Luz y Fuerza, el conflicto que no es

La maltrecha conducción del sindicato de Luz y Fuerza Córdoba intenta, infructuosamente, instalar un conflicto, mientras las bases y las distintas facciones de la oposición le reprochan lo perdido desde 2018 y achican posiciones de cara a las elecciones del año próximo.

Por Felipe Osman

La alicaída conducción de Luz y Fuerza de Córdoba, que atravesó entre 2018 y 2019 un conflicto que tuvo por saldó un franco retroceso frente al directorio de Epec, y que entre 2020 y 2021 no retomó la iniciativa (cuesta saber si a ese respecto la pandemia fue una causa o una excusa), intenta desde hace algunos meses reinstalar el conflicto en la agenda, con la mirada fija en el 2023, año en el cual los trabajadores de la empresa estatal irán a las urnas para definir si mantienen o cambian a sus representantes gremiales.

En realidad, el intento de la conducción de volver a las calles tiene más de una explicación. La primera es, desde luego, mostrarse beligerante ante las bases y conseguir algún triunfo que los ponga en carrera para retener el sindicato en las próximas elecciones. Otra, desde luego, es la presión de las propias bases, que ven como Rubén Daniele logró encolumnar detrás de sí a los municipales y consiguió, gracias a ello, mejorar los términos de la última negociación salarial del Suoem.

Es que Luz y Fuerza, que históricamente fue uno de los sindicatos más fuertes de la provincia, sino el que más, busca verse en el espejo del Suoem, y no lo logra, a pesar de que, debe decirse, el sindicato municipal está también lejos de atravesar su mejor momento.

Aun así, el de Luz y Fuerza Córdoba es un escenario bien distinto. Sus afiliados ven el enorme retroceso que han sufrido durante los últimos años y más temprano que tarde entienden haberse convertido en la variable de ajuste de una conducción asediada por causas judiciales que apuntan a sus líderes. 

Para peor de males, las dos listas opositoras, que de haberse unido en 2019 hubieran desplazado a la actual conducción (que entonces cosechó el 43 por ciento de los votos), ahora ya no se sienten tan lejanas. Quienes observan de cerca ese escenario se convencen, “si en 2019 no las unió el amor, en 2023 las va a unir el espanto”.

Por si esto no fuera suficiente, el sindicato cordobés de Luz y Fuerza sigue alejado de los sindicatos de Luz y Fuerza Río Cuarto y Regional de Villa María, que frente a la denuncia parcial del convenio colectivo realizada por Epec en 2018 eligieron negociar, y consiguieron a través del diálogo una situación ampliamente más favorable para sus afiliados.

Así, Luz y Fuerza Córdoba no sólo está aislada dentro del escenario gremial de la provincia, sino que tampoco ha sabido sanar la fractura de su frente gremial después de más de tres años.

En este marco, el intento de reactivar la protesta por parte del sindicato debe entenderse más como el efecto de acumulación de las mercedes perdidas durante los últimos años que como una reacción frente a los últimos avances de la empresa sobre el sindicato, a saber, la tercerización del Área de Ilícitos, repartición dedicada a detectar y desactivar conexiones clandestinas.

Sin embargo, esta última derrota tiene un significado simbólico especial: en ella trabaja buena parte de la comisión directiva del sindicato, entre ellos, Jorge Molina Herrera, el adjunto de Gabriel Suárez. Lo que en la jerga futbolera se llama perder de local.

(Un dato, según apuntan desde Epec, desde que se tercerizaron esas funciones, los controles se han multiplicado y los costos han disminuido).

Otro de los puntos sensibles es, desde luego, la denuncia del artículo del Convenio Colectivo que disponía que una bolsa de trabajo del sindicato elegiría el 50 por ciento de los empleados que completaran las vacantes generadas en la empresa estatal. Desde 2018 los cargos en Epec se concursan, a contramano de lo que dispone el convenio colectivo, pero conforme a lo que determina la Constitución Provincial en cuanto al acceso a los cargos públicos.

En suma, mirando las elecciones del año próximo la conducción de Luz y Fuerza busca reactivar el conflicto, o intenta aparentar hacerlo, aunque, cuestionado por las bases y la oposición, no cuenta para ello con demasiados respaldos.