Chiche Grosso: El último de una estirpe irrepetible

Por Ramón J. Mestre

Escribo estas líneas mientras regreso de General Cabrera de despedir a Chiche Grosso.

La partida de Chiche no solo nos conmueve por que se va un radical extraordinario sino también por que es quizá el último de una estirpe de radicales irrepetibles.

La generación de radicales nacidos en la década del 30, tuvo características que los destacaron y nos honran.

Ellos fueron los que mantuvieron vivo el partido durante la última dictadura militar y encabezaron la recuperación democrática.

Esa lucha los forjó en un temple que los hizo valorar la democracia como un tesoro a preservar y que en el ejercicio de los cargos públicos los alejó de todo boato o sensualismo del poder. No eran estrellas de TV, eran hombres comunes capaces de regresar a sus terruños y a su vida de hombres del pueblo. Así fue Chiche Grosso, que después de ser dos veces vicegobernador, diputado y senador nacional, terminó sus días sin estridencias en su querida General Cabrera.

Esa generación fue también la que se formó bajo la protección de Don Arturo, ese santo laico de la Unión Cívica Radical de Còrdoba y el país que nos inspira cada día. Grosso también, al igual que Illia, tuvo destacada actuación en Buenos Aires. Todos los que hemos sido legisladores nacionales sabemos q las luces de la capital son capaces de atrapar a quienes ejercen la política con desapego del pueblo radical; por eso Chiche pasó con altruismo por las dos cámaras del congreso sabiendo que el teatro de su vida estaba en Córdoba.

Chiche Grosso nos honró con su generosidad, cuando nos tocó presidir  el comité provincial, el mismo lugar que el había ocupado, nunca puso palos en la rueda, más bien siempre tuvo la mano amiga para acompañar, aconsejar y dar fuerzas.

Puedo decir sin dudar que con la partida de Chiche los radicales nos quedamos más huérfanos que ayer.