Un futuro entre paréntesis

La enorme comunidad mundial de fans de BTS, la banda de Corea del Sur que dio brillo internacional al k-pop, se encuentra desolada ante la noticia de que sus ídolos van a tomarse una pausa para dedicarse a proyectos en solitario que varios entre sus siete integrantes ya habían iniciado.

J.C. Maraddón

Es mucho lo que ha cambiado en la industria musical en lo que va de este siglo, más que nada debido a los avances tecnológicos que desplazaron a los viejos soportes y pusieron a disposición de los usuarios sus canciones favoritas mediante las plataformas digitales. Otro elemento no menos importante son las redes sociales, que redujeron la distancia entre los artistas y el público, además de derrumbar el circuito de difusión que existía anteriormente, en el que resultaba muy difícil hacerse escuchar si no se contaba con una estructura empresarial por detrás y si no se aceptaban las reglas establecidas para el negocio.

Estas ventajas comparativas que las nuevas camadas de intérpretes han sabido aprovechar, se compensan con los también numerosos efectos negativos que hoy asedian a los músicos, como el mísero pago que les reportan las reproducciones de sus temas a través del streaming. Esa fuente de ingresos que antes representaba la publicación de discos, se ha visto acotada de modo drástico, lo que ha derivado en la proliferación de giras y presentaciones en vivo, como una de las pocas vetas que bandas y solistas conservan para obtener ingresos acordes a la fama que puedan haber alcanzado en su carrera.

Y la garantía de consagración que reportaban los medios tradicionales, ahora se cimienta en un conglomerado de canales virtuales que en algunos casos se manejan de forma independiente con respecto a la prensa, la radio y la televisión, que alguna vez fueron imprescindibles en esa función. El fenómeno de la viralización de contenidos, tan propio de estos tiempos, tiene además importancia como herramienta para instalar un hit, mecanismo que hasta no hace mucho tiempo atrás hubiese parecido fantasioso, pero que en la actualidad es utilizado de manera corriente por aquellos que desean acceder al mercado de los adolescentes.

Y otra de las novedades de las últimas décadas en el panorama musical es el de los reality shows de talentos como instancia de reconocimiento para las jóvenes promesas, que suelen aprovechar estos certámenes como plataforma de lanzamiento para su carrera, y se someten a sucesivos castings en los que se ponen a prueba sus capacidades. Aunque rechazada con vehemencia por la vieja guardia, esa vía para visibilizar valores emergentes ha rendido sus frutos y no son pocas las estrellas del pop moderno que admiten ese origen o que han atravesado un exigente entrenamiento, para recién después desplegar sus habilidades sobre un escenario.

Sin embargo, hay cosas que no se han modificado de forma tan radical y que persisten como un factor de desequilibrio en la evolución artística. Porque pese al apogeo de las boy bands y girl bands, sigue habiendo en las formaciones una fuerza centrífuga que empuja a sus integrantes a lucirse como solistas. Peor aun cuando todos los que forman el grupo son vocalistas, que deben resignar su lucimiento personal en virtud de las armonías que les exige el repertorio cantado en conjunto. Allí también presionan los productores, que aspiran a multiplicar la ganancia si representan a cada miembro por separado.

La enorme comunidad mundial de fans de BTS, la banda de Corea del Sur que dio brillo internacional al k-pop, se encuentra desolada ante la noticia de que sus ídolos van a tomarse una pausa para encarar sus acciones en solitario. Varios entre sus siete integrantes ya habían iniciado actividades por su cuenta, pero este anuncio dejar ver que las tensiones internas que afectan a estos emprendimientos colectivos siguen siendo un factor de peso que puede cortar de cuajo la continuidad de un proyecto. Y que pone entre paréntesis el futuro de una empresa que genera fortunas.