá qué sectores sociales acabarán más o menos golpeados. En las últimas semanas, el Gobierno adoptó medidas que podrían acentuar el carácter progresivo de la inflación, como es el caso de la segmentación de los subsidios a las tarifas de servicios públicos por niveles de ingreso que implicará mantener el subsidio a los deciles de menores ingreso.

Un informe de Ecolatina grafica que, para las familias de mayores ingresos, que gastan en promedio siete por ciento de su canasta de consumo en gas, electricidad y agua -mientras que las de menores ingresos gastan 11% en promedio-, impactarán en mayor medida los aumentos de estos servicios en septiembre (gas 10,6% y electricidad 20,6%) y noviembre (gas 12%, electricidad 27% y agua 56%).

En el mismo sentido, continuará la ronda de actualizaciones en las cuotas de prepagas, con aumentos del 10,5% en octubre y diciembre, incidiendo más en los deciles más ricos, en tanto gastan una proporción mayor de su ingreso en este rubro (4,4% de la canasta en el decil 10 y 0,5% en el uno).

La decisión del Banco Central de profundizar las restricciones a las importaciones, con un impacto directo en el nivel de precios de aquellos bienes con mayor componente importado (electrodomésticos y electrónica de consumo, maquinaria, vehículos, motos) afecta más a los hogares de mayores recursos, quienes destinan a este tipo de bienes una mayor proporción de su gasto -por ejemplo, la categoría Equipamiento y mantenimiento del hogar ocupa el ocho por ciento de la canasta del decil más rico, y 4,1% de la canasta del más pobre-.

Así, para Ecolatina, la convivencia del nuevo esquema de tarifas y las mayores restricciones a las importaciones “tendería a mitigar el impacto regresivo de la inflación en lo que queda del año”. Sin embargo la consultora advierte que por la inestabilidad del proceso inflacionario, el endeble escenario macroeconómico, un esquema cambiario que podría sufrir modificaciones y ciertos precios de alimentos que han quedado rezagados (como el caso de la carne vacuna), los riesgos de una nueva aceleración de alimentos -creciendo por encima del Nivel General- siguen latentes y podrían actuar como contrapeso.

Hay que tener presente que los sectores de menores recursos se ven más afectados por la dinámica de los precios de alimentos que el resto, dado que destinan una mayor porción de su ingreso a satisfacer estos consumos de primera necesidad. Por el contrario, las familias más ricas gastan más en bienes de segunda necesidad, como pueden ser artículos para el hogar, educación y esparcimiento, entre otros.

Por ejemplo, aunque el año pasado la inflación fue del 50%,  el uso de anclas nominales como el tipo de cambio oficial y las tarifas de servicios públicos, permitió una desaceleración de los precios en la segunda parte del año, cuando la suba de precios pasó de promediar casi 4% en el primer semestre a 3,1% en los últimos seis meses. La instrumentación de controles de precios impactó principalmente sobre los alimentos, que se mantuvieron más contenidos en el semestre electoral (+2,9% promedio mensual).