Centros Vecinales, 2do round (y por qué son ahora más codiciados)

Mientras el municipio destacó la transparencia y los altos niveles de participación en la primera ronda de elecciones en los Centros Vecinales, sectores del vecinalismo denunciaron irregularidades. El empoderamiento de estas instituciones barriales, una de las claves en la disputa.

Por Felipe Osman

Dos decenas de centros vecinales definieron sus nuevas conducciones tras la confrontación de dos o más listas el último domingo. Otros 27 renovaron sus autoridades, pero por haberse presentado una sola lista no hubo competencia. En total, 47 de estas entidades barriales quedaron normalizadas tras la primera jornada de un operativo planificado para que, en seis domingos, todas hayan repuesto los mandatos que se vencieron durante la pandemia (y algunos meses más). El domingo próximo, otros tantos estarán en disputa.

Desde la Secretaría de Gestión Vecinal se destacó la transparencia con la cual es desarrolló el proceso y la gran participación de los vecinos. Una versión que contrasta con los reclamos de un sector del vecinalismo, que denunció “improlijidades” y “malas prácticas”.

Hay una serie de consideraciones a tener en cuenta. 

En primer lugar, controversias del estilo son habituales en las elecciones de centros vecinales, que -por obvias razones- no presentan mecanismos de fiscalización tan meticulosos, estrictos y aceitados como los que se despliegan en comicios ordinarios.

En segundo término, es necesario diferenciar las responsabilidades que caben a las Juntas Electorales de las que pueden corresponder a la autoridad de aplicación, que en este caso es la Dirección de Centros Vecinales. El principio es que la organización del proceso macro está dirigido por la autoridad de aplicación, pero en cada elección en particular la Junta Electoral es el árbitro, con lo cual resulta casi esperable que existan roces entre las listas minoritarias y una Junta Electoral que en la gran mayoría de los casos reflejará una correlación de fuerzas adversa para las primeras.

Hay, por otro lado, una crítica recurrente este sector del vecinalismo: una injerencia inédita de las estructuras partidarias en los comicios que definen la conducción de los centros vecinales. También hay dos visiones al respecto.

Los vecinalistas que creen que la política partidaria no debe entrometerse en la política vecinal entienden que ésta queda reservada al interés de los vecinos de mejorar su calidad de vida a partir de una articulación horizontal.

No se trata, sin embargo, de un argumento inobjetable. Sería sumamente difícil, sino imposible, trazar una línea entre la política partidaria y la vecinal. Y llegado el caso, tampoco tendría sentido hacerlo. Si así se entendiera, la participación en esos ámbitos quedaría vedada, sin ninguna razón válida, para aquellos que militaran dentro de un partido o tuvieran inquietudes políticas más allá de las fronteras de su vecindario. Lo que sin duda sería reprochable sería valerse de herramientas o posiciones conquistadas a partir de la política partidaria para incidir en la política vecinal. Y en efecto, algunos de los cuestionamientos apuntan en ese sentido.

Ahora bien, el particular interés que en estos comicios existiría en hacerse del control de los Centros Vecinales sí puede ser explicado.

La actual gestión ha potenciado a estas instituciones barriales. Es un hecho que la desconcentración operativa del municipio concede a los Centros Vecinales una nueva herramienta para llevar a cabo sus propósitos a partir de la articulación con los CPC. También lo es que los programas de Presupuesto Participativo Barrial y el Régimen de Autogestión Vecinal, entre otros, han dotado a los Centros Vecinales de la capacidad de direccionar obra y, en el segundo caso, hasta de contratarla. Aunque modesta, hoy los centros vecinales tienen “caja”. Y es evidente que esto los revaloriza frente al interés de distintos actores de la política territorial que ven en ellos no sólo una herramienta de construcción política, sino también un “activo” con el cual demostrar territorio frente a una estructura partidaria.