Fassi, de criticado por habilitar visitantes a aplaudido por defensor del pueblo

El presidente de Talleres tuvo una semana mediática con cintura política especial: de darle 10 mil entradas a Vélez pasó a llenar el Kempes con hinchas propios en el duelo clave por la copa.

Federico Jelic 

De demonio a venerado, o mejor dicho, dentro de la volatilidad de las redes sociales y el impacto en el humor de muchas determinaciones, el presidente de Talleres fue criticado y luego elogiado por su actuación y postura con respecto al partido ante Vélez en el Mario Kempes, por la Copa Libertadores de América. Mientras en la semana previa fue fustigado por sus propios hinchas albiazules por la decisión política de darle la totalidad de la tribuna Artime para la revancha, luego de los incidentes en Liniers, pasó a ser aplaudido por no habilitar público visitante y llenar esa cabecera con simpatizantes propios. Todo, con la versatilidad y la flexibilidad que tienen los instintos pasionales.

¿Qué ocurrió? Como Cosedepro no autorizó a hinchas de Vélez en el mundialista de Córdoba, en procura de mantener la seguridad y la paz para el desquite, en pos de evitar algún intento de venganza de parte de los golpeados en el “José Amalfitani”, Fassi apoyó la medida, redoblando la apuesta y logrando su cometido: cancha llena y con socios para buscar el pasaje a semifinales. Pero el trayecto de la información no fue nítida, hubo aguas agitadas en la previa y una serie de incidentes que propiciaron este incidente, donde quien quedó mejor parado fue, valga la redundancia, Fassi.

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Luego de la eliminación sobre Colón de Santa Fe, el espíritu del hincha de Talleres volaba más allá del cielo y la estratósfera. Conocida la clasificación de Vélez, sabiendo que definirá de local la llave, desde el corazón de la gente se instaló el hecho de que el albiazul podría llenar el Kempes solo con su gente. Pero en realidad todo nació como una respuesta luego de la determinación del club de Liniers de no venderle boletos al público visitante. Conmebol en su reglamento indica que por protocolo se debe asignar un mínimo de dos mil ubicaciones en cuartos de final, no obstante, en Buenos Aires, rige por esa jurisdicción de que  entre equipos del mismo país o de la misma ciudad, solo se disputa con hinchas locales. Ocurrió ante Estudiantes de La Plata y River Plate.

Talleres mediante Fassi hizo el intento, no encontró eco en sus pares dirigenciales y desde los organismos de seguridad (Aprevide) primero le dijeron una cosa y luego desmintieron con otra.

Ante esta situación los hinchas estallaron de furia y más cuando Fassi desde el primer momento habló de institucionalidad y de otorgarle a Vélez la totalidad de la cabecera Artime, como pasó ante Colón. Las redes tomaron estado flamígero en contra del titular albiazul.

Fassi siempre tuvo la idea de respetar ese protocolo, de vender entradas y hacer su negocio. La panorámica cambió cuando en Liniers los barras locales golpearon a infiltrados de Talleres en la platea sur Alta donde también había invitados por protocolo, en lo que pudo ser una masacre total.

El repudio de Fassi no tardó en llegar, pero vale aclarar que Talleres ya le había vendido 10 mil entradas a Vélez (casi 80 millones de pesos) pero con la medida de Cosedepro y del Ministerio de Seguridad de la Provincia, no hubo más objeto que acatar. Allí es donde actuó Fassi, con declaraciones mediáticas enardecidas, defendiendo los intereses de los hinchas albiazules, criticando a Vélez y al operativo de seguridad, además de plegarse a la posición de los organismos de seguridad de no habilitar hinchada visitante. Allí pasó a ser casi el Defensor del Pueblo, en Onbudsman, el fiel representante y todo tomó estado natural.

En un comunicado Vélez hizo saber la preocupación por la privación de su gente en el Kempes en la revancha, además de pedirle disculpas a su plateístas por los episodios de violencia. Pero a Talleres, nunca le soltó algún pedido oportuno de perdón. Fassi respondió con altura: anunció la nueva venta de entradas en la Artime, con descuentos para escuelitas de fútbol y logró inscribir otros socios para completar y colmar no solo esa tribuna sino todo el estadio, para el partido más importante de la historia del club, con casi 60 mil espectadores. Todos locales, todos socios. Un sueño en voz alta concretado por incidentes violentos y como respuesta de una medida diferente en los días previos. Supo acomodar la cintura y hoy es aplaudido, por su gesto heroico y por dejar el Kempes repleto en su hora gloriosa.