El poderoso y místico Alberto

El ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, dijo que las cosas que ha hecho el presidente son mágicas. ¿Tendrá futuro de mago?

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Si hay una forma de deleitar a los más chicos, esa forma es a través de la magia. No importa el nivel de expertise del mago, sino simplemente la capacidad de fascinación por parte de la audiencia. Da lo mismo si es un mago improvisado que saca una moneda de atrás de una oreja o si es un profesional capaz de hacer desaparecer la Torre Eiffel: a la gente le encanta ver los trucos.

Alguna vez hubo algún mago reconocido internacionalmente que dijo que el público más difícil era el argentino. Según este artista, mientras el resto de la humanidad se entrega dócilmente al engaño, el argentino busca descubrir cómo fue que se logró. Aunque disfrute de la magia, su mayor placer pasa por desnudar al mago.

Tal vez por eso sea que nuestro país dio a Rene Lavand, uno de los mejores magos de la historia, que pese a ser manco se destacaba haciendo magia con cartas. Con trucos casi indescifrables, los argentinos se rindieron a sus pies. Es, probablemente, el único mago que puede arrogarse ese galardón.

No es fácil hacer magia en estas pampas, por lo que es difícil creerse un mago destacado. Ni hablar si a ese título lo entrega alguien más, tal como pasó ayer, cuando el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, aseguró que “lo que Alberto ha hecho por este país y las cosas que ha conseguido en situaciones adversas son mágicas.”

Aunque la gente ha optado por imaginarle las más diversas profesiones más allá de su ocupación actual de Jefe de Estado de la República Argentina, hasta ahora a nadie se le había ocurrido decir que Alberto Fernández podía ser un taumaturgo. El ministro de Seguridad es reconocido por su verborragia y su creatividad a la hora de referirse a otros políticos, pero esta vez sacó de la galera algo que nadie se esperaba: Alberto el mago.

Si uno se pone a pensar hacia atrás, ha realizado algunos trucos que bien puede anotar en su currículum para cuando deje el cargo, aunque Aníbal lo ve con buenos ojos para ir a las PASO. Esto último, paradójicamente, es lo más ajustado a la realidad, porque según la consultora CB Alberto es el que mejor mide de los candidatos del kirchnerismo.

Pasando en limpio cuáles podrían ser sus trucos una vez que esté de vuelta en el llano, hay algunos muy especiales.

Lanzamiento de vacunas: este es uno complicado, porque la mayor facilidad estuvo en hacerlas desaparecer. Durante meses nadie supo dónde estaban los antídotos para el coronavirus, hasta que nos enteramos que cuando empezaron a llegar se las pusieron entre amigos.

En eso, además, estuvo que se desperdiciaban dosis cuando se hacían vacunaciones domiciliarias, como en el caso del ex presidente Duhalde. Así, ya que las van a tirar, qué mejor que hacerlo contra una damisela atada a un tablero. Ya se encargó de tirarle la culpa a su pareja, un par de jeringas seguramente no le van a hacer nada.

Hipnosis: esta es una cualidad en la que destacaron figuras como Tu Sam o Tony Kamo, invitados frecuentes al show de Susana Giménez durante los ‘90, cuando en épocas de plata barata se regalaba un millón de dólares. Quizás no sea su capacidad más destacada, porque le cuesta manejar incluso a sus propios ministros, pero le sirve muy bien para aplicársela a él mismo. A través de la misma pudo olvidarse, por ejemplo, de las críticas que le propinó a su compañera de fórmula durante tantos años.

Cortar al medio a su asistente: esta es una variante del lanzamiento de jeringas. Mi querida Fabiola es la asistente perfecta, siempre preparada para acompañar al mago, sea inaugurando un merendero en el Chaco o manejando un teletón en pandemia. Después de haberla prendido fuego al echarle la culpa por el cumpleaños en plena cuarentena, cortarla al medio con un serrucho es casi nada. Esperemos que le salga bien, así no la responsabiliza también por eso.

Juegos con cartas: uno de los trucos más destacados de René Lavand era cuando pintaba y despintaba las cartas. Nadie sabía cómo lo hacía, pero sorprendía al cambiarle el valor a los naipes. Así, un tres o un cuatro podían convertirse en un poderoso As con un pase de mano. Alberto puede contar entre sus trucos el de haber despintado un San Martín verde, de cinco pesos, para hacerlo naranja y de mil. La verdadera magia fue la del kirchnerismo, que hizo que valga lo mismo, aunque nominalmente sea 200 veces más grande.

Desaparición de personas: este es un medio tenebroso, así que no lo voy a desarrollar, pero todos sabemos cómo se aprovecharon algunos del decreto de la cuarentena para endurecer un poco la mano y que se le pierdan algunas personas. Por suerte, como le pasó al principio a la madre de Facundo Astudillo Castro, si te desaparecía un hijo el mago Alberto te hacía aparecer un perro pariente de Dylan.

Es difícil pensar en todos estos trucos por parte del presidente, porque el kirchnerismo machacó durante muchísimo tiempo con una máxima central: su gobierno “no fue magia”. Así, el haber transformado el asado en polenta, la cena en mate cocido con galletas de agua y el papel higiénico de doble hoja en consumo suntuario no es nada sobrenatural, sino el resultado del trabajo incansable de decenas de miles de magos que se encargaron de cumplirle los deseos a millones de argentinos que los eligieron con el voto.

Por suerte, como todos los argentinos sabemos, la magia no existe. A Lavand le gustaba hablar de ilusiones. A partir del significado positivo de esa palabra, y del desencanto al que nos han expuesto estos magos, quizás convenga hablar de engaños. Es que, en el fondo, el que elige creerles a los magos es porque le gusta comerse el engaño.