Ni el mundial les juega a favor

Esta vez el calendario futbolístico les jugó una mala pasada. Casi no quedan variables que los puedan ayudar a disimular el fracaso estrepitoso de su gobierno.

Por Javier Boher
@cacoboher

Es notable cómo el cristinismo se está comiendo a sí mismo con su incapacidad de ver lo que pasa a su alrededor. Hasta no hace mucho tiempo resultaba una verdad aceptada por todos que las decisiones políticas de la vicepresidenta apuntaban hacia el mismo lado: ganar votos aumentando la capacidad de consumo.

Tanto insistieron con esa receta que al final la gastaron. Se comieron las reservas sosteniendo un consumo subsidiado en todos los aspectos de la vida, sea energía, transporte, viajes al exterior, importaciones o lo que sea. Repartieron tanta plata que se terminaron quedando sin.

Eso me hace acordar a los jóvenes de los sectores más pudientes de la sociedad que se terminan descarriando y le pagan el vicio a los amigos de ocasión, que salen de los lugares menos favorecidos de la sociedad. Es una alianza coyuntural, basada en el interés mutuo: uno quiere gente que lo siga, los otros quieren consumir gratis.

Esa relación siempre termina mal, porque -por distintos motivos- el flujo de dinero se interrumpe. Ahí es cuando poco a poco los compañeros de juerga se van yendo, dejando en la completa soledad al que financiaba todo, rechazado incluso por los que eran amigos antes de que entre en esa vida licenciosa.

A partir de las últimas encuestas (que ya sabemos que son imperfectas) es posible empezar a vislumbrar que el modelo de construcción de poder político del kirchnerismo tocó fondo. Los sueldos son cada vez más flacos y estamos a las puertas de una hiperinflación que termine de devorarlos. Solo falta la cláusula de gatillo automático que había en el final del gobierno de Alfonsín como para que este déja vu ochentoso se empiece a convertir en una realidad un tanto más palpable.

Los números no acompañan al gobierno, que ve cómo las malas noticias económicas -y la inestabilidad psiquiátrica de los agresores- terminaron de opacar todo lo relacionado con el atentado a la vicepresidenta. Es tan grande el malestar que, incluso con una mayoría de la gente que sigue defendiendo la democracia como forma de gobierno, no hubo grandes muestras de solidaridad para con la ex primera dama.

Ya no hay muchos trucos para desviar la atención, y ese gran distractor que suele ser el mundial de fútbol está a tres meses de distancia. La costumbre de que la pasión futbolera nuble el juicio de la gente que elige seguir el derrotero de la selección traicionó a los que preparan sus ajustes político-económicos para las primaveras mundialistas.

En el kirchnerismo menos racional deben estar culpando a la FIFA, que eligió llevar el mundial a Qatar y sacarlo de esta franja del calendario, fecha histórica de realización de cada cita ecuménica. ¿A quién se le ocurre poner un mundial en diciembre, cerca del vitel toné, en lugar de que se juegue antes de que empiecen los calores fuertes?

Si no fue la FIFA, seguramente fue la CIA. Aunque si no es la embajada también pueden haber sido los medios. O tal vez la Sociedad Rural. ¡Cómo nos vamos a olvidar de Soros o de la Banca Rothschild! Todos enemigos de la patria que engañan y envenenan al pueblo para ponerlos en contra del Proyecto Nacional y Popular.

O quizás no es nada de eso, sino el devenir del mundo y del azar que expone, con absoluta crudeza, la impericia, inoperancia e inutilidad de los que deciden el destino del país desde hace casi dos décadas.