Los interrogantes que aguardan el regreso de Llaryora

Casi en simultáneo con el estallido de la primera crisis que atraviesa la gestión municipal, la relación entre llaryorismo y schiarettismo se tensó por diferencias de estrategia política. A su regreso, el intendente deberá traer definiciones.

Por Felipe Osman

A una semana de la difusión del expediente que reflejaba la decisión de destinar 43.000.000 de pesos al montaje de un show de Ulises Bueno en el Parque de las Tejas para lanzar la temporada de invierno, la gestión tuvo su primera reacción frente al problema: envió al Secretario de Gobierno, Miguel Siciliano, al Concejo Deliberante para que fuera él quien ofreciera las explicaciones del caso.

Nadie cree, sin embargo, que se trate de un asunto terminado. Para empezar, el ‘affaire Ulises’, más allá de su significación particular, puso el foco sobre una supuesta falta de transparencia en el manejo de los recursos municipales, un asunto sensible para un proyecto político que tiene la mira puesta en el Centro Cívico y que, a diferencia de elecciones pasadas, ya no tendrá ni a Schiaretti ni a De la Sota en la boleta.

Las explicaciones de Siciliano ante el Legislativo Municipal constituyeron un primer abordaje del problema, pero en el Palacio 6 de Julio todos esperan el regreso del intendente para saber cómo se afrontarán los cuestionamientos que despertó el episodio y si, como muchos piensan, se pedirá a alguno de los funcionarios involucrados en la organización del evento que dé un paso al costado, como una forma de cauterizar la herida abierta.

Dentro del peronismo conviven posturas diversas en relación a la crisis. Hay quienes creen que el asunto saldrá más temprano que tarde de la agenda, y que pronto será olvidado. Otros, menos optimistas, entienden que aún no se ha podido dimensionar acabadamente el costo que el episodio acarreará a la gestión y, por añadidura, al intendente, y que salir del cruce no será tan sencillo si la oposición sabe conducirse lo suficientemente bien como para maximizar los costos para la gestión y convertir el ‘affaire Ulises’ en un arma a desenfundar durante la campaña.

Por todo ello, en el Palacio Municipal esperan en arribo del intendente de su viaje a Estados Unidos, para que sea él quien capitanee durante las turbulencias.

Ahora bien, la crisis que atraviesa la gestión municipal es, en realidad, solo una de las dificultades que enfrenta el llaryorismo. La otra está directamente vinculada al Centro Cívico, y es el pico de tensión al que ha llegado la guerra fría entre llaryoristas y schiarettistas, cristalizado esta semana en la renuncia del secretario de Gobierno de la Provincia, el llaryorista Federico García, señalado como uno de los principales organizadores de las Juntas Promotoras que es espacio del intendente viene lanzando a lo largo y a lo ancho del mapa provincial.

Casi en simultáneo con el cimbronazo que significó el ‘affaire Ulises’, las rispideces entre llaryorismo y schiarettismo se volvieron más serias. La causa, para sorpresa de nadie, fue la insistencia del primero en conseguir que las estructuras y los caciques territoriales del PJ se unan al clamor por “Llaryora Gobernador”, y la resistencia del segundo a consentirlo.

El schiarettismo entiende que la intención de llaryorismo de precipitar anticipadamente el respaldo de los intendentes y dirigentes territoriales desordena al partido y, por ende, altera los tiempos de la sucesión. En realidad, esos movimientos también ponen en discusión la hegemonía del gobernador sobre el control del PJ, algo que Schiaretti preferiría demorar. El control de cada resorte del oficialismo es un activo sumamente importante para el mandatario provincial, que hace ya tiempo ha confesado encontrarse trabajando para en la construcción de una alternativa que permita al país salir de lógica dicotómica que determina “la grieta”.

Pero así como el schiarettismo necesita mantenerse pletórico al frente del partido para poder construir su proyecto nacional, el llaryorismo necesita empezar a consolidar el respaldo de las estructuras partidarias, particularmente en el interior, donde los sondeos lo muestran más débil y los caciques territoriales del peronismo podrían empezar a potenciar su imagen incluso antes de que se dé una oficialización formal de su candidatura.

Al igual que la crisis que atraviesa la gestión, el camino a seguir para distender las tensiones que existen entre llaryoristas y schiarettistas es otra asignatura pendiente que el intendente deberá atender a su regreso.