Mal emplazamiento, gran devoción

Un sacerdote mercedario de origen italiano radicado en Catamarca, Pascual P. Soprano, fue un reconocido historiador de esa provincia hacia fines del siglo diecinueve. Subrayamos en una de sus obras algunas referencias sobre Córdoba.

Por Víctor Ramés

cordobers@gmail.com

Devoción por la Virgen del Valle y otros rasgos cordobeses.

El padre Pascual P. Soprano produjo algunas obras de historia que, a su vez, lo colocaron en la historia, al punto de que una conocida calle catamarqueña lleva su nombre. Ese cartel es tal vez lo más concreto que hay de su recuerdo, aparte de libros que ya pocos leen. El que citaremos es de 1896 y retoma temas del pasado remoto, en base a historiadores más antiguos, titulado Historia de las guerras con los terribles Calchaquíes, Chiriguano y los Quilmes. 

El padre Soprano fue nombrado profesor de griego en el Colegio Monserrat, en la década de 1880, de donde fue escandalosamente hostigado y expulsado por el Rector del Colegio, Dr. Filemón Posse, por motivos de banderías políticas, «…diciéndome que si no saliese inmediatamente me haría echar a patadas por los sirvientes», según describió Soprano en una carta a Julio A. Roca en 1881, citada por el historiador Eduardo Saguier.

Se lee en los Estudios Históricos sobre la Provincia Mercedaria de Santa Bárbara del Tucumán (1594 – 1918), recopilados por fray Bernardino Toledo: “No hemos de omitir decir aquí que un sacerdote muy ilustrado y culto tuvo en nuestro convento, aunque poco tiempo, la enseñanza de latín superior en 1876. Este fue el presbítero Pascual P. Soprano, doctor de la universidad gregoriana de Roma, quien adquirió la fama de escritor erudito y galano por su obra sobre la Virgen del Valle de Catamarca.”
En efecto, el padre Soprano publicó en 1883 La Virgen del Valle y Catamarca o el verdadero origen de la Ciudad de Catamarca, y en 1889 La Virgen del Valle y la conquista del antiguo Tucumán. Los datos de los que se valió Soprano fueron extraídos de un manuscrito encontrado por él en el Archivo Eclesiástico de la Curia de Salta: la Información Jurídica sobre la historia de Nuestra Señora del Valle, que había sido mandada compilar por el cabildo en 1764. La importancia del manuscrito rebasaba el interés de la historia eclesiástica y aportaba información valiosa sobre el período colonial de Catamarca y del antiguo Tucumán. 

Para puntualizar nuestro foco en la Historia de las guerras con los terribles Calchaquíes, Chiriguano y los Quilmes, hay que decir que el aporte del padre Soprano vale por su acercamiento y contextualización de Córdoba. En la obra toda el desprecio por los originarios es un hilo de fondo. Las citas proceden del Libro II, Capítulo IV. En la primera, Soprano se basa en el padre Lozano para cuestionar el emplazamiento de la ciudad de Córdoba.
Córdoba fue fundada en 1573 por el ilustre Luis Jerónimo Cabrera, en el país de los Comechingones, sobre el antiguo cauce del río, que sin ninguna lógica se llama Primero, en una hondonada entre altas barrancas por el norte y el sur. El citado P. Lozano con palabras muy graves, censura aquel sitio, y tiene razón. Porque, primero, está expuesta a inundaciones furiosas que desde lagunillas vienen por una cañada encima del pueblo, ni es reparo bastante la muralla de cal y canto a defensa de la ciudad. Segundo, el piso de la ciudad es muy húmedo y de allí el origen de muchas enfermedades. Tercero, de agosto a noviembre sopla con frecuencia y fuerza el viento norte y nordeste y descompone y atormenta las más fuertes cabezas con su destemplado calor y produce muertes repentinas. Son palabras del P. Lozano que vivió allí muchos años y escribió la historia por los años de 1740, y con razón lamenta el descuido del fundador; porque a una legua al sur o al noroeste había sitio sanísimo, despejado, delicioso y disfrutando de las aguas del río con poco gasto.”

La segunda cita del mismo capítulo contiene una vivencia contemporánea del sacerdote, situada en la década de 1870, en la provincia, y se refiere luego a la devoción cordobesa por la Virgen del Valle:
“Córdoba también estuvo a pique de perderse, acosada y apretada muchas veces por los indios del norte y los del sur. Su fértil campaña rica en todo género de ganado, ha sido hasta pocos años atrás, el teatro y el juguete de los salvajes invasores.
En 1860 la mensajería entre Córdoba y el Rosario no podía marchar con seguridad, a cada pasajero y peón se le entregaba fusil y munición para su defensa.
Dándose una misión en la Villa de la Concepción, en el Tío, durante la prédica, vinieron los bárbaros a cuatro cuadras de la Capilla y se llevaron una rica tropilla de yeguas y caballos; y allí vimos hombres y mujeres viejas lanceados y estropeados por los indios, porque niños y niñas se los llevaban a su toldería. Y así se evidenciaba que el sistema de los fortines en la frontera o la ración que se pasaba a los salvajes era una farsa indigna y gasto gravoso e inútil.
Estos puntos históricos sobre Córdoba son muy a propósito para comprender la devoción y donativos y romerías de la parte de Córdoba a la Virgen del Valle. Mucho necesitan el favor de esta Taumaturga y mucho lo experimentan: y en esta historia tendríamos que hablar de muchos prodigios de la Virgen a favor de los Cordobeses.”

Tras esa noticia de la religiosidad provincial, cerramos con la valoración general que hace el autor de ese rasgo histórico de Córdoba:
“Como conclusión de este capítulo diré que, entre todas las ciudades del Tucumán, la que surgió con mejores auspicios de haber de ser un día la cabeza y el centro del Cristianismo en estas provincias fue Córdoba, fundada en 1573 el día 6 de julio. Allí se levantaron conventos e iglesias de Religiosos y Religiosas y el antiguo hospital dedicado a Santa Eulalia; tuvo Párroco y Vicario desde el día de su fundación: a ella se trasladó la Capital y Sede de Gobernador en 1699; y en ella se fundó en 1622 la célebre Universidad de la Compañía de Jesús por Bulas de Gregorio XV y Urbano VIII; y había Seminario Colegio y Convictorio de Educación. No hay duda pues, que Córdoba debió su esplendor a la Compañía de Jesús, más que a las otras Órdenes Religiosas, que también fueron bien beneméritas. La Compañía después de su repristinación volvió a esta América, pero no volvió a subir a su antigua altura.”