Cada uno con su bandera

Las banderas ayudan a dividir tribus y países. Por eso algunos se las confunden, las mezclan, las exhiben o las guardan.

Por Javier Boher

¡Buen día, amigo lector! Qué felicidad de que tuvimos un fin de semana largo para disfrutar un poco, aunque este tipo de fechas sirvan específicamente para adelantar el fin de mes. No hace falta que se lo diga, estimado, pero los presupuestos familiares vienen más peleados que la interna de Juntos por el Cargo después de que Lila salió a pegar como Quique Hrabina.

Por suerte acá estamos para tomarnos las cosas un poco más relajados, porque no es cuestión de andar siempre amargados y enojados con el mundo, tal como le debe estar pasando a la Desaforada de Recoleta ahora que el fiscal Luciani se puso en modo Golden Stripper para leer el alegato.

Ojo, estimado, que el fiscal tiene en su CV el impresionante respaldo de haber llegado con Justicia Legítima, esa corriente interna de la Justicia que intentó destrabar desde adentro todo lo que ha hecho siempre el kirchnerismo. Eso sí, han tenido el mismo éxito que gestionando cualquier cosa, porque sus logros han sido más que modestos…

Pero no nos importa tanto esa exhibición de porno soft que ha tirado el fiscal a cargo de todo el trámite. Con los dilatados tiempos del Poder Judicial, para cuando lleguemos a la etapa de que haya una condena (o no que no la haya, por supuesto) solo van a poder hacer una peli de amor romántico, nada que implique mediana actividad física.

Eso de los tiempos es todo un tema en este país. El otro día apareció un resumen de producción de un programa de radio que hacíamos hace casi una década. Marzo de 2014, los temas giraban alrededor de qué haría el Tigrense Taimado como opositor y cuál sería el futuro de UNEN; Gatricio no existía. Al año Massa estaba más pinchado que muñeco vudú de Luciani y UNEN había desaparecido para que apareciera Cambiemos. El reloj acá corre diferente, estimado.

Esto de la interna cambiemita es todo un tema. La autoproclamada vocera de la Virgen decidió repartir para todos lados. Es al vicio, estimado: no pasan dos meses sin que le empiecen a armar el velatorio, pidan las coronas y todo eso, pero en cuanto le dejan medio centímetro sale a enrostrarles que es de las más vivas que hay en la coalición.

No dijo nada descabellado, pero quizás se pasó de purista. Pidió dividir entre republicanos y peronistas, cosa con la que muchos estamos de acuerdo, especialmente porque no tenemos que ganar elecciones. “Los ladrillos también se hacen con bosta”, decía el Yéneral, y las elecciones se ganan sumando peronistas. Ainsori Lila, pero esa es la verdad.

No es ninguna zonza, así que lo tiene más claro que nadie. Lo que hizo fue patear la estantería como para que se caigan los que están tratando de poner un pie en la estantería de al lado. Le salió bastante bien, porque de golpe todos tuvieron que salir a mostrar que están en el mismo lugar, no tratando de tender puentes con el superministro de la supereconomía.

Un amigo una vez me lo dijo con claridad: esos tipos son valiosos cuando están afuera. Una vez que cerraron el precio y se metieron adentro, ya no valen nada. Eso le pasó a Monzó y eso es lo que le pasó a Massa. El que todavía no se puso precio, pero hace todo lo posible para subírselo, es nuestro joven hijo de Barrio Talleres, que se contonea para atraer las miradas de los que necesitan pareja para las elecciones.

Por suerte, como en este país los tiempos tienen vida propia, nada de lo que pongamos en estas líneas va a ser cierto ni siquiera en un mes. Después todos se cruzan como quieren y arman lo que necesitan en el momento para ganar una elección, olvidándose un poco que después hay que gobernar. ¡Y algunos piden un acto de La Moncloa criollo!. El último que hicimos fue el de Olivos, y así estamos…

Tengo que cerrar con un dato de color que nos enteramos por un periodista de Clarín. Resulta que en un ágape de Cancillería se confundieron la bandera de Suiza con la de Dinamarca. Sí, las dos son rojas con la cruz blanca, pero la primera es cuadrada con la cruz más chica en el medio, mientras que la otra es rectangular y con la típica cruz nórdica que tienen TODAS las banderas de los países de los vikingos.

Por eso, estimado, teniendo en cuenta el altísimo nivel de preparación de una Cancillería que se parece al Boca del Bambino Veira, ese del que Latorre dijo que era un cabaret, podríamos imaginar que al periodista le dijeron Suiza, pero que bien podría haber sido Suecia, porque todos esos gringos son iguales. En una de esas cuando al Canciller le pidieron la bandera lo hicieron en inglés, lo que complicó todo. No es fácil llegar a ocupar el cargo por apellido, estimado, porque nadie sabe lo difícil que es saber que en algún momento vas a quedar así en ridículo.

¿Sabe qué es lo peor, estimado? Que esa gente es muy preparada. Yo sé que era un ñoño, pero teníamos un compañero con el que jugábamos a sabernos los países, capitales y banderas de todos los países cuando apenas teníamos 12 años. No había smartphones, pero con más razón: ahora es mucho más difícil errarle. “Oye, Siri, ¿cómo es la bandera danesa?”, y ahí nomás tenés todas las banderas que han usado desde la Edad de Hierro (no puse “hey, Google”, estimado, porque los dos sabemos que los empleados público usan Iphone, especialmente si son nacionalpopulistas).

Se me terminó el espacio en este salpicado de noticias con las que cerramos la última semana. Ahora sólo hay que ver con qué nos sorprenden en esta, porque -increíblemente- siempre encuentran con qué sorprendernos.

Tenga buena semana.