Cuando la suerte está cantada

Respetando la consigna de que el jurado debe estar integrado por cien personas, la puesta del nuevo reality de Tinelli, que se empezó a emitir la semana pasada, exige un despliegue inusitado, que constituye una apuesta descomunal en un contexto como el que estamos atravesando.

J.C. Maraddón

A comienzos de los años noventa, la gran novedad en el campo de los medios de comunicación era la televisión por cable, que ponía a disposición de sus abonados una grilla de canales locales, nacionales y del exterior, multiplicando la oferta que hasta entonces había sido bastante acotada. Aunque la televisión de aire se había provisto siempre de producciones extranjeras para engrosar su programación, se trataba sólo de programas enlatados que podían repetirse hasta el infinito y que procuraron divertimento a varias generaciones. Unos 30 años atrás, la gente empezó a tener acceso en su hogar a las señales de distintos lugares del  mundo.

Proliferaron entonces los canales especializados, que brindaban durante las 24 horas determinado tipo de contenidos, algo que era desconocido hasta ese momento para la teleplatea argentina. Entre las opciones figuraba el deporte, el entretenimiento infantil, el cine, las series, los videos musicales y hasta películas pornográficas que requerían del pago de un canon especial para ser vistas. Era un novedoso concepto que combinaba la flamante tecnología de la fibra óptica con el desarrollo de mejoras en los aparatos de TV, para dotar así a los espectadores de un servicio que en aquellos años aparecía como inmejorable.

Este cambio en las condiciones hubiera marcado el final de la antigua televisión abierta, si no hubiesen aparecido oportunamente algunas figuras que no sólo prolongaron la vida útil de aquel sistema, sino que además impulsaron las mediciones de audiencia hacia las nubes. No importaba que el cable fuese sumando suscriptores de modo acelerado: todavía quedaban numerosos sectores de la población que seguían orientando su antena como en otras épocas, porque el presupuesto no les alcanzaba para pagar una cuota mensual. Y otros que sí podían hacerlo, no por ello dejaban a un lado esos programas del prime time de los que hablaban todos.

Uno de los factótums de esa instancia clave fue, sin duda, Marcelo Tinelli, que a través de métodos que iban de lo genuino a lo cuestionable, se las ingenió para mantenerse a flote y fundó un estilo de enorme popularidad. Su propuesta fue mudando según soplaran los vientos, aunque siempre aferrada al carisma del conductor como receta para el éxito. Al asomarse al nuevo siglo, a Tinelli le surgió una competencia inesperada: internet impulsó una revolución en las comunicaciones, pero el animador utilizó la web para acrecentar su llegada y se sostuvo en lo más alto de las preferencias.

Como todo es cíclico, también a él le llegó la hora de bajar del pedestal y, desde hace algunos años, se lo ha visto trajinar más que de costumbre para no dar el brazo a torcer, aunque su nombre ya no sea sinónimo de rating como lo supo ser hasta no hace mucho. Este 2022 no iba a ser la excepción y, en los meses previos a su debut en la señal de El Trece, mucho se habló del formato que iba a presentar esta vez. Finalmente, optó por “All Together Now”, un certamen de canto británico al que rebautizó como “Canta conmigo ahora”.

Respetando la consigna de que el jurado debe estar integrado por cien personas, la puesta de este reality que se empezó a emitir la semana pasada exige un despliegue inusitado, que constituye una verdadera proeza en un contexto como el que estamos atravesando. Pese al esfuerzo, hasta ahora los televidentes han preferido atender a “La Voz”, que bajo la conducción de Marley no ha resignado su condición de programa favorito. Veremos si, como en otras ocasiones, Tinelli guarda un as en la manga para modificar sobre la marcha una suerte que no le estaría siendo favorable.