Planes, escuelas e inasistencia

La noticia de que el gobierno de CABA va a cortar planes a los que no mandan a sus hijos a la escuela fue tendencia. Sin embargo, para que sirva también deben ir los docentes.

Por Javier Boher
@cacoboher

La educación hace mucho tiempo dejó de ser prioridad para la gente. Es una cáscara vacía, un muñeco que representa algo que ya nadie sabe muy bien qué es, pero que por las dudas hay que seguir sosteniendo. Por eso los políticos dicen que tienen propuestas para educación, los gremialistas docentes dicen que les importan los chicos y la gente encuestada en la calle dice que eso es fundamental en un político.

En este punto, por chocante que sea, es preferible la sinceridad de la “planera influencer”, que se ufanaba de cobrar $105.000 por no hacer nada, sin pedirle a los políticos otra cosa que planes. No decía “educación”, “trabajo”, ni “seguridad”, como si la agarraba un notero en la calle, sino que en su propia cuenta de tiktok despejó todas las dudas sobre su devoción a la biyuya.

Izamos la bandera cuando es el Día del Maestro y alguno escribe un discurso emotivo sobre las blancas palomitas en el Día del Estudiante. A esta altura del partido, lo que vemos es una gran farsa, una puesta en escena descomunal sobre algo que no está en las prioridades de nadie.

Cada año los docentes nos damos con lo mismo a la hora de cerrar notas: un iluminado desde atrás de un escritorio decide, a menos de una semana del cierre, cambiar la forma de comunicar el rendimiento de los alumnos. Ni hablar de las calificaciones en sí, ese gris que muchas veces depende de decisiones que se toman puertas adentro de una escuela, como no calificar en los extremos de la escala, sea no satisfactorio o excelente.

Ayer y anteayer se habló mucho de una decisión que tomó el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en lo referido a la educación. Se trata de vincular la obligación parental de llevar a los chicos a la escuela con los planes sociales. Así, alumnos que acumulen demasiadas faltas le significarán a los padres la suspensión de uno de los planes que paga la capital.

A partir de eso hay que señalar distintas aristas. Primero, que el distrito más opulento del país, señalado por todos los kirchneristas como cueva de la oligarquía, también paga planes sociales. Porque en política todos los gatos (y todos los pelados) son pardos.

La segunda es la decisión en sí, la de retirar un aporte dinerario a quien no cumpla con llevar a los hijos a la escuela, algo que estaba en los justificativos de la AUH y que parece ser otro caso más de letra muerta.

Tal vez no lo es, sino que obedece a los criterios con los cuales se define que un alumno está escolarizado. En las primarias cordobesas, por ejemplo, un alumno puede perderse un tercio de las clases del año hasta quedarse libre. Así, de los 180 días de clases se puede perder 60, que serían alrededor de tres meses de días hábiles.

Hacia allí intenta apuntar la medida del gobierno porteño, a reducir la irregularidad con la que los alumnos asisten a la escuela, lo que genera baches en los que más faltan y aumenta la brecha entre los que están en la escuela y los que se quedan en su casa.

Pero eso es sólo una parte de la cuestión, la que hace al gobierno y a los padres, pero queda afuera la pata de empleados del Estado que son los docentes. ¿De qué manera se asegura un régimen de calidad en el que valga la pena llevar a los chicos al colegio?.

Mi hija está en cuarto grado. Es buena alumna y aspira a la bandera, porque el esfuerzo y la constancia en lo académico no se negocian. Pero el lunes pasado el maestro faltó porque se sentía mal. De martes a lunes lo cubrió la vicedirectora, porque resultó ser covid. Volvió el martes, pero el miércoles decidió plegarse al paro en solidaridad con un dirigente sindical chubutense responsable de prender fuego la legislatura de la provincia.

Santiago Goodman fue el que dijo “a enseñar se enseña luchando”, en una provincia en la que los chicos casi no han tenido clases en los últimos cuatro años. Por ese tipo no tuvieron clases en un cuarto grado en el que todavía hay chicos que no suman ni restan o que no saben leer. Es una catástrofe educativa en la que nadie parece preocuparse por esos que van a tener dificultad para conseguir un buen trabajo en un país en el que cada vez es más difícil salir de la pobreza.

Hablando con la directora, me dijo que los chicos no se pueden saltear la jornada extendida, porque el año que viene la bandera también se asigna a partir de esas calificaciones. Pedí los contenidos para poder prepararla para las evaluaciones y la respuesta fue que lo importante es lo convivencial, porque es aula-taller. Es decir que se pone nota y se entrega la bandera más por ser buen compañero que por mérito académico.

La jornada extendida tiene lo suyo: hay dos profesoras que no van en protesta porque se demoran en pagarles (por los benditos MAB que procesan a paso de tortuga los burócratas que no ven a un docente desde que fueron a la primaria) o que faltan sin justificación. Una pidió carpeta médica por un problema de salud, pero cuando salimos a caminar por el río la encontramos tomando mate con amigas.

¿Qué ejemplo pueden dar los padres si la educación pública se cae a pedazos de esa manera?¿qué pueden hacer los padres que no tienen los recursos culturales o simbólicos para acompañar a sus hijos?.

Cortarle los planes a los padres puede ayudar en algo a la asistencia, pero para eso los docentes tienen que ir a clases. ¿Para qué sirve una escuela en la que no hay nadie que enseñe?¿para qué sirve una escuela en la que los docentes no piensan en que lo fundamental es enseñar?.

Córdoba hace podio cada vez que se toman evaluaciones Aprender, incluso en estas condiciones deplorables en las que se encuentra la escuela pública, en las que hay que celebrar que un legislador departamental les mande -como si fuese una gracia propia- un par de tachos de pintura para lavarle (¿o para lavarse?) la cara.

La medida de Larreta es más electoralista que otra cosa, porque no resuelve todos estos otros problemas que se acumulan en el único vehículo de movilidad social que puede ayudar a los chicos a pensar en un futuro mejor. ¿Cortarles los planes a los padres? Quizás también haya que cortarles los sueldos a los burócratas de educación.