Eso que Elvis hizo

Tenía que ser Baz Luhrmann, un iconoclasta de aquellos, el director que se atreviera a elegir como relator de su película “Elvis” al Coronel Parker, ese personaje maldito al que muchos le adjudican las penurias del ídolo rockero, a quien acompañó como mánager desde sus inicios.

J.C. Maraddón

Hoy se están cumpliendo 45 años de la muerte de Elvis Presley, el cantante que cambió para siempre el rumbo de la música contemporánea cuando, desde su condición de blanco, catalizó la música y el baile que antes habían estado restringidos a la comunidad afroamericana estadounidense. No queda claro aún si se trató de una vampirización lisa y llana o un gesto de admiración y condescendencia. Pero desde ese momento ya nada fue igual y aquel fenómeno que él desató a mediados del siglo veinte marcó el pulso de las siguientes siete décadas, en las que jamás ha cesado el culto a su figura.

Cada tanto, se produce una nueva aproximación a los detalles de su vida, que de tanto ser relatada se parece más a un evangelio que a una biografía, porque hallamos allí desde milagros hasta martirologios, como lo fue su decadencia estrepitosa, que acentuó la adicción a los barbitúricos y sólo se detuvo el día de su fallecimiento, el 16 de agosto de 1977, cuando apenas contaba con 42 años. Inmortal y sonriente, se lo adora como el ídolo pop que sentó las bases de la cultura rock y que integró a los jóvenes como pilares del mercado discográfico.

Nos han contado tantas veces sobre el carisma que lo catapultó a la fama a través del sello Sun Records, sobre la fiebre roncarolera que encabezó, sobre su posterior inclinación hacia el soul y el góspel, sobre sus bizarros shows en Las Vegas y sobre ese epílogo indigno en su mansión de Graceland, que pareciera imposible encontrar a esta altura entre sus andanzas algún elemento nuevo que nos sorprenda. A través de artículos, películas, libros, programas de televisión y muchos otros formatos, hemos aprendido a hilvanar esos acontecimientos que jalonaron su carrera, tanto en el ámbito público como en el privado.

Entonces, quien pretenda hoy recontar esa historia deberá hacerlo de un modo novedoso, sin que los mismos sucesos tan conocidos por todos lleven a la gente a la abulia propia del que asiste por enésima vez a una narración de la que conoce cómo empieza, cómo se desarrolla y cómo termina. Es un desafío sin garantías de éxito encarar esa empresa, salvo que se encuentre una manera distinta de abordar el mito de Elvis, con el riesgo además de que una perspectiva extravagante pueda llegar a ofender a los que respetan a ultranza esa leyenda oficial.

Tenía que ser Baz Luhrmann, un iconoclasta de aquellos, el director que se atreviera a cargar con semejante mochila. Y su apuesta ha sido, como corresponde a su currículum, a todo o nada. En su filme “Elvis”, que se estrenó en salas y próximamente estará disponible en HBO Max, eligió como relator al Coronel Tom Parker, un personaje maldito al que muchos le adjudican las penurias de Presley, a quien acompañó como mánager desde sus inicios. Así, desde la mirada del villano, Luhrmann resignifica cada paso en la trayectoria del astro rockero, dotando de un lustre diferente a aquello que todos sabemos.

Por supuesto, debido a esa “incorrección” el cineasta se ganó repulsas varias, que también alcanzaron a los protagonistas de la cinta, Austin Butler como Elvis Presley y Tom Hanks como el coronel Parker. Pero no es poco el mérito de haber otorgado relevancia al controvertido representante, cuyo estilo de trabajo terminó imponiendo un modelo que muchos en la industria iban a copiar en el futuro, y que el propio Hanks caricaturizó en 1996 en la comedia “That Thing You Do”, dirigida por él, donde también asumía el rol de agente artístico de una banda de rock ficticia a comienzos de la década del sesenta.