Una tragicomedia delirante

Hace algunos días, en la entrega de los premios Emmy, la miniserie de HBO “The White Lotus” se llevó cinco estatuillas, distinción que esa plataforma aprovechó para anunciar que en octubre se estrenará la segunda temporada de esta ingeniosa producción con destino de clásico.

J.C. Maraddón

Entre finales de la década del setenta y comienzos de la del ochenta llegaron a la Argentina los capítulos de una serie estadounidense llamada “La isla de la fantasía”, que se escenificaba en un paradisíaco resort del Pacífico, donde arribaban pasajeros que deseaban hacer realidad un sueño y habían pagado para ello. El encargado de cumplir ese deseo era el señor Roarke, un elegante anfitrión que recibía a los visitantes junto a su ayudante Tattoo. El actor mexicano Ricardo Montalbán era el protagonista de esta tira que llegó a emitirse en horario central y que tenía un excelente promedio de audiencia unos cuarenta años atrás.

Como una especie de versión oscura y actualizada de aquella comedia televisiva, HBO estrenó en julio del año pasado los seis episodios de la primera temporada de “The White Lotus”, una producción que elige paisajes hawaianos para narrar una atrapante historia que se nutre de varios caracteres que atraviesan situaciones muy particulares, cuyas alternativas transcurren en el mismo hotel. El grotesco, la comedia negra, el drama y el humor escatológico son las categorías en las que el director Mike White pivotea con gran solvencia, hasta obtener un producto destinado a convertirse en un clásico del streaming.

Lo que parece un armónico vínculo entre los caprichosos millonarios que se alojan en el establecimiento y el sacrificado personal que está allí para atenderlos, empieza a elevar su tensión con el correr del relato y a veces deriva en una descripción explícita de diferencias de clase irreconciliables. En esta grieta caen también algunos personajes que han viajado a ese lugar por invitación de los pudientes, pero que una vez allí comienzan a intuir que no pertenecen a ese círculo y atraviesan crisis existenciales que aportan la cuota de crítica social a una realización en la que tampoco faltan gags desopilantes.

Como eje, lo que cuestiona en definitiva “The White Lotus” es el concepto mismo de las vacaciones, como un periodo de descanso en el que sólo hay espacio para la diversión y el relax. Ninguno de los que vemos desembarcar en la playa del hotel emprenderá el regreso tal como vino, sino que acarreará las consecuencias (positivas y negativas) de esa aventura a la que creía fantástica. Sumergidos en un entorno que nada tiene que ver con el que rodea a sus existencias cotidianas, experimentarán sensaciones que pueden ser o no placenteras, pero ante las que les será difícil permanecer indiferentes.

Hace algunos días, en la entrega de los premios Emmy, “The White Lotus” se llevó cinco estatuillas, correspondientes al guion y la dirección de Mike White, la actuación secundaria de Jennifer Coolidge y Murray Bartlett, y el preciado galardón como mejor miniserie. Y con este envión, la plataforma HBO salió a anunciar que finalizó el rodaje de la segunda temporada, que estaría disponible para los abonados en el mes de octubre y que expondrá las estadías de una nueva tanda de turistas que pretenden evadirse de la rutina y terminan involucrados en cuestiones que ni ellos ni los espectadores podían imaginar.

Como aquellos viajeros que creían que en la isla de la fantasía iban a satisfacer anhelos  postergados y se veían introducidos en un laberinto donde se enfrentaban con sus temores y sus debilidades, en “The White Lotus” se nos presentan personas que se perciben como intocables, pero que en pocos días descubrirán su vulnerabilidad. Y que el dinero compra la felicidad… pero una felicidad que, de tan falsa, puede descascararse y dejar que aflore una melancolía infinita. Esa moraleja es el mensaje que esta serie transmite, bajo la apariencia de una tragicomedia delirante.