Los desafíos y las vías para avanzar de Massa en Economía

Un informe privado indica que en la medida que el Gobierno no logre revertir el deterioro de las expectativas y/o las principales fracciones del oficialismo le quiten el apoyo a los últimos pasos dados por la conducción económica, hay pocas opciones disponibles para enfrentar la crisis con chances de salir.

En la Argentina se suele creer en los nombres. La idea de que puede haber un “salvador” reaparece en cada crisis, cuando se piensa más en el quién que en qué ideas, qué plan traerá. Sergio Massa llegó a Economía. Ahora habrá que ver qué hará. Claro que tener vínculos con los mercados y contactos internacionales sirve, pero no hay que perder de vista que no se trata de “chapear” para ordenar y equilibrar. La mejora del mercado obedece a que el nuevo funcionario tendrá el respaldo político suficiente para presentar un plan.

El economista del Ieral Jorge Vasconcelos señala que, en la medida en que el sendero de “prueba y error” no logre revertir el deterioro de las expectativas y/o las principales fracciones del oficialismo le quiten el apoyo a los últimos pasos dados por la conducción económica, hay pocas opciones disponibles para enfrentar la crisis con chances de salir.

Sostiene que no pueden desecharse medidas en línea con la devaluación de fin de 2013, principios de 2014, pero sí subrayar los riesgos que surgen de las diferencias de contexto. En aquella oportunidad, la inflación interanual se ubicaba en el 26,7 %, la brecha cambiaria era del 64 %, el nivel de las reservas netas del Banco central se ubicaba en torno a los 16 mil millones de dólares, mientras que, a nivel político, no existían fisuras relevantes en el seno del oficialismo. Las condiciones del presente obligan “a pasos cuidadosos, reforzando al máximo las pocas anclas disponibles”, dice.

Advierte que una devaluación sin anclas puede inaugurar una “etapa superior” de la espiral de precios, dólar y salarios, por lo que es clave que la política fiscal sea suficientemente potente para que, a su vez, la política monetaria recupere el rol de regenerar la demanda de pesos, objetivo que no se puede lograr si la emisión está subordinada al financiamiento directo e indirecto del Tesoro. “Sin esas anclas, las eventuales políticas de ingresos que puedan intentarse tendrían vida corta”, plantea.

En su último informe sostiene que las advertencias del staff del FMI -planteó que la situación argentina era “preocupante”- deben ser leídas en “clave de fin de año”. Al parecer, la Argentina tiene margen para mostrar resultados de aquí a fin de setiembre, para asegurarse el desembolso del 10 de diciembre previsto en el acuerdo, de nada menos que US$6.200 millones. Los desafíos técnicos y políticos para lograrlo, dice, son “mayúsculos” y el Gobierno ha comenzado a transitar este tercer trimestre por un sendero de “prueba y error” que, si no diera resultados, planteará opciones “más extremas” de política económica.

El reporte repasa que, ante las crecientes dificultades, el Banco Central ha salido al rescate de la deuda interna, pero estas intervenciones tienen severos efectos colaterales y no puede ser infinitas. Desde principios de junio, se estima que el BCRA ha emitido pesos por $1.100 millones comprando bonos del Tesoro en el mercado secundario, cifra equivalente a 1,5 puntos del PIB, lo que explica el impacto al alza que ha tenido sobre la brecha cambiaria y las expectativas de inflación, ya que esta movida se superpone a la emisión directa a favor del Tesoro por 1,0 % del PIB prevista para el año.

El piso de la inflación de 2022 explicado por expansión monetaria se acerca al 85% interanual. “No se pueden cambiar las expectativas de inflación si no se ataca la combinación de variables fiscales y monetarias que dan lugar a ese fenómeno”, plantea.

El llamado “dólar soja” -Massa planteaba esa idea pero con diferencias respecto a lo que salió- apunta a acelerar la liquidación de granos por parte de los productores. Sin embargo, no hay expectativas de que las operaciones adquieran un volumen importante. En el Gobierno plantean que el esquema podría simplificarse en los próximos días.

Vasconcelos subraya que el deterioro del sector externo no se explica por el eventual atraso en la liquidación de granos, o por el peso puntual de las facturas de gas importado, sino por la “acumulación de desbordes fiscales y monetarios”, que se expresan en inflación que atrasa el tipo de cambio real y demanda agregada que no puede ser satisfecha por la oferta local. Desde junio de 2019 a igual mes de este año, las importaciones de productos industriales pasaron de US$3.648 a US$6.537 millones, un aumento de 79,2 %.

Anualizando el dato de junio, se tienen compras al exterior de productos industriales por US$78.500 millones este año versus US$43.800 millones en 2019, aplicando igual metodología. La diferencia de US$35.000 millones, en parte explicada por un atraso cambiario del orden del 20% en el período, está “lejos de ser sustentable”.

Para que la dinámica fiscal y monetaria sea consistente en lo que resta de 2022 el Gobierno deberá trabajar activamente en el control del gasto público, ya que la política monetaria “ha quedado subordinada a la necesidad de financiar directa e indirectamente al Tesoro”. Las partidas destinadas a financiar el déficit de las empresas estatales y la inversión pública son las primeras candidatas al ajuste, ante la falta de avances en el recorte a los subsidios energéticos y del transporte. “Las internas del oficialismo y la relación Nación-Provincias serán puestas a prueba en este escenario”, desliza el economista.

El otro instrumento para encauzar las cuentas fiscales pasa por evitar que el gasto corriente del sector público copie la trayectoria de la recaudación. En un escenario de aceleración de la tasa de inflación, esta tarea puede verse facilitada. Esto porque las partidas de gasto público se mueven con inercia, en parte atadas a la inflación pasada, permitiendo hacer un ajuste si se “tiene la convicción y la fortaleza política” para hacerlo.

Respecto de la inflación, describe que en enero, el acumulado de 12 meses de la variación del IPC se ubicaba en el 50%, en cuatro meses pasó al escalón del 60% interanual y los datos de julio habrán de inaugurar el peldaño del 70%, con un 80% interanual que sería alcanzado hacia setiembre/octubre. La evolución desfasada de gasto e ingresos es un instrumento que puede funcionar en el corto plazo, “pero no se puede descansar en ese mecanismo en un horizonte de mediano plazo. Al contrario, usar y abusar de la escalera ascendente de la inflación puede derivar en una espiral de devaluación, precios y salarios”, define.