Sale Alberto, entra Sergio

Por José Emilio Graglia *

La llegada de Sergio Massa al gabinete nacional significa, políticamente hablando, la finalización del mandato presidencial de Alberto Fernández. Es cierto, desde un punto de vista legal y constitucional, él seguirá siendo el titular del Poder Ejecutivo Nacional, hasta el 10 de diciembre de 2023. Pero esa será, apenas, una formalidad.

Fernández es el sétimo presidente elegido mediante el voto popular, desde la recuperación de la democracia representativa y republicana, aquel 10 de diciembre de 1983. De sus antecesores, los dos provenientes de la Unión Cívica Radical –Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa- no terminaron sus mandatos y renunciaron tras las crisis de 1989 y 2001, respectivamente. 

Mauricio Macri fue el primer presidente no peronista ni radical elegido mediante elecciones competitivas (2015). Él sí pudo terminar su mandato de cuatro años, a pesar de la crisis de 2018/2019. Pero no puedo continuarlo, convirtiéndose en el primer presidente argentino que pierde su reelección. Dos marcas en apenas cuatro años. 

Atento a su origen partidario, Fernández es el cuarto presidente “peronista”. De los anteriores, dos fueron reelegidos: Carlos Menem (elegido en 1989 y reelegido en 1995) y Cristina Fernández de Kirchner (elegida en 2007 y reelegida en 2011). Por su parte, Néstor Kirchner puedo ser candidato a la reelección en 2007 y, muy probablemente, pudo ser reelegido, pero no lo quiso.   

A diferencia de todos sus antecesores, Alberto Fernández llegó a la Casa Rosada sin liderar la fuerza política a la que pertenecía. Es más, ni siquiera la tenía, ni un partido político ni una línea interna. A la luz de esos antecedentes se puede explicar el abrupto final de esta rareza política que ha sido la gestión del actual presidente. 

Para decirlo sin vueltas: Alberto Fernández fue candidato a la presidencia de la Nación por obra y gracia de Cristina Fernández de Kirchner. Ella, a través de las redes sociales, le hizo saber al país que él sería su candidato y, por las dudas que hubiera, que ella sería la candidata a la vicepresidencia. Nunca antes había sucedido lo que sucedió aquel 18 de mayo de 2019.

El jugador que no jugó

En un país como el nuestro, las personas que ocupan la presidencia, deben ejercerla. Para eso, deben tener poder político, es decir, autonomía para tomar sus decisiones y ponerlas en marcha. Alfonsín, Menem, de la Rúa y Cristina Fernández lo tuvieron desde el inicio. Todos ganaron sus elecciones clara y contundentemente. 

Kirchner no lo tuvo: llegó a la presidencia con un escaso 22 por ciento de los votos, después perder la primera vuelta y gracias a la deserción de Menem del balotaje. Macri tampoco: ganó en segunda vuelta por una ajustadísima diferencia. Sin embargo, ambos construyeron un poder que, hoy por hoy, sostiene a las fuerzas políticas que crearon.

Alberto no tuvo poder propio y tampoco supo construirlo. Paradójicamente, la pandemia le dio una excepcional oportunidad. Su imagen positiva estuvo por encima del 80 por ciento a inicios del 2020. Actualmente está por debajo del 20 por ciento. ¿Por qué? Porque no supo construir poder político y, sobre esa base, poner en marcha su gestión como Presidente.

Alberto puedo, más de una vez, ponerse al frente del peronismo no kirchnerista, liderar a los gobernadores justicialistas que habían apoyado su candidatura, aliarse al Frente Renovador del mismísimo Sergio Massa y, de esa manera, independizarse de la tutela de su mentora y gestionar con alguna autonomía. Pero no se animó y naufragó en un mar de dudas y rezongos.

Fernández pudo, pero no supo. Sin desconocer la interminable cantidad de obstáculos que el cristinismo le puso en el camino, la implosión de su mandato es, principalmente, la consecuencia de sus vaivenes y desatinos. Cometió los dos errores que no puede cometer un gobernante: subestimar los problemas y sobreestimar su capacidad de resolverlos.  

Si fuera un partido de fútbol, diría que, promediando la mitad del segundo tiempo, la directora técnica del Frente de Todos –que sigue siendo Cristina Fernández- hace un cambio para empatar o no perder por goleada. La figura que puso para ganar el campeonato se va abucheada por la hinchada e ingresa un jugador que no había sido tenido en cuenta para el equipo titular.

 

  • Investigador docente universitario, analista y asesor político. Autor de 20 libros y creador del “modelo relacional de políticas públicas”. Presidente de la Fundación ICES. Doctor por la UNC, la UCC y la Universidad Complutense de Madrid.

 

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