“Redes sociales : La era de la desinformación y los riesgos para la humanidad “ – Capitulo 2

 Por Luciana Flores

“Las democracias modernas deberán crear los mecanismos y los instrumentos para hacer más virtuoso el uso de las nuevas tecnologías a favor de la humanidad”.

La velocidad de procesamiento de la información

Un aspecto fundamental a considerar es el hecho de que todo esto está impulsado por tecnología que avanza exponencialmente. “Aproximadamente desde los años 60 hasta hoy la potencia de procesamiento ha aumentado tres mil millones de veces”. Ningún otro avance tecnológico en la historia de la humanidad ha aumentado a este ritmo. “A modo de ejemplo, los autos son como mucho el doble de rápidos y casi todo lo demás es insignificante en relación a este desarrollo”. Y quizás, lo más importante, es que nuestra fisiología, nuestros cerebros, no han logrado evolucionar a la misma velocidad, con el riesgo de que la humanidad pierda el control ante el avance de la inteligencia artificial.

Los nuevos tiempos, atravesados por las nuevas tecnologías de la comunicación, un boom de la información y la velocidad de su reproducción, hace que nos volvamos incapaces de procesar toda esa información, con la gravedad que “otros” la procesan por nosotros y hasta incluso sean “otros” los que decidan qué información nos llegará

Si a todo esto sumamos que, naturalmente los seres humanos tenemos la “tendencia” a recibir más amigablemente la información que se adapta a nuestros preconceptos y prejuicios, enriquecer el pensamiento, y con él la toma de decisiones, se vuelve prácticamente imposible

Es por ello, que la transformación cultural debe comenzar en las universidades. Las universidades no deben únicamente formar “tecnócratas”. Es necesario formar también “pensadores” capaces de elaborar ideas, si se pretende construir futuro.

Si no incluimos en las currículas académicas la formación del “pensamiento crítico”, cada vez será más complejo formar a ciudadanos libres, capaces de demandar gobiernos virtuosos sin más intereses que los del bien común. 

Será igualmente difícil, formar líderes para el mañana, capaces de lidiar con realidades cada vez más complejas, que requerirán cada vez más habilidades y mayor capacidad de procesar la información y desarrollar un sistema de ideas a partir de las propias convicciones y no de los “estímulos direccionados por los algoritmos”.

La ausencia de regulación

Las plataformas digitales se encuentran en la actualidad entre las empresas más ricas del mundo, con valores de mercado mayores al PBI de muchos países.

Sin embargo, este crecimiento exponencial no fue acompañado de reglas y normas que regulen su utilización y que protejan los intereses y derechos de los usuarios.

Gigantescas “cajas negras” de información, bases de datos y algoritmos, de origen, contenido y uso desconocido y desregulado, terminan siendo presas de quienes desde el anonimato y la clandestinidad tienen el poder de utilizarlos a su favor, imponiendo sus reglas en beneficio propio. 

Las redes sociales han sido transmisores de teorías conspirativas, movimientos radicalizados o extremistas, información falsa e intereses ilegítimos. Hemos naturalizado la cultura de la manipulación a través de la utilización perversa de abrumadoras bases de datos de gustos y preferencias de los individuos. Los algoritmos se ocupan del resto en la peligrosa era de la posverdad.

El “principio de legalidad” es la condición necesaria para la democracia liberal. Sin este principio, las democracias corren el riesgo de ser manipuladas por sectores de poder con intereses que pueden ir en la dirección contraria al interés colectivo. 

Recientemente la justicia de Texas le puso precio a la desinformación, en una sentencia histórica que podría sentar un precedente para futuros casos de manipulación, difamación y libelo en Estados Unidos. El teórico de la conspiración Alex Jones fue condenado a una multa de 45,2 millones de dólares por negar la matanza en la escuela elemental de Sandy Hook (Connecticut), que hace diez años se cobró la vida de 26 alumnos, apelando que todo fue un engaño del gobierno de EE. UU. y que las víctimas mortales eran actores que simularon la masacre para que sirviera como pretexto para quitarles las armas a los estadounidenses. El juicio fue iniciado por los padres de las víctimas.

Durante el proceso, además, quedó al descubierto la ocultación de la colosal fortuna de Jones, valorada en cientos de millones de dólares y obtenida gracias a los seguidores de la desinformación, las teorías conspirativas, discursos de odio y glorificación de la violencia que propalaba en su canal InfoWar.

La expansión de la desinformación amenaza a las sociedades del mundo y a los sistemas democráticos. Pero más grave que las noticias falsas son sus consecuencias ¿Cómo manejar una pandemia en la era de las noticias falsas? Las fuentes que difundían información falsa del coronavirus acumularon miles de millones de visualizaciones y seguidores en redes sociales en el mundo entero. Lo que vimos con el COVID 19 es un ejemplo de la gravedad de lo que sucede en nuestro ecosistema de información.

Las instituciones no pueden permanecer indiferentes a las consecuencias tanto de la desinformación como del inadecuado uso y tratamiento que hacen las empresas tecnológicas de nuestros datos.

El avance de la inteligencia artificial nos impone nuevos desafíos para evitar que la misma sea utilizada para hacer el mal, manipular, engañar, dominar o destruir el sistema de valores que hace a la esencia misma de la vida en común.

Las democracias modernas deberán crear los mecanismos y los instrumentos para hacer más virtuoso el uso de las nuevas tecnologías a favor de la humanidad.

 

Lic. Mgter. Luciana Flores.

Licenciada en administración de empresas. 

Magíster en gerencia y administración de servicios de salud.

Sector Privado: Gerencia financiera CyL S.A.

Sector público: Área Gestión de Calidad de la Subsecretaría de Discapacidad de la Provincia de Córdoba.

Redes:

Twitter: @luflorescba

Instagram: @lucianaflorescba 

LinkedIn: Luciana Flores