Hay que sacar la barba, Alberto

Las ideas económicas que esboza el presidene nos recuerdan a una icónica escena de Los Simpson.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Los Simpson son una referencia cultural ineludible para los que estamos entre los 30 y los 40 años. Tal vez sea porque atravesamos toda nuestra niñez y adolescencia con un reloj televisivo que señalaba que todo el día, casi que a toda hora, los podíamos ver en algún canal. Estaban cuando los querías ver, pero en los años previos a la existencia de la tele on demand.

Los de esta generación tenemos frases sacadas de ahí, escenas que repetimos de memoria y referencias elusivas para los que se alejan de nuestra franja etaria. Todo nos remite a la serie de Matt Groening, a la que pudimos disfrutar en su esplendor, antes de la irrupción de la corrección política millennial.

Algo tiene Argentina con Los Simpson, porque acá están los mayores fanáticos de la serie en todo el mundo, según lo dijo su propio creador, que casualmente armó pareja con una mujer de acá. En una de esas es la corrupción de los políticos que nos recuerdan al Alcalde Diamante, la ineptitud de la policía a cargo del Jefe Gorgory, la inescrupulosidad del Sr. Burns o simplemente la ingenuidad de un pueblo que en toda su vida siempre confió en los mismos de siempre, como nosotros.

A lo largo de todas las temporadas hubo más de una secuencia con chantas que vendían ilusiones, pero ninguna de esas nos convoca hoy (aunque bien cabría pensar en algo así). Los que nos importan son los anuncios en materia económica, el área más problemática de un gobierno que no puede mostrar ni un solo acierto en ningún campo.

Hay un capítulo en el que los docentes deciden ir al paro. Como en el gobierno de María Eugenia Vidal ante los paros de Baradel, se decide convocar a ciudadanos para que reemplacen a los docentes. Así se ve desfilar por las aulas a lo más variado de la sociedad springfieldiana.

En una escena están el abuelo Simpson y Gaspar, su compañero de geriátrico, al que se le ha trabado la barba en un sacapuntas fijo de mesa. El abuelo examina detenidamente el problema y le vuelve a dar vueltas a la manija, lo que hace que el aparato le coma un poco más la barba. Después de analizar la situación un poco más el cuadro se repite, con el sacapuntas atrapando más barba que en la vez anterior.

Eso es lo que está haciendo el gobierno con la economía.

Ayer el presidente presentó un nuevo mercado para los vecinos de Lomas, que encontrarán ahí recios accesibles, es decir, precios subsidiados que agranden el déficit. Anunció, además, que convocará a los empresarios y a los trabajadores para negociar un congelamiento de precios o salarios, la única idea que repiten sistemáticamente desde que arrancaron la gestión.

El gobierno tiene la barba atrapada en el sacapuntas y de nuevo le da rosca a lo que lo puso en la situación incómoda en la que se encuentra, en lugar de buscar otra solución para liberarla y respirar aliviado. Tal vez por eso los Simpson pegaron tanto.