Milagro para Alberto

El presidente eligió suspender su agenda y visitar a Milagro Sala, dejando a la vista su incapacidad para priorizar el orden de temas de gestión.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Existe toda una amplia gama de problemas y juegos mentales en los que se pone a prueba nuestro juicio moral. Son todos al estilo, poniéndonos en una encrucijada con opciones que hacen ruido en nuestra escala de valores.

Cuando se debatía la legalización del aborto, por ejemplo, se recurría al dilema del tren descarriado: si se lo dejaba seguir su recorrido mataría a un niño; si se lo desviaba, a una bandeja con tubos llenos de embriones. A partir de allí se genera un conflicto cognitivo que ayuda a cuestionar las certezas.

Supongamos, entonces, que somos un presidente en funciones. Por un lado tenemos que elegir entre toda una amplia gama de problemas propios del cargo, pero especialmente del caso de un país en llamas: inflación, inseguridad, polarización política, dólar incontenible y conflictos que ponen en riesgo la soberanía territorial. Por el otro, visitar a una dirigente social condenada por múltiples delitos y en diferentes instancias.

Si elige la primera opción, casi seguro que su prioridad es gobernar el país en el que lo votaron. Si elige la segunda, casi seguro que ni siquiera puede gobernar el espacio por el que lo eligieron.

Ayer Alberto Fernández eligió la segunda opción y decidió suspender toda su agenda para ir a visitar a Milagro Sala, sobre la que parte de los integrantes de la coalición de gobierno viene sosteniendo que es una presa política, mientras que casi toda la oposición invierte los términos para decir que es una política presa.

Sala ha sido condenada a 13 años por el desvío de $60 millones de pesos, a la vez que se la sigue investigando por el desvío de $700 millones. Se la condenó también a tres años de prisión por agresiones y a cuatro por lesiones graves, siendo sobreseída de este último tras la apelación. También se la condenó a dos años por amenazas, siendo la condena ratificada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Esa lista es un repaso somero sobre su prontuario, en donde no queda mucho margen de dudas sobre el rol contrario a las normas que desempeñó durante tantos años. Es insostenible la premisa de que la señora es una pobre víctima del sistema, aunque sí es cierto que ha corrido una suerte muy distinta a la de la jefa política del kirchnerismo, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La visita presidencial es un intento más por mantener en el mismo barco a la tropa más ideologizada y más crítica de su gestión, la que descree de sus dotes de Capitán Beto, de líder capaz de sacarnos de la crisis en la que estamos. Es que buena parte del recorrido que nos puso en la misma obedece a las dificultades de juicio que ha exhibido cada vez que se le presentó alguna disyuntiva como la que abrió esta reflexión.

En el último día del mes nos va a servir un repaso por todo lo que ocurrió a lo largo del mismo, a los fines de ver la derrota política de un presidente incapaz de entender en dónde está parado para priorizar su agenda política y cuáles son los temas que le urgen a la gente que habita en el país que existe más allá de lo que se puede ver desde lo alto de la torre de Puerto Madero en la que se cocinó su presidencia.

Arrancó el mes queriendo armar una contracumbre de las Américas en Estados Unidos, pero se le bajaron los socios. Pidió por la inclusión de Venezuela, Cuba y Nicaragua, las dictaduras de la región.

Trató de rearmar la Liga de los Gobernadores para impulsar la Corte Suprema de 25 miembros. Todavía no logró nada, ni siquiera juntarlos a todos.

Renunció el ministro Kulfas, de su rinón, apurado por una blitzkrieg cristinista que lo fulminó en apenas unas horas, tras conocerse una denuncia de corrupción en off que luego no se animó a repetir en la justicia.

Llegó el avión venezolano-iraní y se armó un despelote de acusaciones por los supuestos vínculos con el terrorismo. Medio gobierno adora a la dictadura teocrática persa, así que aseguraron que eran todos instructores de vuelo y hoy ya no se habla del tema.

A mitad de mes dijeron que no iba a haber un nuevo cepo, pero diez días después anuncaron nuevas medidas para endurecer el cepo. Hay que ser justos: no es un cepo nuevo, sino que actualizaron el viejo. Eso hizo disparar el dólar blue y el riesgo país.

Falta gasoil cuando todavía hay que levantar parte de lo que se sembró tardío en verano. El que pensó que sembrando tras la sequía quizás salvaba algo de lo invertido corre el riesgo de ver cómo se le pudre el grano en la planta. Eso, además, con una inflación del 5% que se va a ver agravada por el encarecimiento de los fletes.

Salieron los resultados de las pruebas Aprender 2021. Todo salió pésimo. Quizás tener cerradas las escuelas no fue una buena decisión. El exministro Trotta responsabilizó a Fernández y dijo que el Frente de Todos no es una herramienta de cambio.

Explotó la interna contra el Movimiento Evita por ver quién maneja los planes sociales, que algunos le quieren dar a los intendentes y otros pretenden convertir en un salario universal. Quedan apenas unas chirolas en la caja y en lugar de compartirlas sacan los facones para ver quién se las queda.

Dio vergüenza ajena en la reunión del G7, dejando trascender que le había metido el pecho a Boris Johnson por Malvinas, a lo que los ingleses respondieron con indiferencia.

Finalmente, la CGT le canceló el acto por el aniversario de la muerte de Perón tras una reunión entre Daer y Cristina Kirchner.

Todo eso fue lo que pasó en apenas un mes, sin contar los hechos de inseguridad -como la muerte del camionero que trató de pasar por un piquete o la pérdida real de soberanía en manos de falsos mapuches en la Patagonia- o los eventos no políticos.

En ese contexto Fernández decidió suspender su agenda para ir a visitar a Milagro Sala, que no le suma ningún voto que ya no tenga, que está lejos de ser una prioridad y que no le resuelve en nada la disputa interna. Si en este caos elige visitar a Sala, solo un milagro lo va a salvar de la debacle que viene por delante.