Llaryora redobla la apuesta en el interior

La interna con el schiarettismo que derivó en la renuncia del ex secretario de Gobierno provincial, no cambiará los planes previstos para el interior. Las dos estrategias en las que trabaja el intendente.

Por Yanina Soria

El intendente Martín Llaryora cumple por estas horas una misión oficial en Estados Unidos, aunque su cabeza sigue, necesariamente, en la ciudad de Córdoba. Desde que se desató la polémica en la Municipalidad producto del fallido recital de Ulises Bueno y los 43 millones de pesos, el alcalde gestiona personalmente la crisis desde el exterior. 

Ese frente abierto de manera inesperada en la gestión municipal tuvo implicancias: no sólo en la oposición que encontró de dónde morder para herir políticamente al futuro candidato provincial de Hacemos por Córdoba, sino también a nivel interno en el peronismo. 

Pues el schiarettismo duro está pasando factura y el llaryorismo sufrió esta semana la primera consecuencia: tal como anticipó Alfil, uno de los suyos, el ahora ex secretario de Gobierno provincial, Federico García, renunció a su cargo. Fue luego de que se le endilgara ser uno de los armadores de las juntas promotoras “Llaryora gobernador” en el interior, una práctica que desaprueban desde hace meses los dirigentes históricos del PJ y ahora también, de manera explícita, el propio gobernador Juan Schiaretti. 

Por eso, el titular del Palacio 6 de Julio trabaja, en simultáneo, en dos estrategias: la primera, abocada a sofocar el incendio más urgente. Prepara para su regreso (lunes o martes de la semana que viene) una conferencia de prensa en la que buscará ponerle punto final a la polémica por lo del “recital-cumpleaños”. Desde su entorno aseguran que exhibirá “papeles” con los que buscará revertir las sospechas levantadas y aclarar lo sucedido. Pero, además, anticipan posibles cambios en las segundas líneas de las áreas municipales involucradas mientras que, quedará ratificado (aunque manteniendo bajo perfil por ahora) el secretario de Gobierno, Miguel Siciliano. 

Por lo pronto, la orden que se escuchó desde Estados Unidos es que nadie más del oficialismo se refiere al tema. Lo manejará el propio intendente a su regreso. 

En cuánto a lo político, lo sucedido en las últimas horas no cambiarán los planes previstos para el interior. La estrategia de instalación del intendente en los departamentos con vistas al 2023, sigue en pie, según señalaron desde su entorno. 

Mientras un sector del schiarettismo considera apresurado ese posicionamiento que, además, llegado el momento pretenden vertebrar desde el partido, para los llaryoristas es necesario trabajar desde ahora. 

Por eso, no sólo no se levantarán los actos ya previstos para los próximos días (en Sinsacate, Bell Ville, Sobremonte, Deán Funes, Cruz del Eje, Huerta Grande) sino que, con su salida de la estructura de gobierno, García se abocará al armado en el interior. Una misión que cumplirá junto al diputado e intendente de San Francisco en uso de licencia, Ignacio García Aresca, con quien ya viene moviéndose en tándem. 

En tanto, el actual secretario de Coordinación Territorial del ministerio que conduce Facundo Torres, Lito Bebvilaqcua será quien asumirá también las responsabilidades de la secretaría de Gobierno provincial. 

 

La interna 

Aunque desde el Panal busquen bajarle la connotación política a la renuncia del exintendente de Laguna Larga, la realidad es que esa foto es muy sintomática de lo que se está viviendo en el peronismo. 

El PJ suele ser mucho menos escandaloso que, por ejemplo, los radicales para ventilar sus internas en público; sin embargo, las tensiones entre schiarettistas y llaryoristas son cada vez más indisimulables. 

La pelea de fondo claramente no tiene que ver ni con objetar las condiciones de Llaryora como candidato y ni siquiera con los plazos para lanzar su nombre, en definitiva, cuando quede oficializado todos se encolumnarán detrás y el asunto estará acabado. 

En verdad, el problema radica en otro lado. En la necesidad del gobernador Schiaretti de estirar su liderazgo como único conductor y ordenador del justicialismo cordobés lo más que se pueda para evitar un desbande interno y garantizar que la transición sea ordenada. 

Con su tiempo cumplido como mandatario, también se cerrará una etapa en el PJ donde no habrá jubilaciones porque Llaryora no está en condiciones de prescindir de nadie, pero sí se abrirá un nuevo juego de poderes internos con ascensos y descensos en ese tablero. El recambio es tan inevitable como las tensiones internas que ya se vibran. 

En su momento, las hubo entre delasotistas y schiarettistas. Allí, la historia demostró que la soga se tensó, pero nunca se cortó. El gobernador buscará garantizar que así sea también está vez. El ´23 no será un trámite para el peronismo cordobés, y todos los tienen en claro.