El aplauso de los incondicionales

Con su reciente single “The Boy”, el grupo estadounidense The Killers está protagonizando por estos días un revival que reenvía al público hacia la primera década de este nuevo siglo, cuando esa banda encabezó una renovación más que saludable del panorama del pop rock.

J.C. Maraddón

Tal vez el secreto de algunas bandas o solistas que han conseguido trascender más allá de lo efímero del éxito de sus canciones, consista en acertar con un sonido que traduzca el espíritu de su época y que se inscriba en la evocación de cualquiera que pretenda recordar ese periodo de su vida. Es un fenómeno que transforma esa música en la marca registrada de un momento, porque sus características responden a lo que millones de personas estaban escuchando casi en simultáneo, mientras llevaban adelante sus actividades cotidianas, quizás justo en una etapa en que fueron felices de manera prolongada.

Por eso, su difusión se extiende hacia el futuro, como resabio de esos días y como un reaseguro de que ese regocijo no será olvidado. No son tantos los que consiguen generar ese efecto. Y en no pocas oportunidades tal conjunción se produce de forma no buscada, como resultado de una serie de coincidencias que jamás podrían entrar dentro de los cálculos del artista, ni de su management ni de su sello grabador. Pero sería muy necio negar que esos milagros creativos son los que devienen en clásicos, más allá de las cualidades atribuidas o no por la crítica a la figura en cuestión.

Esa sincronía entre una producción musical y el tiempo histórico en que se da a conocer suele ser algo único, que no responde a fórmulas preestablecidas y que se resiste a la repetición. Si determinadas canciones hubiesen aparecido en una instancia diferente a la que les dio la bienvenida, podrían no haber gozado de idéntica recepción. Aunque, por razones obvias, esta presunción no puede ser comprobada, convengamos en que muchos de los hits que poblaron los charts durante el siglo veinte no se adecuan a la realidad actual y tan sólo perviven como memoria sonora.

Y es ese el motivo por el que el regreso a sus raíces de un intérprete que se consagró en el pasado, de ninguna manera garantiza que aquel estilo que fue la base de su suceso, vaya a tener más adelante la misma efectividad. Probablemente, quienes fueron sus fans en la cumbre de su gloria se emocionen con ese retorno a las fuentes, pero al cambiar el contexto no es seguro que esa propuesta vaya a resultar convincente para todos los demás. Existen demasiados ejemplos de ese tipo de estrategias que no han logrado su objetivo, y escasas muestras que hayan dado en el blanco.

El más reciente de esos intentos es el motorizado por el grupo estadounidense The Killers, que con su single “Boy” está protagonizando por estos días un revival que reenvía al público hacia la primera década de esta nueva centuria, cuando esa banda encabezó una renovación más que saludable del pop rock. Bajo el liderazgo del carismático cantante Brandon Flowers, ellos combinaron el ímpetu rockero con la cadencia electro, para dar a luz algunas de las piezas más recordadas de aquellos años, como “Mr. Brightside” y “Somebody Told Me”, de 2004, junto a “Human”, de 2008.

Estrenado en sus shows de comienzos de julio, “Boy” fue registrado en estudios y terminó lanzado como sencillo el viernes pasado, para alegría de los seguidores que vienen tras los pasos de la formación desde sus comienzos y que encuentran en esta canción mucho de aquello que fue distintivo de The Killers en su ascenso a la fama. Pero el mundo de hoy no es el mismo que los consagró cuando irrumpieron en el panorama discográfico. Y el mérito de retroceder para volver a tomar impulso no ofrece garantías de un reconocimiento que vaya más allá del aplauso de los incondicionales.