La crisis no era de crecimiento; era crisis y ahora más

"Nosotros estamos preparados para poner el pecho y dar las peleas que tenemos que dar”, argumentó el Presidente. Los discursos no alcanzan; las palabras ya perdieron valor. Tampoco un nombre es la solución. La responsabilidad del recrudecimiento de la crisis no es de la recién llegada Batakis.

Por Gabriela Origlia

Las primeras dos semanas de Silvina Batakis en el Ministerio de Economía seguramente le resultaron una pesadilla. Los mercados reaccionaron mal; los movimientos sociales -incluidos los aliados del Gobierno- salieron a manifestar; la inflación (correspondiente al último número de Martín Guzmán) dio alta y las proyecciones para este mes, son todavía peor. Tal vez se anote a su favor haber activado el formulario para las inscripciones para los subsidios energéticos, una alternativa que los especialistas consideran absolutamente inaplicable.

El viernes pasado el valor de los bonos argentinos estaba en su mínimo histórico y el riesgo país en su máximo. Dos puntas que muestran la percepción que los agentes financieros tienen de la Argentina donde la estabilización y la salida no es una cuestión de nombres. El problema no es Batakis, el problema es el que ya venía y las deliberaciones posteriores a la renuncia de Martín Guzmán terminaron de mostrar.

Ni siquiera la renuncia del exministro es el problema. Las 29 horas en que todo un país estuvo al vilo de una llamada telefónica entre el Presidente y su Vice fueron la muestra patente de que la pareja presidencial tiene un divorcio de no retorno. El armisticio podrá durar una semana más o una menos, pero no hay alianza. eN L

“Nos ha pasado una pandemia muy cruel, que paralizó el mundo. Y cuando estamos empezando a levantar cabeza, aparece una guerra que vuelve a complicar todo”, insistió Alberto Fernández en un acto del viernes. Apuntó que, además, están “los de adentro, que tampoco nos la hacen fácil. Los que especulan, los que quieren ganar aprovechando la incertidumbre, los de siempre”. Y cerró: “A todos ellos, nosotros estamos preparados para poner el pecho y dar las peleas que tenemos que dar”.  Los discursos no alcanzan.

La rebaja de subsidios a los servicios públicos que promete el Gobierno será, según interpretan los expertos en energía, un parche. Ya anticipan que cuando termine la gestión de Alberto Fernández el panorama será peor al que había en 2015: un atraso tarifario fenomenal en un contexto de población empobrecida.

El economista del Ieral, Jorge Vasconcelos, plantea que para que la Argentina pueda proponerse una estabilización sustentable en el futuro, deberá empezar a corregir las “tremendas distorsiones de precios relativos que se constatan. Para avanzar en esa dirección, se requiere un doble movimiento: por un lado, normalizar la operatoria del comercio exterior, para que los precios locales vuelvan a converger con los internacionales y, por el otro, devolver a las tarifas de servicios públicos el rol del GPS (sistema de precios) que orienta decisiones de consumo e inversión”.

En el plano monetario, Batakis ya enfrentó su primera licitación de deuda en pesos: colocó $135.000 millones, lo que representa casi $125.000 millones de financiamiento neto. La consultora Equilibra analiza que el Tesoro debió convalidar tasas significativamente mayores a las últimas colocaciones; la letra a tres meses ofreció una tasa efectiva anual de 78,9% (690 puntos básicos más que en la colocación previa). Por primera vez en el año no se ofrecieron instrumentos CER.

Además, para incentivar al sector privado a comprar títulos del Tesoro, el Banco Central tomó tres medidas. Instrumentó una especie de “seguro de liquidez” para títulos públicos; mantuvo las tasas de interés de referencia invariantes; y estableció un “corredor de tasas de interés” para que “sirva como referencia para saber si hay tasas positivas”.

Los pesos sobrantes -producto de la emisión que el Gobierno niega como factor inflacionario- calentó el precio del dólar en un contexto de escasez de oferta. Una demanda extra del dólar libre, analizaron en la City, vino de la mano del endurecimiento del “cepo” cambiario, después de que la AFIP anunciara una suba de la percepción a cuenta del impuesto a las Ganancias y Bienes Personales. La brecha cambiaria es del 129,6%.