Siguen los papelones de los ombliguistas

La política argentina sigue dando muestras de que la clase dirigente es incapaz de mirar más allá de sus propios intereses cortoplacistas.

Por Javier Boher
@cacoboher

Es sencillamente imposible imaginar que un gobierno pueda tener una peor performance que este en casi todos los ámbitos, pero hay uno en el que destaca: la incapacidad de entender lo que le está pasando a la gente común que todos los meses ve cómo su sueldo pierde contra la inflación.

EL lunes Carlos Pagni habló -entre tantas otras cosas- de la sensación de desolación que han detectado las consultoras que realizan focus group para relevar información social relevante. Según le habría contado alguien que se dedica a ello, la gente llega incluso a largarse a llorar por la falta de perspectiva a futuro. Puso, incluso, un ejemplo tonto pero claro: es lo que siente el padre o abuelo que sale a pasear con sus hijos o nietos y no le puede comprar ni un helado.

En ese contexto de destrucción del consumo para gente que hace rendir los pesos con mucha más eficiencia que los funcionarios públicos que deberían cuidar la plata de todos, el presidente decidió aprovechar que ha sido desplazado del poder para dedicarse a pasear por el mundo. Así como se reían de lo decorativo de que los ingleses tengan Reina, acá nos conformamos con un Rey Momo al que lo tratan de Don porque los papeles dicen que es el Jefe de Estado.

Así fue como llegó a Nueva York para hablar en el foro de Naciones Unidas al que cada año concurren los jefes de Estado de los distintos países para presentar su mensaje ante la Asamblea General de dicha organización. Condenados a la irrelevancia, es de esperar que el discurso del presidente tenga menos espectadores que un partido que no define nada en la Liga Cordobesa de Fútbol.

Lo importante, sin embargo, está en otro lado, en aquella falta de empatía que se mencionó más arriba. Lo primero de lo que se habló, y que ya no sorprende a nadie, es el tamaño de la comitiva que lo acompañó. Medio centenar de personas que nadie sabe bien qué hace, a partir de que desde el gobierno no entregan la lista para saber quiénes son los afortunados que viajan becados al país del norte.

Habrá niñeras, peluqueros y seguro también algún violero amigo que le haga la segunda al presidente. O tal vez no, y por eso decidió ir a visitar al productor Mark Plati, reconocido por haber trabajado con David Bowie durante los ‘90. Claro que esto estuvo fuera de agenda y nos enteramos porque fue el propio músico el que publicó una foto en redes…

Es notable cómo el hombre no escarmienta. Tras el escándalo por las fotos en plena cuarentena, va y se saca otra en una visita que poco tiene que ver con el destino del país que dice comandar (aunque en el sentimiento de la gente ya no es otra cosa que un desocupado cobrando un plan caro).

En un contexto en el que la palabra del gobierno se devalúa cada vez más, licuando su legitimidad, el presidente tiene tiempo de pasear como si este país fuese un paraíso de estabilidad macroeconómica e igualdad social. Es increíble.

Por supuesto que no es lo único que destruye el valor de la palabra oficial, que incluso cae a un ritmo más veloz que el del peso. El silencio respecto a la imposibilidad de comprar dólar ahorro si se mantenía el subsidio fue similar a lo que terminó pasando con el “dólar soja”, que los productores que vendieron se enteraron que perdían la capacidad de comprar dólar MEP, el legal del mercado financiero.

Después desde el gobierno intentaron arreglarla diciendo que en realidad era para las exportadoras y que se exime de eso a los productores que hubiesen participado en tal o cual programa o proyecto del gobierno nacional, un papeleo que sólo terminarán haciendo los que tengan gestores o amigos dentro del aparato estatal.

Esa pulsión por el ocultamiento es lo que lleva a la gente a buscar certezas en otro lado, en cualquier persona que articule dos o tres ideas más o menos coherentes que rechacen las supuestas verdades que el gobierno construye apenas para consumo propio.

No se trata sólo de eso, sino también de que se han demostrado menos aptos que lo que se puede suponer. No es solo que pueden llegar a ocultar la verdad, sino que muchas veces no se dan cuenta porque creen tener razón.

Esa improvisación es patente en uno de los sectores menos cuidados dentro de la administración pública, que deja en evidencia que seríamos el hazmerreír del mundo si todavía al mundo le importáramos un poco.

Es que la Cancillería saludó al gobierno chileno por el aniversario de su independencia, aunque en realidad fue la fecha de su primer gobierno patrio. No se trata de una confusión con Tayikistán o Senegal, sino con un pueblo con el que se comparten límites, historia y problemas en común. Es como confundirte el nombre del vecino del departamento de al lado.

A nadie sorprende eso, apenas un poquito de tiempo después de que confundieran las banderas de Suiza y la de Dinamarca y dos años después de que confundieran a la República de Corea con la República Popular Democrática de Corea, agradeciendo al dictador comunista por la donación que hizo la Corea realmente democrática.

A esta altura del partido, todo lo relevante a la política exterior del país es apenas un divertimento de los que pueden tener ojos para mirar hacia afuera. Con el grueso de la gente mirando precios, nadie quiere prestarle atención a una dirigencia que no sabe hacer otra cosa que mirarse el pupo.