Fin de la sarasa

La renuncia del ministro Guzmán era el siguiente paso en la derrota total del albertismo, dejando todo el gobierno y el fracaso en mano de los verdaderos dueños, los pueblerinos santacruceños.

Por Javier Boher

javiboher@gmail.com

 

Buen día, querido lector. Siendo las 18:16 me siento a escribir una nota que puede cambiar drásticamente mientras voy tipeando. SI llegara a pasar algo en el medio lo voy  poner sin cambiar nada, como si fuese un flash de noticias en la tele. Los de gráfica tenemos ese problema del tiempo, mientras que el gobierno tiene el problema de que improvisan más que el Gato Barbieri totalmente poseído por el espíritu del Jazz.

Nos vamos a tratar de tomar el tema con soda, porque el cianuro lo tienen todo comprado los que entre 2015 y 2019 cantaban que iban a volver. En las elecciones en las que Alféretro le ganó a Gatricio estaban extasiados porque iban a retomar el rumbo dejado en 2015. Bastante bien les salió, porque estamos ante lo que iba a ser inevitable si ganaba el Motonauta Monomano. Eso sí, estimado, ¿para esto querían volver?.

La verdad, es difícil saber qué sostuvo tanto tiempo en el gobierno al Ministro Sarasa, aunque la partida del Ministro de la Procrastinación, el joven Kulfas, hace menos de un mes ya nos iba preparando. Se lo dije en ese momento, en el albertismo nonato solo quedaban Cafierito y Goose-man, el hombre ganso. Esta es la renuncia número trece al gabinete, la de la yeta, así que sólo queda esperar que todo se ponga negro como el gato de la mala suerte.

Hay que tratar de alejarse de lo que pasa y ver el manicomio a cielo abierto que es el gobierno del inefable presidente que no está siendo (para reírnos de “el presidente que no fue”, como tituló Bonasso su libro sobre Cámpora). Guzmán renunció sin tirarle ni un salvavidas al gobierno. Es como si falta sin aviso el que tenía que comprar la carne para el asado. El guanaco no te deja ni tempo para pedir emanadas.

Ahí se nota que estos tipos tienen menos diálogo que prospecto de medicamento. El exministro podría haber ayudado un poco a la gobernabilidad, pero eligió meterle la traba al rengo que viene bajando las escaleras en muletas. Dicen de los suicidas que el lugar es el mensaje. En este caso, el momento es el mensaje: le renunció a mami Cristi, justo cuando estaba hablando. Le juro, estimado, que estoy seguro de que a la señora le molestó más que le roben el protagonismo que la renuncia en sí.

Estaban tan preocupados por rendirle homenaje a Perón que les terminó saliendo muy parecido a lo que fue 1974: tienen más internas que los radicales y unas ganas bárbaras de echarse todos la culpa entre ellos. Se parecen a la Colonia Vela de “No habrá más penas ni olvidos”, el mejor retrato de lo que puede ser el peronismo.

Por suerte esta vez la oposición está haciendo el muertito y no dice casi nada. ¿Se imagina lo que podría pasar si alguno saliera a pedirle al presidente que haga lo que hay que hacer? Ya los tendríamos yéndose en una cañonera paraguaya haciéndose las víctimas. Así les pasó en el ‘55 y en el ‘76: una oposición subnormal los liberó de sus responsabilidades históricas. Ya estaba siendo tiempo de que los dejaran chocar la calesita, a ver si alguna vez cargan con la responsabilidad que les toca por ser tan irresponsables en la administración de las cosas.

Los cristinistas están tan enceguecidos con su incapacidad de lectura política que la están troskeando más de lo que deben. Creen que “cuanto peor, mejor”, aunque este es su gobierno y si se pegan el tiro en el pie no van a poder correr cuando la gente los vaya a buscar para presentarles la nueva soga engrasada que se compró.

En un momento más jodido que hacer chistes de suegras en el ministerio de la mujer hacen falta acuerdos para salir de esto. El tema es pensar en quién va a hacer un acuerdo con Cristina si son tan subnormales como para torpedearse a ellos mismos festejando que están ahogando al capitán. No piense que esto es nuevo, estimado, porque es lo que ya han hecho otras veces en Santa Cruz, porque -antes que nada- son pueblerinos poco ilustrados, rústicos de toda rusticidad, a los que les subieron más el precio que a Bebelo Reynoso.

Ningún ser medianamente racional quiere el ministerio de economía, el verdadero fusible institucional de este país. Por eso, si es un ser pensante, sabe que necesita consenso. Para eso pide un pacto con todas las fuerzas políticas, que cometerían un error si les extendieran la mano: se sabe que en ese caso estos te agarran el codo y te meten adentro para dejarte pegado. ¿Cómo era eso de “ni justicia” que decía el difunto Yéneral? Así se responde al pedido de transversalidad.

Aprovecho, entonces, a acercar algunas propuestas para ocupar el ministerio de economía que he recolectado de Twitter en estas horas de zozobra.

La primera opción es que Alféretro se proclame Ministro de Economía.

La otra es no nombrar a nadie. Para lo que han hecho hasta ahora, más vale que lo dejen así flotando. Sin tomar medidas de las que suelen tomar seguro que la cosa no empeora.

Hubo otra que me gustó: dejemos todo vacante hasta diciembre, que vuelve de Qatar la Scaloneta campeona y nos saca del pozo. Empeñamos la copa y sacamos unos mangos para los chocoarroz del que decida ser ministro.

Igual a mí me gusta la propuesta twittera de @łicMacoco: hay que hacer como con la corte y llevar el ministerio a 25 miembros, federal, inclusivo, con paridad de género. Seguro que no sirve para nada, pero hasta podríamos armar un reality tipo La Voz Argentina en el que economistas de distintos palos elijan las propuestas que mejor les caigan. Porque “de esta salios todos juntos”, como dicen los que en el grupo de estudio ni siquiera cebaban el mate.

Son las 19.12 y me voy yendo, estimado. Solamente debo decirle -y disculpe por el lenguaje soez- que a la gente común esto le chupa un huevo. Ya han enterrado a Alberto, que solo vive en las cifras irreales de las encuestas. Como están las cosas, la gente no le convidaría un vaso de agua en el desierto. Tampoco un ministro de economía en plena crisis de gabinete.

Tenga buena semana.