Una trágica mitología argentina

La serie “Santa Evita” que estrenó la plataforma Star+ hace algunos días, se toma sus propias licencias y, si bien se reclama como inspirada en la novela de Tomás Eloy Martínez, elige de allí uno de los tantos vericuetos posibles y lo moldea de acuerdo a los intereses específicos del guion.

J.C. Maraddón

“Todo relato es, por definición, infiel. La realidad, como ya dije, no se puede contar ni repetir. Lo único que se puede hacer con la realidad es inventarla de nuevo”. La cita corresponde a “Santa Evita”, el libro publicado por Tomás Eloy Martínez en 1995, que intenta reconstruir el derrotero del cadáver de Eva Duarte, luego de que el doctor Pedro Ara, cumpliendo órdenes de Juan Domingo Perón, procediera a embalsamar el cuerpo de la difunta esposa del entonces presidente. Por supuesto, al narrar esta historia el autor sabe que está ingresando en un territorio plagado de mitos y leyendas.

En vez de amedrentarse ante la tarea de escribir sobre algo que admite tantas versiones como testigos directos e indirectos se consulten, Tomás Eloy Martínez elige el camino de una ficción histórica porque sabe que será imposible reconstruir con fidelidad hechos que han permanecido durante años en el mayor de los secretos. Y apuesta a que su recreación esté a la altura de las circunstancias y a que todas esas fábulas lindantes con la superchería y el culto pagano puedan estructurarse como parte de una pieza literaria que contribuya a entender tanto la veneración como el odio despertado por Evita.

Así como dio lugar a la elaboración de una ópera rock que también fue llevada al cine, la tragedia de esa mujer que se convirtió en legendaria en apenas 33 años de vida se prolongó en el tiempo a partir del trayecto errante al que fue sometido su cuerpo embalsamado, del que adeptos y detractores hicieron un botín de guerra. Y es este último fenómeno sobre el que se cimienta la trama de la novela “Santa Evita”, abriéndose a todas las posibilidades y nutriéndose de todos los testimonios, a partir del cuento “Esa mujer”, que Rodolfo Walsh escribió 30 años antes de que apareciera el best seller de Tomás Eloy Martínez.

Si llevar al lenguaje audiovisual la biografía de un personaje tan controvertido asoma como un peligroso emprendimiento para cualquiera, peores perspectivas pueden augurarse a un proyecto que ponga en pantalla esa arriesgada perspectiva que presenta “Santa Evita”, donde las voces que se suceden para testimoniar los sucesos son tan interesadas como incongruentes. Eso que en la pluma del escritor tucumano sirve para enriquecer la narración, en el formato fílmico puede derivar en un caos argumental que desoriente a los espectadores y distraiga su atención hasta llevarlos a un hastío irredimible.

A sabiendas de ese riesgo, la serie “Santa Evita” que estrenó la plataforma Star+ hace algunos días se toma a su vez sus propias licencias y, si bien se reclama como inspirada en la obra de Tomás Eloy Martínez, elige de allí uno de los tantos vericuetos posibles y lo moldea de acuerdo a los intereses específicos de un guion que se aferra más al atractivo de la acción que a su referencia literaria. Se podrá criticar esa falta de respeto al rigor documental, pero eso es algo que también se le achacó al libro en el cual se basa.

Frente al acierto de escaparle a lo que cuentan los manuales oficiales, la tira adolece de un desparejo desempeño actoral, donde las buenas performances no alcanzan para compensar aquellas que desentonan. Y la reconstrucción de época, en la que se nota un esfuerzo desmesurado, se desmorona a veces con detalles como el cabello del Perón que compone Darío Grandinetti, tan aferrado a su mollera que parece un casco. Sin embargo, la valentía de acometer semejante desafío termina ameritando un juicio ambivalente para este nuevo acercamiento a la mitología del peronismo, entre tantos otros que ahondaron sobre la misma fuente.