Todos de Frente

La interna del Frente de Todos ha entrado en una fase en la que ya está definido el futuro, pero en la que todavía podemos tratar de divertirnos un poco.

Por Javier Boher

javiboher@gmail.com

Twitter es un submundo de personas intensas, polarizadas e hiperpolitizadas que, sin embargo, también cuentan con una alta dosis de humor negro y capacidad de lectura. No es el lugar donde buscar contención, sino el espacio en el que reírse del mal rato (propio o ajeno). Todos, en ese mar de anónimos, van a dar una palabra de aliento como la que daría un amigo: haciendo la peor broma posible.

Ese espacio virtual tiene uno de los porcentajes más bajos de participación en el mercado de redes sociales, pero es una caja de resonancia importante para todo lo que hace a la vida pública del país. La gente está siempre más informada que el promedio de la ciudadanía, a la vez que el interesa aportar una parte de análisis con la que se forman grandes análisis involuntariamente colaborativos sobre la situación política en general.

En ese espacio de desacralización de la política se pueden encontrar algunas cosas muy interesantes, como juegos de palabras y escenarios ficticios que amenizan lo que de otra manera podrían ser noticias de lo más pesadas para digerir. Todo allí es más llevadero que en los medios tradicionales porque no se guardan formas ni se sobreactúa seriedad.

Entre todas las cosas que se dijeron a lo largo de la eterna agonía de las 30 horas sin ministro de economía (durante las cuales los tuiteros dieron sobrada muestra de su capacidad de reírse de las tragedias) hubo una que me resultó particularmente graciosa, porque armaba un juego de palabras para graficar el internismo antropófago del kirchnerismo.

El autor decía que el Frente de Todos debía replantearse su nombre y pasar a llamarse Todos de Frente, para convertir esta tragedia de vedettismos y operetas políticas en un divertimento para los ciudadanos. Así todos podrían decidir -como en un formato reality show- quiénes se quedan y quiénes se van de un gobierno al borde del naufragio.

Es más, siguiendo esa puntita, incluso se podrían aprovechar los escasos recursos del Estado para armar algo con la gente de Paka Paka o las productoras del palo. Pienso en algo parecido a “Celebrity Deathmatch”, un programa en el que muñecos de plastilina representando a famosos se enfrentaban en peleas armadas con la técnica de stop motion, sin ahorrar sangre de mentirita para evitar el derramamiento de la verdadera.

En ese Todos de Frente podrían seguir jugando la interna, porque no se resuelven los problemas eliminando a lo que quedaba del albertismo. Quedan todavía otras patas de la coalición gigantesca que ganó las elecciones en 2019. Los intendentes del conurbano, que ven cómo el peronismo se va convirtiendo de a poco en una mala palabra en los distritos en los que siempre ganaron caminando, ya volvieron hace rato al redil, pero reclaman participación.

Sergio Massa, que no quiso poner a su gente en economía, negándole la posibilidad de sociedad al presidente, es otro que sigue acaparando cargos fuera de los focos, con la esperanza de armar una candidatura futura. En el mismo lugar está Daniel Scioli, con mucho menos peso pero con la misma ambición.

Los gobernadores, tan bien bautizados alguna vez “los guapos del off the record” están desorientados. Todo el que se sumó con la intención fue finalmente deglutido por el cristinismo. Incluso Juan Manzur, el que llegaba para darle “volumen político” al gobierno, quedó reducido a tucumano vendedor de alfeñiques apenas dos semanas después de su incorporación.

Cristina viene anunciando hace un tiempo cuál es su próximo objetivo: los movimientos sociales. En ese tránsito a una administración centralizada de la ayuda social (lo que el peronismo siempre hizo, hasta que llegó Néstor Kirchner y tercerizó el servicio en los grupos piqueteros, cediendo la conducción) emergerán indefectiblemente los roces.

Con su visión burocrática, casi soviética, de la administración de la ayuda social, Cristina quiere que los pocos recursos que hay vayan hacia donde ella diga. Necesita, entonces, ahogar financieramente la independencia de los movimientos sociales. Esa es la lucha que se les viene por ahora.

La Noche de los Cuchillos Largos fue un episodio de depuración de las filas del nazismo alemán en el recorrido de Hitler a la acumulación del poder absoluto. Tras aquel episodio se eliminó (directa o indirectamente) a todos los que el dictador consideraba amenazas potenciales a su liderazgo. Uno de los apuntados fue Ernst Röhm, jefe de las SA, el que le dio el poder paramilitar inicial al nacionalsocialismo con sus camisas pardas. El proyecto nacionalsocialista no se podía poner en riesgo dejando a las bases del movimiento en manos de alguien que no fuese el líder de ese proyecto.

Cristina está enfocada en hacer (en sentido figurado, por supuesto) su propia Noche de los Cuchillos Largos. Todos los que amenazaron con tener independencia, los que pretendieron un kirchnerismo sin los Kirchner, los que ponen en riesgo el manejo de la calle, están ahora bajo la lupa. Los que no acepten someterse a los dictados de la Jefa pueden ser rápidamente desafectados en esta nueva etapa de cristinismo exacerbado.

La vicepresidenta ya terminó de ganar una pulseada que siempre fue desigual. Lo único que le queda al resto de los mortales es apreciar, apenas como un divertimento, la forma en la que van a ir saldando las cuentas pendientes en ese espacio al que solo le queda recorrer -haciendo de cuenta que todavía no ha muerto- el tiempo que todavía le queda en el poder.