Las sonoridades y sus ecos silenciosos

Una escritura no puede hacer coros, apenas se limita a dar cuenta de la duración de llamitas musicales, así como de sus resonancias fantasmas.

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

 

Noche de jueves para recordar

Luciana Juri, Pampi Torre y Vivi Pozzebón, una instantánea en Pez Volcán. (Foto gentileza de Gretel Martínez)

Luciana Jury y Pampi Torre tocaron y cantaron el jueves último en Pez Volcán, Güemes, con grandes momentos de figuras invitadas. Un espectáculo íntimo, natural, con conciencia de lo fugaz del momento y sin la mínima impostación frente a ese hecho inevitable. Dos mujeres ofrecieron historias cantadas, cada una con un decir propio, con la voluntad serena de compartirlas, con la alegría de hacerlo, y la capacidad de girar la manivela hasta llenar de magia la sala. Pampi Torre acompañó, hizo coros y mostró canciones suyas que parecen estar allí desde la infancia, desde la llaneza de los recuerdos y del paisaje; desde las vivencias elementales que sabe traer a su canto y a su guitarra. En Luciana Jury, por su parte, se concitan universos y recursos interpretativos que tienen que ver con un trabajo sobre el “grano de la voz”, las gamas de la búsqueda a la vez sonora y expresiva, de todas las inflexiones, respiraciones y colores posibles. Su modo de reinterpretar tradiciones sinceras y canciones simples, como el sustrato popular, hizo cómplice al público de sus descubrimientos e invitó a reinventar los hábitos de la escucha. La clave y el latir intrínseco de ese canto residen sin duda en la entrega. Ese es el quid de los grados de la emoción que transmite Luciana Jury. Ha encontrado en su voz modos propios de revelar las tradiciones musicales y lo que contienen. Algo que estaba en las canciones y que no percibíamos. Pasaron por las voces estilos pampeanos, cuecas cuyanas, chacareras santiagueñas, temas del Chango Rodríguez y hasta una versión muy personal y folklorizada de Cuando pase el temblor, de Gustavo Cerati, junto a Vivi Pozzebón.
La última nombrada, cantora y tamborera, aportó su sabiduría de culturas rítmicas que nos son próximas, el canto y el parche que reviven el carácter de otras tierras y una misma emoción humana.  Otra presencia muy aplaudida fue la de Ferni de Gyldenfeldt, artista de género trans no binarie, quien actuaba en Córdoba la noche siguiente, y que entonó su caballito de batalla, las Coplas del Valle de la coplera trans nacida en Orán, Lorena Carpanchay, para luego unirse en un dúo con Luciana. Y Juan Pablo Toch, mago de sonoridades eléctricas, también estuvo como invitado y dejó huellas, haciendo junto a Luciana una versión estremecedora de la Zamba de Alberdi, que quedó ardiendo en la noche para el recuerdo.

 

Tangos para bajar al infierno
Por supuesto, una obra oscura, como que propone un recorrido por lo más visitado del infierno dantesco, con los yeites del tango que portan su propio y profundo abismo, y la épica coral que siempre sella las emociones con su sonido carnal, ya sea como grito, advertencia, dolor, o como habla supraterrena. Las estaciones en esos excesos demasiado humanos tienen su correlato en la música concebida por Damián Torres y tocada por la masa de cuerdas de la Sinfónica y el Quinteto del bandoneonista, más el de Coro de Cámara de la Provincia. La obra mantiene la tensión de un gato caminando sobre sus uñas, una sensación que respira la sala, un tono trágico -o que amenaza serlo- planteado en acordes bellos e incómodos, dada la temática que rondaba la velada. Claro que un estreno de este porte es una ocasión fasta, una convocatoria feliz, aunque en el infierno no haya mucho lugar para el humor. Tal vez un poco en las fórmulas tangueras de la letra, la versión argenta de la acción de expiar los pecados cuando ya se hizo tarde. Una columna textual muy bien construida por Dante Ascaino, de resonancia clásica, fue excelentemente dicha y sedosamente cantada -sin excesos- por Gustavo Visentín. Al fondo, proyectado, un teatro de sombras apostillaba la música. En el podio, el maestro Santiago Ruiz. Un lujo sin vueltas. 

 

Teatro antes y después de la escena
Se retoma hoy la continuidad del ciclo Dioramas, que va por su segunda edición y tuvo sus primeras actividades en junio. El evento es gratuito y propone un cruce de experiencias dramatúrgicas y performáticas, y es un proyecto conjunto del Centro Cultural España Córdoba, Documenta/Escénicas y la fundación SGAE (Sociedad General de Autores y Editores de España). Formaciones gratuitas en dramaturgia, puestas de lecturas dramatizadas, feria y performances artísticas es lo que ofrece este ciclo enfocado en favorecer el intercambio con autores españoles y creadores de la ciudad de Córdoba, en concretar producciones, y crear espacios de diálogo, formación y difusión de artistas y creadores contemporáneos de ambos lados del Atlántico.
Hoy se concentran las primeras actividades de Dioramas de este julio, desde las 18 a 21 habrá una lectura en el CCEC (Entre Ríos 40) de textos de dramaturgia española contemporánea provista por la Fundación SGAE, cuya selección fue realizada por Jazmín Sequeira. En el mismo horario, de hoy al jueves, se puede visitar en el CCEC la feria del libro teatral bautizada Teatro de Ediciones, que el viernes se trasladará a Documenta Escénicas (Lima 364). De mañana miércoles al viernes, el dramaturgo catalán Josep María Miró dictará la clínica Hacía un teatro y una escritura esencial, de 10 a 13, en el CCEC.
El jueves habrá nuevas lecturas dramatizadas, con dirección de Noe Gall, y el viernes 29 de julio cerrará el ciclo con una performance artística coordinada por Gabriela Halac, El papel es la pista, Activación de una publicación, generando encuentros con el público en Documenta/Escénicas. Coordinan esta edición Cipriano Arguello Pitt y Leandro Olocco.