El ajuste invisible (por ahora) de Massa

Massa asumió con una credibilidad fluida, cuya viscosidad depende de que el ambiente no se recaliente demasiado. Su fortaleza es inversamente proporcional a la debilidad de Alberto y, al menos en cuanto a expectativas económica, de la propia Cristina, pero estas son presunciones que admiten pruebas en contrario. Y, huelga decirlo, el gobierno ha sido tradicionalmente pródigo en pegarse tiros a los pies.

Por Pablo Esteban Dávila

Muchas e importantes noticias taparon, durante al menos quince días, la trastienda económica. La más impactante fue, sin dudas, el intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner que, por su relevancia, marcó toda la agenda informativa subsiguiente. Desde el extraño feriado nacional dispuesto por Alberto Fernández hasta los dimes y diretes con relación a un diálogo político con la oposición, nadie se acordó demasiado de Sergio Massa y de sus planes.

Momentáneamente en segundo plano, el ministro de Economía siguió avanzando. Viajó a Washington y se entrevistó con el FMI y con importantes funcionarios del gobierno de los Estados Unidos. Sus interlocutores observaron que, por primera vez, alguien del gobierno argentino les habló de cosas concretas y que pareciera tener el suficiente poder para llevarlas adelante. Massa introdujo asimismo el dólar – soja, un ardid que logró que el sector agroexportador liquidara más de 4 mil millones de dólares hasta el presente. Y, quizá lo más relevante, comenzó con los recortes del gasto público en todos los sectores a su alcance.

Esto equivale a decir que, ocluido por el ruido político, Massa pudo lograr en dos semanas mucho más de lo que se había propuesto y a un costo menor al inicialmente previsto. Los damnificados por las nuevas restricciones todavía no han comenzado a patalear y, por primera vez en mucho tiempo, existe algo cercano a una conducción económica en una administración cuyo presidente supo jactarse de no “creer en los planes”. Los alegatos de los abogados defensores de Cristina en la causa Vialidad prometen agregar algo más de cobertura a las antipáticas medidas en curso.

Es sintomático que el integrante más moderado del Frente de Todos se encuentre salvando las papas de sus miembros más radicalizados y que estos no digan absolutamente nada del ajuste que el ministro se encuentra llevando adelante. Emmanuel Álvarez Agis se lo dijo a Luis Novaresio con gran precisión algunas noches atrás: “lo sacaron a Guzmán porque no les gustaba hacia dónde los llevaba. Y lo pusieron a Massa para ir al mismo lugar pero más rápido”. Seguramente la sensación de caos que se apoderó del país en el breve interregno de Silvina Batakis hizo que la vicepresidenta y La Cámpora reflexionaran sobre la inevitabilidad del rumbo que habría que tomarse y que este conducía, inexorablemente, hacia el entonces presidente de la Cámara de Diputados.

Si bien la imagen de alguien parecido a un neoliberal llevando las riendas de un gobierno pretendidamente progresista puede dar motivo a chanzas justificadas, el fresco dista, todavía, de ser una representación exacta de esta contradicción. La inflación hace que mucho de los esfuerzos de Massa se queden a medio camino (por ejemplo, el actual ritmo de devaluación del dólar oficial o las nuevas tasas de interés, todavía negativas) y el fuego amigo no deja de ser disparado en los asuntos más impensado, lo que impide una lectura completamente lineal de lo que está ocurriendo en esta nueva etapa.

Lo ocurrido ayer, precisamente con el dólar – soja, ilustra estas inconsistencias. El Banco Central, conducido por Miguel Pesce, sacó una comunicación mediante la cual los exportadores que se hubieran beneficiado con aquella divisa no podrían acceder, en adelante, al oficial. Massa nunca había acordado semejante cosa con el sector y este, de haber sido planteado, no lo habría aceptado. El ministro tuvo que exigir que el Central diera marcha atrás con la medida respecto a las personas humanas (los productores), pero el daño ya estaba hecho. Vale recordar que Pesce acaba de ser confirmado en el cargo con la firma del presidente de la Nación y del ministro de Economía.

¿Pesce actuó en soledad o tuvo el aval de Fernández? Cualquiera de ambas posibilidades es preocupante. La primera indicaría que el presidente del Central se cree con poderes que exceden a los de Economía, lo cual podría llevar a un rumbo de colisión con Massa más temprano que tarde. La segunda es incluso más grave, pues significaría que el presidente conspira deliberadamente contra el ministro en quien tiene cifrada sus últimas esperanzas de terminar razonablemente el mandato.

Hay otras desventuras menores, que también complotan contra el rumbo que se pretende trazar. Ayer, por ejemplo, la Secretaría de Comercio Interior reunión a su plana mayor para tratar con kiosqueros y con Panini (la empresa distribuidora) el faltante de figuritas del mundial de Qatar. Este es un asunto que puede desvelar genuinamente a mucha gente, aunque no parece tener la suficiente relevancia como para que un organismo del Estado se detenga a pensar en como solucionarlo. Si es un problema de oferta y demanda, pues se solucionará por precios o por cantidades, como cualquier otro bien del mercado. De lo contrario, ¿cuál sería la solución? ¿Fijar precios máximos? ¿Decomisar paquetitos de figuritas bajo la ley de abastecimiento?

Para muestra basta un botón. Es una fotografía bizarra de lo bajo que ha caído el prestigio de la conducción económica nacional. Massa, obviamente, pretende otra cosa, pero existen fuerzas poderosas dentro de la administración kirchnerista que condicionan su gestión, por más bríos que le haya impreso en el primer momento. Por ahora, Máximo Kirchner y los capitostes de La Cámpora están distraídos con la épica judicial de Cristina. Sin embargo, en cuanto esta epopeya les de un respiro se preguntarán como se le ha permitido cometer tantas herejías a un ministro que, para colmo, nunca dejó de ser una piedra en el zapato del oficialismo.

Por de pronto, el dólar parece haberse despertado otra vez. Tras la pax cambiara de los últimos 15 días, el blue ha vuelto por sus fueros, trepando 8 pesos en una sola jornada. Idéntico decurso han seguido los financieros. Es evidente que el mercado ha olido algo raro detrás de la movida del Banco Central a espaldas de la conducción económica. Sucede que Massa asumió con una credibilidad fluida, cuya viscosidad depende de que el ambiente no se recaliente demasiado. Se piensa que su fortaleza es inversamente proporcional a la debilidad de Alberto y, al menos en cuanto a expectativas económica, de la propia Cristina, pero esta son presunciones que admiten pruebas en contrario. Y, huelga decirlo, el gobierno ha sido tradicionalmente pródigo en pegarse tiros en los pies.

“Ojalá que el juicio por Vialidad sea eterno y que la Banda de los Copitos continúe aportando detalles grotescos”, debe estar pensando el tigrense. Solo así podría trabajar tranquilo por el tiempo que necesita. Sucede que un moderado dentro de un entorno de exaltados requiere el don de la invisibilidad para los propios y el de la comprensión para los ajenos. Hasta ahora lo estuvo logrando; por cuanto tiempo pueda sostener esta proeza será siempre motivo de especulación.