Un envoltorio que no abunda

“Breslin y Hamill: Las voces de Nueva York”, el documental dirigido por John Block y Jonathan Alter en 2018 que ha sido incorporado a la grilla de HBO Max, recupera la biografía de dos periodistas que cronicaron algunos de los sucesos más importantes de la historia estadounidense.

J.C. Maraddón

Desde este presente acosado por la epidemia de las fake news, hay que admitir que la urgencia informativa le ganó a la precisión y que, en procura de dar una noticia antes que el resto, se sacrificaron no pocos de los valores que alguna vez fueron pilares de la ética periodística. La velocidad con que circulan los contenidos de actualidad, impide muchas veces cumplir con el precepto del chequeo de fuentes y con la búsqueda de archivo que facilite la contextualización de determinado suceso. Las víctimas de esta fiebre moderna suelen ser los consumidores que no escarmientan y siguen creyendo lo increíble.

La democratización que las redes sociales y la web en general han promovido dentro del ámbito de la comunicación, a la vez que ha multiplicado las voces como rasgo positivo, ha puesto en jaque a los mass media, que en vez de jerarquizarse como voceros autorizados de las novedades, ingresaron en una competencia insalubre con los posteos anónimos que no deben responder a ningún rigor de verdad. Las audiencias asisten así a un ring donde una interpretación se enfrenta con otra, adjudicándose cada una la razón y desorientando al público, que termina fanatizándose con uno de los dos bandos.

Y no es que en otras épocas no circulasen falsedades ni se tomase por cierto un dato que no resistía la menor contrastación. Pero la pericia de los profesionales de la prensa ampliaba los espacios para la tarea de recabar todos los elementos necesarios a la hora de ofrecer un material de lectura, que además solía estar redactado con minuciosidad. El poder de síntesis al que obliga Twitter está en las antípodas de esos dossiers que se publicaban (a veces en varias entregas) con la finalidad de agotar las aristas de cierta temática, a la que la coyuntura había puesto en el foco de interés.

Tampoco se puede aseverar que a mediados del siglo veinte no existiese el periodismo militante. Por el contrario, quienes firmaban podían dejar entrever su postura ideológica, aunque generalmente no se ocupaban de insultar a quienes pensaban distinto, sino más bien de reforzar sus argumentos para que fuesen aún más convincentes. Los aires literarios que aportaron ciertos escribas en los años sesenta, al despojarse del corsé de la objetividad, dieron lugar a la aparición de artículos antológicos, que elevaron el nivel de la producción y hasta se dieron el lujo de parir un género, la literatura de no ficción.

Para quienes no vivieron aquel apogeo de la prensa gráfica y para quienes han empezado a olvidar ese gran momento, resulta más que recomendable el documental  “Breslin y Hamill: Las voces de Nueva York”, dirigido por John Block y Jonathan Alter en 2018, que ha sido incorporado a la grilla de HBO Max. Dos redactores que cronicaron algunos de los sucesos más importantes de la historia estadounidense de la segunda mitad del siglo pasado, aparecen allí en carne viva, con sus virtudes y defectos, como narradores del tiempo que les tocó vivir, sin más herramientas que su vocación a toda prueba y su máquina de escribir.

Cada uno a su manera, Jimmy Breslin y Pete Hamill (quienes rivalizaron y en simultáneo compartieron una amistad) expandieron el horizonte de un campo profesional que gracias a ellos (y a otros colegas que les fueron contemporáneos) alcanzó un prestigio que ha sido socavado por la actitud concesiva que empezó a predominar entre muchos de quienes los sucedieron. Gracias a la pluma de estos dos notables, hechos como la Guerra de Vietnam, el asesinato de John Kennedy o la pesquisa del Hijo de Sam llegaron a los lectores dentro de un envoltorio que ahora no abunda.