Sobre la tierra al sur del Mundo Nuevo (Segunda parte)

Concluye la transcripción de los párrafos donde Jean de Laet describe las ciudades españolas que se encuentran en el antiguo Tucumán, de su libro publicado por primera vez en 1625, donde se incluyen referencias a Córdoba.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Retrato de Jean de Laet por Jan Gerritsz van Bronckhorst, siglo XVII.

Recorriendo el relato que asentó Jean de Laet en su libro Novum Orbis (o “Nuevo Mundo”) se recogen datos sobre el camino de la antigua Provincia del Tucumán, en base a informaciones tomadas de diversos autores que le precedieron, por el reconocido geógrafo del siglo XVII. Las ciudades fundadas y habitadas por españoles que menciona en su Descripción de las Indias Occidentales el escritor flamenco no siguen el orden que normalmente vemos en los mapas más actuales, ya que comienza por la descripción de Santiago del Estero, antes que la de San Miguel de Tucumán. Dice el geógrafo de los países bajos, basándose en el libro de Antonio de Herrera Descripción de las Indias Occidentales publicado en Madrid en 1601 (el mismo título, o parte del título que dio a su libro Jean de Laet):
“La ciudad principal de esta Provincia se llamó al principio Barco, pero ahora la llaman comúnmente St. Iago del Estero. Está situada (según Herrera) sobre veintiún grados de la línea hacia el sur a ciento ochenta leguas de las minas de plata del Potosí, hacia el sur declinando un poco hacia el este. De Buenos Aires, sobre el Río de la Plata, se encuentra distante unas ciento ochenta leguas, según varios.”

De Laet ofrece una descripción donde los nativos se presentan como “bien moralizados y civilizados”, señalando que actualmente se cubren con vestidos. La ciudad tiene a lo largo dos ríos “grandes y caudalosos” uno de los cuales “se llama popularmente Estero, porque cuando se desborda se divide en muchos cauces e inunda todo el país bajo y campestre, llenándolo de lodo y limo; y cuando vuelve a su cauce habitual, siembran gran cantidad de campos, trigo, maíz, cebada y otros granos similares: por eso esta tierra abunda en toda clase de alimentos.” El otro rio recibe el nombre de Salado, por el sabor de sus aguas. Ambas corrientes fluviales contienen “peces grandes y pequeños, lo que trae gran comodidad tanto a los salvajes como a los españoles”. La tierra produce abundante miel y cera, algodón y algarrobos, este último produce frutas que “alimentan muy bien, son secadas y duran todo el año”.

La segunda ciudad mencionada por el autor flamenco es San Miguel, sobre la que informa:
“El suelo de esta ciudad es muy fértil en maíz, y hasta en trigo y cebada, y no se dan mal las vides; abunda sobremanera en pastos, de donde resulta que hay gran número de vacas y ovejas; allí se recoge gran cantidad de algodón y lino, de que los pobladores hacen excelentes telas. Ella goza de un aire mucho mejor y más saludable que todas las demás ciudades de esta Gobernación. Posee buena cantidad de árboles. Y la tierra no está desprovista de minas, si los datos no mienten.”

La descripción prosigue con “la tercera ciudad de los españoles, llamada comúnmente Nuestra Señora de Talavera y en la lengua de los salvajes, Estero, la que se halla edificada a orillas del río, que arriba hemos dicho que se llama El Salado, cuarenta y cinco leguas del pueblo de S. Yago del Estero al norte; ciento cuarenta de las minas de plata de Potosí.” Al referirse a esta ciudad, afirma de Laet que la misma fue abandonada por orden del Rey “y sus habitantes trasladados a un lugar llamado las Juntas o Madrid, a unas veintiocho leguas de allí, y llamaron a esa ciudad Nuestra Señora de Talavera de Madrid”.

Y en su enumeración de los centros urbanos del Tucumán, refiere a continuación el autor de Novum Orbis los datos correspondientes a Córdoba. En este caso citamos los párrafos completos que provee su descripción:
“La cuarta ciudad de los españoles en esta provincia es llamada ordinariamente Córdoba, a treinta y dos grados y a treinta exactos de la altura del Polo Antártico. La temperatura del aire es muy agradable y muy templada, y hay una cierta continuidad entre verano e invierno: el suelo está lleno de pastos y campos, muy limpios para vacas y ovejas, que allí se multiplican muy bien: cerca pasa un río lleno de peces: pero a legua y media de la ciudad hay montes y muchos valles que son muy hermosos y bien cultivados; donde se ven (como algunos afirman) minas de plata. La tierra no solo es fértil en trigo y otros granos, sino que también soporta las vides: y por último hay unas salinas muy renombradas. Esta ciudad está situada en lugar muy conveniente para el tránsito, pues tiene en el Levante la ciudad de Santa Fe, que está bajo el Gobierno del Paraguay o del Río de la Plata; al Ocaso está San Juan de la Frontera, que hemos mencionado al referirnos a la Gobernación de Chile, distantes entre sí a unas cincuenta leguas. Por allí pasan también los que bajan del Perú hacia el Río de la Plata y a la ciudad de Buenos Ayres, para de allí dirigirse a España, o al Brasil por el Mar del Norte; porque este camino no es más largo, y es seguro y fácil y barato debido a la abundancia de alimentos y a la brevedad del trayecto. Está habitada (según supe por uno de los holandeses que pasó por allí en los años anteriores) por unas trescientas familias de españoles, que se dedican principalmente al cultivo de la tierra y fabrican telas de algodón, y la mayoría de las veces venden sus productos a las minas de Potosí y en Perú.
Por otra parte, siendo el marqués de Cañete virrey del Perú, y su hijo don García de Mendoza, gobernador de esta provincia, se edificó allí una ciudad, a la que llamaron Nueva Londres; y otra en la Provincia de Calchaquí, a la que llamaron Nueva Córdoba, que solo duró unos años.
Los pueblos Juríes y Diaguitas que allí habitan, visten con tejidos de lana ya veces con pieles de vaca bien preparadas; son pastores de ovejas, de cuya lana sacan provecho: sus aldeas están cerca de las aldeas de los demás, pero son casi todas pequeñas; porque la mayoría de las veces sólo permanece un linaje; disponen sus casas en círculo y las rodean con setos de espinos, por las crueldades que continuamente se infligen unos a otros. Es una nación muy laboriosa y no tan adicta a la mano dura como casi todos los demás salvajes de estas regiones.”