Mucho más allá de las contingencias

Sin esa vigencia que todavía conserva una obra maestra como el álbum “The Dark Side Of The Moon”, no se podría explicar cómo puede ser que Pink Floyd haya lanzado recientemente con bombos y platillos su perfil en TikTok, la red social china que mejor les sienta a los adolescentes.

J.C. Maraddón

Hace cincuenta años, durante el verano boreal de 1972, el grupo inglés Pink Floyd se encontraba enfrascado en las sesiones de grabación del disco “The Dark Side Of The Moon”, que iba a aparecer al año siguiente y que representaría uno de los puntos culminantes de la carrera de la banda (y del rock en general). En los estudios EMI y bajo la supervisión de Alan Parsons, el cuarteto conformado por Roger Waters, David Gilmour, Rick Wright y Nick Mason estaba concibiendo una verdadera obra maestra, que reunía dos requisitos imprescindibles para esa época: era a la vez experimental y conceptual.

En jornadas que ya forman parte de la leyenda, los músicos desarrollaron allí nuevos abordajes musicales que marcarían tendencia y, a partir de las letras del bajista Waters, expusieron un mensaje que recuperaba el espíritu contracultural, para reflexionar sobre cuestiones trascendentales de la existencia. Esos versos se desplegaban sobre las composiciones en las que ponían especial empeño el guitarrista Gilmour y el tecladista Wright, en una tarea para la que utilizaban todos los avances tecnológicos disponibles en esa época. Con “The Dark Side Of The Moon”, podría decirse que el rock progresivo tocaba techo y redoblaba las exigencias para lo que vendría después.

Al producirse la llegada del hombre, la luna había perdido ese halo misterioso que siempre la rodeaba: la humanidad entera había observado cómo los astronautas se posaban sobre su superficie, derrumbando las fantasías de tantos poetas y escritores de ciencia ficción que la habían imaginado a lo largo de la historia. Ese acontecimiento, cuya veracidad es puesta en duda por algunas teorías conspirativas, alteró la cosmovisión existente y elevó las perspectivas hacia el futuro, que prometían sorpresas inabarcables gracias al progreso científico, del que se proveían esos prodigios que concretaban hazañas de una dimensión nunca antes vista.

La sensibilidad artística de Pink Floyd llevó a la formación a plasmar ese estado de cosas en un conjunto de canciones que no sólo eran producto del delirio creativo de un puñado de veinteañeros, sino que a través de ellos expresaba el más alto grado de elaboración sonora, en un mundo que todavía estaba convencido de que en adelante todo no podía sino mejorar. La crisis económica global que sobrevendría justo en coincidencia con la salida del disco, haría trizas las esperanzas y cocinaría el caldo de cultivo para que la pesadilla del punk desplazara cualquier expectativa que pecara de optimista.

Desde este presente con características tan alejadas de las de aquellos primeros años setenta, se juzgan como ingenuos esos intentos por enderezar el destino hacia fines menos dramáticos. Sin embargo, la envergadura de “The Dark Side Of The Moon” como pieza magna no ha perdido su brillo y traspasa las coyunturas para tomar asiento entre las referencias del pasado que permanecen incólumes en la actualidad. Aunque más citado que escuchado, el disco de Pink Floyd conserva su lozanía en tanto prefiguró un horizonte al que finalmente nadie ha podido arribar todavía. Tal vez en eso consista su mayor atractivo.

Sin esa vigencia, no se podría explicar de ninguna manera  cómo puede ser que Pink Floyd haya lanzado recientemente con bombos y platillos su perfil en TikTok, la red social china que mejor les sienta a los adolescentes, hartos ya de que los adultos les hayan usufructuado Facebook e Instagram. Allí, en ese reducto juvenil donde desfilan contenidos virtuales a la velocidad de un Fórmula 1, bajo el nombre que alguna vez unió a Waters & Gilmour, las imágenes y el sonido de “The Dark Side Of The Moon” se codean con la eternidad porque están mucho más allá de las contingencias.